El minotauro anda suelto

Que alguien intente ayudar a los otros sin buscar a cambio beneficio económico alguno puede resultar actualmente un hecho extravagante, extraño, excepcional; que una persona crea y luche por el principio de la igualdad puede ser considerado naif, pueril, absurdo, tonto; que un hombre o una mujer proteja, ayude y acoja a extranjeros sin papeles puede ser y de hecho es un gesto castigado en Europa con multas de hasta 10.000 euros e incluso con penas de cárcel.

Quienes socorran e intenten salvar la vida de naúfragos inmigrantes en el mar se pueden enfrentar a años de prisión o al secuestro de su propio barco. Cuesta menos pasar de largo, ser indiferente. Vivimos en una época en la que la hospitalidad, en determinados ámbitos, es criminalizada, cuando lo realmente criminal debería ser la indiferencia.

Decía John Berger que aceptar la desigualdad como natural es convertirse en un ser fragmentado, es no concebirse a uno mismo más que como la suma de un conjunto de conocimientos y necesidades.

Sin embargo, el funcionamiento de nuestros países se asienta sobre la asunción de la desigualdad: explotamos materias primas de terceros, aupamos o derrocamos gobiernos de otros en función de nuestros propios intereses, elevamos muros para impedir el paso de inmigrantes y de aquellos productos que hacen competencia a los nuestros, mientras permitimos la libre circulación de mercancías, dinero, armas, divisas, turistas.

Al hilo de esto, recomiendo una lectura: Mamadú va a morir, un ensayo sobre la inmigración en el Mediterráneo, escrito por el periodista italiano Gabriele del Grande y publicado en España por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. En su brillante prólogo el filósofo y escritor Santiago Alba Rico señala que en este mundo actual solo se puede viajar en dos direcciones: o contra los otros o hacia los otros. Reproduzco algunos párrafos:

Por muy variada que nos parezca la oferta de las agencias de viaje y por muy abigarrados y coloridos que se nos ofrezcan los mapas, en este mundo solo se puede viajar en dos direcciones: o contra los otros o hacia ellos. Contra los otros, el así llamado Occidente no deja de organizar expediciones militares y cruceros de lujo, viajes de negocio y rallys espectaculares, operaciones de bolsa y visitas a las Pirámides. El viaje hacia los otros, por el contrario, es sistemáticamente impedido, desacreditado o despreciado.

Bajo el capitalismo globalizador, incompatible con plazas abiertas, asambleas y ágoras, solo hay dos “lugares” antropológicos de inscripción individual: el “pasillo”, utopía ultraliberal de la circulación sin obstáculos, y el “muro”, que revela su fracaso. En el Pasillo giran sin cesar las mercancías, las armas, la información, el dinero, los turistas. En el Muro se quedan enganchados una y otra vez los pobres, los “terroristas”, los inmigrantes. (…)

Contra los otros, vamos blandamente y reclamando gratitud y recibiendo aplausos; hacia los otros se va a trompicones y pidiendo disculpas y recibiendo azotes.

El turista entra en África como los acuerdos comerciales y las directivas europeas, desde el aire y desde lo alto, en avión o crucero de lujo, y se comporta -y es tratado- como si procediese de su alma el valor de sus divisas.

Al inmigrante se le obliga a entrar en Europa a ras de tierra y por agujeros, como las ratas y los insectos, y tiene que hacerse perdonar, con sumisión y bajos salarios, su irreductible condición animal ( y la necesidad que tienen de él).

Bajo el capitalismo globalizador solo hay ya dos posibles desplazamientos en el espacio, en direcciones opuestas y paralelas: el turismo y la emigración. (…)

Los turistas viajan encerrados en confortables lager, clientes de su propia prisión; los inmigrantes, hasta que se les encierra por existir, son libres. (…)

Los turistas visitan; los inmigrantes viajan. Los turistas están siempre llegando a sí mismos; los inmigrantes progresan y arriesgan. (…)

Los turistas, porque tienen papeles, no son “personas”, sino puras personificaciones de un Estado soberano que avala su pasaporte y su moneda; los inmigrantes sin papeles (porque se han desecho de los de origen y no han recibido otros en destino), abandonados por sus Estados infra soberanos, cuerpos completamente a la intemperie, son individuos puros. Los turistas son abstracciones colectivas; los inmigrantes, concreciones individuales.

Los turistas, por eso mismo, son locales, nacionales, para-humanos; los inmigrantes son el hombre desnudo y total. La condición universal que Marx atribuía al proletariado, la encarnan hoy, y por las mismas razones, los inmigrantes.(…)

Que los inmigrantes sean emprendedores, obstinados, aventureros, que sientan nostalgia y tengan raíces garantiza la “selección natural” de nuestra mano de obra semiesclava, asegura en los países de origen la reproducción de un ejército inmigrante de reserva mantenido por las remesas del exterior (sin gastos sociales para los Estados africanos dependientes y corruptos) y conjura el peligro de revoluciones y cambio políticos “desestabilizadores” en el Tercer Mundo. (…)

El resultado es éste: en una dirección hay 160 millones de inmigrantes en todo el mundo que han dejado sus países para levantar casas, recoger cosechas y cuidar ancianos, y nosotros los recibimos a palos. En dirección contraria hay 600 millones de turistas -casi siempre los mismos- que todos los años van a fotografiar fotografías, reforzar dependencias neocoloniales y desbaratar recursos económicos y culturales y exigen y obtienen a cambio reconocimiento y protección. (…)

Viajar hacia los otros o contra ellos es una decisión de la que no dependen solo la vida de miles de africanos, asiáticos y latinoamericanos: de ella depende también nuestra propia dignidad de humanos civilizados; es decir, la supervivencia misma del planeta: de sus rosas, sus pájaros, sus leyes y sus hombres.”

Una lectura muy recomendable.


Egipto es una dictadura que no permite el derecho a la huelga ni deja espacio a la libertad de expresión. El actual presidente Hosni Mubarak mantiene la ley de emergencia decretada en 1981 a raíz del asesinato del presidente Anuar el Sadat por parte de un integrante de la Yihad Islámica (Sadat se ganó la enemistad de algunos sectores de la población al firmar la paz con Israel).

Desde entonces ese estado de emergencia continúa vigente: a través de ello el octogenario Hosni Mubarak reprime a todos aquellos que manifiestan su disconformidad con las políticas gubernamentales, a los que denuncian la corrupción, el hambre, la pobreza, la falta de libertad o a los que critican que Mubarak desee traspasar el poder a su hijo Gamal, como si se tratara de un sistema hereditario no monárquico al estilo de Siria, donde a la muerte del presidente Hafez al Assad heredó el poder su hijo Bashar al Assad, y para ello se modificó la Constitución, que impedía ser presidente a alguien menor de cuarenta años.

He contado en el libro “El hombre mojado no teme la lluvia” la historia de Kareem El Behirey, al que conocí en El Cairo en el año 2008, en vísperas de una huelga organizada por los trabajadores de la fábrica estatal de Mahalla.

Kareem el Behirey, obrero, sindicalista y bloguero egipcio, en El Cairo, 2008. (O.R)

Kareem, como tantos otros jóvenes egipcios, trata de esquivar la censura a través de Internet: tiene un blog, donde escribe noticias que no aparecen en los medios oficiales y donde denuncia casos de represión policial, de corrupción política, así como la existencia de movimientos sociales contrarios a la dictadura egipcia.

Poco después de conocerle y entrevistarle, Kareem fue arrestado por dar cobertura en su blog a la huelga de Mahalla. Lo último que escribió antes de desaparecer durante semanas fue:

Ahora son las siete de la manana y voy a irme a Mahalla a cubrir la huelga de la fábrica. Rezad por mí y espero que entre todos podamos mostrar los fallos del régimen. Firmado: Kareem el-Behirey, por un país libre, el de los egipcios revolucionarios.”

Kareem fue una de las cientos de personas arrestadas ese día, 6 de abril de 2008. Las Fuerzas Armadas reprimieron a los huelguistas usando rifles de asalto, gases lacrimógenos y pelotas de goma. Murieron un niño de nueve años y un joven de veinte. Otras noventa personas resultaron heridas.

Las autoridades acusaron a Kareem de haber incitado a la huelga a través de su blog. Le trasladaron a una cárcel, donde recibió golpes, maltratos, descargas eléctricas. Pasó 73 días en cautiverio. Desde que salió en libertad, y a pesar del castigo al que se expone, no ha abandonado su blog.

Hace un par de semanas un blogger como Kareem murió presuntamente a causa de la brutalidad policial. Se llamaba Khaled Said, tenía 28 años y pretendía difundir por internet un vídeo -pinchad aquí- que  presuntamente muestra cómo algunos oficiales de policía se reparten un alijo de droga incautada.

La policía propinó a Khaled una brutal paliza en un cibercafé, después lo sacó a la calle y siguió golpeándole hasta la muerte, según varios testigos. La versión oficial es que el chaval falleció asfixiado tras tomar drogas, pero lo cierto es que tanto el dueño del cibercafé como otros testigos han señalado a los agentes como responsables directos de la muerte del joven.

No solo eso: hay una fotografía, realizada en la morgue, que muestra a Khaled ya muerto, con claras señales de golpes en el rostro y con la mandíbula rota.

Protesta en Alejandría contra la represión policial en la que se muestra la foto del cadáver de Khaled Said (AP)

Tras conocerse la noticia, y a pesar de la ley de emergencia, ha estallado una oleada de protestas que han culminado con una manifestación en la que se congregaron unas cinco mil personas y en la que participó el egipcio Mohamed El Baradei, ex presidente del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Pero como la dictadura de Egipto es nuestra gran aliada, no ha habido condena por parte de los gobiernos occidentales. Nunca la hay. Como tampoco la hay hacia la dictadura fundamentalista de Arabia Saudí, nuestro otro gran aliado.

Occidente magnifica ciertos aspectos de sus enemigos para crear una imagen maléfica en torno a ellos; lo curioso es que sus grandes aliados apenas tienen rival en lo que a fundamentalismo, corrupción y represión se refiere. Pero como dijo Kissinger, esos no cuentan, porque son nuestros hijos de puta. *

Y de ese modo, quienes se sacrifican por la libertad en Egipto son, como mucho, un “breve” en algún que otro periódico occidental.

*Se atribuye al ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger esta frase, refiriéndose al dictador nicaragünse Anastasio Somoza: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” .


Entrevista a Malalai Joya
Ex diputada afgana

Malalai Joya en Madrid el pasado jueves

Cuando en 1880 el Imperio británico quiso conquistar el dominio del territorio afgano, estalló la segunda guerra británico-afgana y surgió una resistencia armada local dispuesta a impedir el avance de los colonizadores. Uno de los batallones afganos estuvo acompañado por una joven que sustituyó al portador de la bandera fallecido en un ataque y arengó a los hombres para que regresaran a la primera línea del frente. Destruyeron una brigada británica completa. Aquella mujer se llamaba Malalai y apenas hay nadie en Afganistán que no conozca su historia.

Un siglo más tarde nació en la aldea afgana de Ziken una niña a la que llamaron Malalai en memoria de aquella joven. Quizá debido al peso de su nombre, quizá a la educación libre que recibió, lo cierto es que se convertiría muy pronto en un símbolo de resistencia contra los nuevos ocupantes y sus aliados afganos: los señores de la guerra. Malalai Joya tiene ahora 32 años y toda una historia a sus espaldas.

La conocí en Afganistán hace unos años. Los trabajadores de organismos internacionales, la prensa local y extranjera, los guías que trabajaban con la prensa, todos hablaban de ella. “Es una chica valiente y astuta que se está jugando la vida y eso no merece la pena”, oí comentar a una trabajadora de Naciones Unidas. “Es una loca mentirosa que debería casarse y quedarse en su casa”, escuché decir a varios afganos.

Ya por aquél entonces Malalai despertaba controversia en una sociedad dominada por poderes corruptos y primitivos. Había sido objetivo de varios atentados, estaba en el punto de mira de fundamentalistas y de señores de la guerra que no soportaban las verdades que ella aireaba.

En 2005 logró un escaño como diputada. Recuerdo uno de sus discursos en el Parlamento. Era la más joven de la sala. Acusó al gobierno de corrupto y a algunos de sus integrantes de tener las manos manchadas de sangre. Cargó las tintas contra la presencia de las tropas de la OTAN en el país y exigió un cambio radical en las políticas afganas con el fin de lograr una verdadera democracia.

Algunos diputados se retorcían de rabia en sus escaños. También era notable el rechazo de buena parte de las diputadas, pertenecientes a grupos fundamentalistas o cómplices de los señores de la guerra y dispuestas a renunciar a la defensa de los derechos de su género con tal de mantenerse en sus puestos y de ser aceptadas en una atmósfera de notable hostilidad.

Malalai fue adquiriendo protagonismo internacional y sus enemigos no pudieron soportarlo: Dos años después de haber obtenido su escaño, fue expulsada del Parlamento. Recibió el apoyo de personalidades de ámbito internacional como Noam Chomsky o Naomi Klein. Antes, tras uno de sus discursos, varios congresistas arrojaron contra ella botellas de agua en pleno hemiciclo.

“Hasta que no haya una verdadera democracia en Afganistán sé que no podré recuperar mi escaño”, confiesa.

Ahora viaja por todo el mundo denunciando la farsa construida en torno a la presunta democracia y libertad afganas; ofrece charlas en los cinco continentes exigiendo la retirada de las tropas extranjeras, la convocatoria de elecciones limpias y democráticas y el juicio en un tribunal internacional a tantos criminales de guerra que aún hoy ocupan puestos clave del ejecutivo afgano.

No se acobarda a pesar de las amenazas de muerte que recibe. Tuvo que casarse en secreto. Oculta la identidad de su marido, de sus padres, de sus amigos, para protegerles de posibles ataques. En Afganistán tapa su rostro bajo un burka; nunca duerme en la misma casa y viaja rodeada de un gran grupo de escoltas de su máxima confianza. Solo así ha podido esquivar hasta ahora varios intentos de asesinato.

Malalai Joya en la presentación de su libro en Madrid

Converso con ella en Madrid, donde ha recibido un premio entregado por una revista de ámbito nacional.

“Estoy agradecida por el premio pero desconcertada porque eligieron a Esperanza Aguirre para entregármelo. Yo no sabía quién era esa señora. En la ceremonia dio un discurso en el que elogió las políticas de Estados Unidos en el mundo, defendió una postura completamente opuesta a la mía. Y tras ello me entregó el premio. Nunca me había pasado algo tan surrealista”.

Malalai acaba de publicar en España el libro “Una mujer contra los señores de la guerra” (Editorial Kailas), en el que narra su historia y la de su país y en el que ruega a la población civil de Occidente que actúe contra la política de aquellos gobiernos que sostienen a los criminales de guerra afganos. Es un texto sencillo y apasionante traducido ya en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos.

“TRAED LIBROS EN VEZ DE ARMAS”

“Lo escribí para denunciar que la democracia no se exporta con las armas; ¿Estados Unidos va a traer democracia con las bombas racimo, con el fósforo blanco, o con los bombardeos que matan a inocentes? No lo creo. Ninguna nación puede liberar a otra de ese modo”.

“En Afganistán las tropas de la OTAN han matado y matan a muchos civiles y esto ha creado una gran oposición a su presencia en el país; la reconstrucción apenas existe, la mitad del dinero se ha esfumado a causa de la corrupción, apenas se ha invertido nada en educación, y mi país lo que necesita es educación. Yo le digo a Occidente: ¿Realmente queréis ayudarnos? Traed libros y no ejércitos”.

Escuela de niñas en Kabul, 2004. El 60% de las niñas afganas de entre 7 y 13 años no están escolarizadas (O.R.)

-¿Volverás a la política en tu país?

De momento Afganistán está secuestrado por los señores de la guerra y los talibanes. El gobierno afgano se ríe de la democracia y de la paz. Los ocupantes tejen alianzas con los talibanes, con gente como el mulá Omar o Hekmatyar, están financiando a algunos talibanes. Las tropas extranjeras no derrotan a los criminales porque los necesitan para mantener su estrategia geopolítica y económica en la zona. Mientras esta situación siga así, yo no tendré oportunidad de recuperar el escaño que me robaron. Pero no me rindo.

-Entonces, ¿Cuál es tu estrategia por el momento?

Recopilo documentos que prueban crímenes de guerra y lanzo mensajes en los que pido a la gente que apoye a los míos, a mi gente, a los que no son ni fundamentalistas ni criminales de guerra. Mi gente es democrática, son personas que asumen grandes riesgos y que trabajan por la verdad en todo el país.

-Dime un nombre.

No quiero decir muchos porque solo con nombrarles puedo exponerles a la muerte. Pero te diré uno: Ramazan Bashardost, es un político honrado, un hombre que lucha por la verdad y la democracia. Fue ministro con Karzai pero dimitió indignado ante la corrupción.

-¿Ha mejorado algo tu pais en estos últimos años?

No, no hay cambios en Afganistán. Estamos igual que cuando gobernaban los talibanes. Las mujeres son víctimas de abusos, no tienen libertad, la corrupción campa a sus anchas. Pusieron la excusa de la liberación de las mujeres para ocupar mi país, pero las mujeres no les importan. Esto no lo digo yo sola, lo dicen organizaciones como Rawa (Asociación de Mujeres Afganas Revolucionarias) y lo reconocen muchos observadores internacionales. Tenemos un gobierno con cinco ministros criminales talibanes.

Viudas de guerra mendigan a la puerta de una mezquita en Afganistán (O.R.)

-¿Cuál es tu opinión del presidente, Hamid Karzai?

El presidente sabe todo esto, pero mira hacia otro lado. Me reuní con él en una ocasión. me dijo: “Malalai, tienes que olvidar el pasado, tienes que aprender a perdonar y mirar al futuro”. Y yo le dije: “Si hubieran violado a tu hija y asesinado a tu madre, ¿olvidarías? ¿perdonarías? ¿y si aquellos que lo hicieron ocuparan ahora altos cargos en el poder?”. Algunos señores de la guerra aliados de Occidente son peores que los talibanes: han asesinado, han sembrado el terror, y tratan igual a las mujeres.
Además, en este país nadie ha pedido perdón. “Hay cosas inolvidables e imperdonables”, le dije. Se sintió incómodo, nunca más me volvió a recibir. No se puede despreciar la Justicia de este modo. No se puede transmitir este mensaje de impunidad a la sociedad, porque si no, todo se corrompe. La impunidad del pasado sienta las bases para la impunidad presente y futura.

-¿No te arrepientes de haberte expuesto hasta tal punto que tienes que vivir escondida permanentemente?

No. Mantengo la esperanza, que me la da la gente afgana con la que hablo, los que me apoyan. Hay un refrán en mi país que dice que la verdad es como el sol, siempre termina por aparecer. Confío en que los afganos se levanten y exijan libertad, democracia, justicia.

-¿Qué opinas de la administración Obama?

Una de las primeras decisiones de Obama fue lanzar un ataque contra Pakistán en el que murieron civiles. ¿Qué derecho tiene a bombardear otro país? Eso es contrario al derecho internacional. Ahora está exportando la guerra del terror a Yemen y otros territorios. Es un presidente que generó una gran esperanza entre los estadounidenses. Debería entender que su camino podría haber sido otro, el de la honestidad. Debería retirarse de Afganistán, pero sin embargo lanza ataques con aviones no tripulados, negocia con los talibanes, legitima a criminales. Al menos Bush tenía al mulá Omar y a Hekmatyar en la lista negra. Obama los ha colocado en la lista blanca y envía más tropas. Es lamentable.

Soldados de EEUU en Afganistán (AP/David Guttenfelder)

-Sabes que España también tiene tropas en tu país….

España debería actuar de manera independiente si desea ser honesta. Debe desligarse de las políticas estadounidenses y retirarse de mi país. ¿Por qué se calla España? La política estadounidense invade de manera ilegal y mata de manera ilegal. ¿Es esa política la que quiere realmente apoyar el presidente español? Yo le digo a Zapatero que tenga el valor de otros presidentes que no apoyan la política exterior estadounidense, una política que ha apoyado a lo largo de décadas a dictadores y corruptos.

-¿De qué otros presidente hablas?

Del presidente Evo Morales, por ejemplo, que es honesto con su pueblo y no se somete a Estados Unidos; en América Latina hay movimientos políticos muy interesantes que demuestran que es viable desvincularse de Washington.

-En tu libro dedicas un capítulo a proponer diferentes acciones de protesta lideradas por la sociedad civil.

Sí, la única esperanza es la sociedad civil. Solo los estadounidenses o los europeos pueden exigir a sus gobiernos que retiren sus tropas de Afganistán, que pidan disculpas por las matanzas de civiles, por las tropelías, por apoyar a criminales, por sembrar caos. En Estados Unidos son admirables los objetores que renuncian al Ejército exponiéndose a penas de cárcel.

-Recientemente se ha conocido el hallazgo en Afganistán de importantes reservas de litio, un mineral muy apreciado en el mercado internacional. ¿Crees que esto afectará de algún modo a la economía afgana?

Afganistán tiene muchas riquezas naturales pero un gobierno y un sistema corruptos. Hay numerosos negocios sucios en los que también están involucradas empresas extranjeras, apoyadas por ciertos gobiernos. Por eso la gente normal no se ve beneficiada; la riqueza en mi país nunca llega a los pobres, que son la inmensa mayoría.

“QUIERO ESCUCHAR TU VOZ”

Cuando Malalai era una niña, su abuela dijo que sería muy feliz si ella visitara su tumba, derramara un poco de agua sobre ella y gritara tres veces.

Esta petición es la que la propia Malalai presenta a sus lectores en las últimas líneas de su libro: “Albergo muchas esperanzas y muchos sueños tanto para mi pais como para mi vida. Quiero permanencer junto a mi pueblo para siempre, quiero vivir para verlos libres. Sin embargo, si muero, y eliges continuar mi camino, seré muy feliz si visitas mi tumba. Derrama un poco de agua sobre ella y grita tres veces. Quiero escuchar tu voz”.

Puede que Malalai no disponga de estrategias viables a corto plazo; puede que tan solo pueda ofrecer palabras e intenciones honestas. Pero lo cierto es que eso, tratándose de Afganistán, es una rareza digna de ser cuidada. Es más de lo que pueden ofrecer la mayor parte de los gobernantes afganos.


Decenas de personas alzaron sus libros…

 

Fue un domingo soleado. En el Ayuntamiento de la ciudad se daba el último adiós a un escritor portugués, Premio Nobel de Literatura. Miles de personas desfilaron ante la capilla ardiente. A las once entró la violonchelista, vestida de rojo. “Rojo, como era él”, contó la viuda que había dicho la intérprete. Sonó Bach.

En la calle la multitud aplaudía y sollozaba. Una mujer alzó un libro del escritor fallecido. Fue un gesto espontáneo. Al instante, otros le imitaron y así brotaron en lo alto decenas de títulos del difunto acompañados de claveles rojos.

Un hombre de aspecto humilde elevó un ejemplar de tapas amarillas; una ráfaga de viento aireó sus páginas y dejó al descubierto huellas de una conversación imaginaria entre lector y autor a través de apuntes en los márgenes, líneas subrayadas, hojas desgastadas. Cuando los organizadores del funeral se llevaron el féretro al cementerio, libros y flores se agitaron en lo alto al compás de una tristeza colectiva. Los allí presentes lo vivieron con mucha emoción.

Llegó el lunes. Los lectores estuvieron todo el día apagados, cabizbajos. Pero hubo una mujer, quizá llamada Pilar, que salió a la calle con un clavel rojo porque sentía necesidad de seguir rindiendo homenaje al escritor. Al doblar una esquina se cruzó con un chico que, al verla con la flor, sacó un ensayo sobre la lucidez.

No se conocen aún los pormenores del contagio, pero lo cierto es que dos horas más tarde miles de personas mostraban claveles y libros del escritor portugués en sus trayectos de casa al trabajo o del trabajo a casa, en el metro, en las cafeterías o terrazas. Al reconocerse, los porteadores se sonreían y proseguían su camino. Algunos incluso se detenían a conversar unos segundos:

Qué bien que compartamos nuestra pasión por estas novelas“, decían unos;  ”qué pena que el autor nos haya dejado“, comentaban otros.

El fenómeno se extendió por los cinco continentes. Un periodista preguntó a una persona cualquiera con un libro alzado qué clase de contraseña era aquella, y esa persona contestó que se trataba de un modo de recordar al escritor y de compartir con él su indignación ante la ceguera, la desigualdad, la injusticia y el incumplimiento de los derechos humanos. “Soy una ciudadana responsable y como tal me indigno ante el mundo actual”, señaló.

Un periódico tituló al día siguiente “Libros y claveles alzados incitan a la rebelión” y para sorpresa de muchos, el manto de flores y libros creció aún más, inundó pueblos, urbes, montañas, valles y playas.

Las fotos efectuadas por los astronautas de la nave Spring detectaron un incremento de tonos rojizos en la mayor parte del globo terráqueo y llamaron a la Casa Blanca para alertar.

A la vista de los acontecimientos, el propio presidente del gobierno decidió colocarse un clavel rojo en la solapa de su chaqueta para declarar en público su admiración por la literatura del Premio Nobel portugués. “¿Y también cree que es hora de que este mundo cambie?”, le preguntó alguien. Sorprendido, contestó: “No lo sé, no lo había pensado hasta ahora”.

La historia sigue. In memoriam.


José Saramago (AP)

José Saramago era un hombre solemne y generoso. Hablaba con el gesto serio aunque estuviera contando una broma o una ironía. Me llevó un tiempo entenderlo. Las primeras veces que le vi me imponía mucho. Después me di cuenta de que no era tan serio, sino que hablaba serio. Y que no era un hombre mayor, sino que su aspecto era de hombre mayor. Le gustaba la gente joven y activa, las personas comprometidas e interesadas por conocer y mejorar el mundo en el que vivimos.

En el salón de mi casa tengo una foto que me envió hace tiempo: En ella aparecemos el Premio Nobel y yo charlando en una sala del Círculo de Bellas Artes. Debajo de la foto, una dedicatoria: “Gracias por tu valentía y tu compromiso. José Saramago”. La instantánea muestra el momento en que nos conocimos. Abril de 2004. Yo estaba a punto de presentar en el Círculo mi primer libro. De repente irrumpió en la sala la periodista y traductora Pilar del Río, esposa del Premio Nobel. Después, se asomó el escritor, avanzó unos pasos hacia nosotros, me apretó la mano y me dijo: “Tú me contaste la guerra de Irak”. Fue sin duda un comentario muy generoso. Decían Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir que siempre había que ayudar a los jóvenes y estar cerca de ellos, porque eran el futuro. Creo que Saramago pensaba lo mismo.

Aunque en realidad, como digo, él mismo era muy joven, mucho más de lo que su aspecto representaba. José amaba la actividad, la escritura, el compromiso, la reflexión, el rigor, la filosofía, a Pilar; le gustaba la gente con ganas de vivir y de actuar. La última vez que lo vi fue en Lanzarote, cuando se acercó a saludar a la activista saharaui Aminatu Haidar.

Poco antes habíamos estado juntos en su casa de Madrid. Tomamos un té, charlamos de las diferencias narrativas entre la literatura y el cine, hablamos del poder de la palabra como herramienta para el cambio, para la expresión, para el arte. De la necesidad de la acción y de la intervención por parte de la sociedad civil. Estaba serio, como siempre. Llegó su médico, un hombre entrañable y simpático, se unió al té, después entró un momento una chica de Kirguizistán -que trabaja en una farmacia cercana a la casa de José- con un ejemplar de “El viaje del elefante” en la mano, José se lo firmó, le dio un beso, le dijo que leyera mucho, la chica se fue, nos quedamos unos minutos en silencio, Pilar llegó de la cocina con frutos secos y de repente José dijo que se sentía joven por dentro.

Que cuando se miraba todas las mañanas en el espejo y veía a ese señor mayor se preguntaba: “¿Quién es este tipo? No lo conozco.”

“Yo siento que tengo sesenta y pocos años, no he pasado de ahí. Sin embargo el espejo me muestra a un viejo de ochenta y siete“. Lo comentó con solemnidad, muy serio. Pero se rió un poco por dentro. Pilar se lo dijo: Qué bromista, José.

Y al Nobel se le escapó una media sonrisa por la comisura izquierda de la boca.

“No, es verdad, siento una fuerza y unas ganas que no se corresponden con el aspecto del hombre del espejo”, añadió, otra vez serio.

La magnífica obra literaria de José queda; se ha ido el autor, un hombre generoso y joven.

Los jóvenes lloramos por ello.


El primer enviado oficial de la historia de Naciones Unidas fue el conde sueco Folke Bernadotte. Su destino: el recién proclamado Estado de Israel, en el verano de 1948. Su objetivo: alcanzar un acuerdo de paz entre Israel y los países árabes vecinos.

Bernadotte planteó el regreso de los refugiados palestinos que habían huido a causa de los ataques terroristas judíos previos al estallido de la guerra o durante las primeras semanas de la misma. Su plan no fue aceptado por los líderes israelíes y el grupo paramilitar Lehi, liderado por el futuro primer ministro Isaac Shamir, le colocó en su punto de mira.

Bernadotte fue asesinado por integrantes de Lehi en septiembre de 1948. También murió un ayudante francés del diplomático. Israel nunca arrestó a los asesinos y, al término de la guerra, decretó un indulto para ellos.

Folke Bernadotte, primer enviado oficial de Naciones Unidas

Así comienza la relación de Israel con Naciones Unidas. Desde entonces Israel ha incumplido todas las resoluciones de la ONU que exigen la retirada de Israel de los territorios ocupados y contempla el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares o recibir indemnizaciones. Ha bombardeado y atacado cuarteles de Naciones Unidas en varias ocasiones a lo largo de su historia, con la consiguiente muerte de empleados del organismo internacional.

Uno de los ataques que más indignación despertaron en la comunidad internacional fue el lanzado en 1996 contra el cuartel de la ONU en Qaná, en territorio libanés, donde murieron más de 100 civiles y hubo más de 150 heridos, entre ellos varios cascos azules de la ONU. La acción se enmarcó dentro de la operación Uvas de la ira.

Otras de las acciones militares israelíes contra objetivos de Naciones Unidas tuvo lugar en las navidades de 2008-2009, durante los bombardeos continuados contra toda la Franja de Gaza que causaron más de 1400 víctimas mortales, más de 400 de ellas niños. En aquellos días las Fuerzas Armadas israelíes atacaron sedes de Naciones Unidas en al menos cuatro ocasiones y causaron varios muertos.

No hay nada más eficaz que la Historia para poder obtener conclusiones: no es difícil deducir la impunidad con la que actúa Israel, ya que desde su creación no solo ha hecho caso omiso a las exigencias de Naciones Unidas, sino que ha repetido acciones militares violentas contra sedes de dicho organismo internacional. Nunca ha sido castigado por ello. Por eso en más de una ocasión he defendido que se expulse a Israel de la ONU. En vista del poco respeto que muestra hacia esta organización, no creo que debiera importarle demasiado.

Este breve recorrido por los encontronazos de Israel con Naciones Unidas puede ayudarnos a recordar cuántas investigaciones sobre presuntos crímenes cometidos por el Ejército israelí han sido llevadas a cabo de manera independiente, cuántas han culpado a Tel Aviv, y cuántas veces Israel ha sido castigado.

Y así podemos repasar algunas de las matanzas más conocidas: Sabra y Shatila, donde los israelíes participaron en la masacre de 1.700 civiles, Qaná en 1996, la operación Muro Protector, en la que mataron a más de 500 palestinos, la operación Lluvia de verano, con la muerte de más de 400 personas en Gaza, de nuevo Qaná en 2006, con 27 muertos, la mayoría menores de edad, la operación Plomo Fundido en Gaza 2008-2009,etc.

Madre que perdió a sus cuatro hijos en el ataque israelí de 2006 a Qana, en el que murieron veintisiete personas, entre ellas, diecisiete menores. (Javier Bauluz/ Periodismohumano)

Detengámonos en esta última, con más de 1.400 muertos. La ONU nombró una comisión encargada de investigar los detalles. De esa comisión salió el informe Goldstone. Dicho
informe acusa a Israel de llevar a cabo “un ataque deliberadamente desproporcionado, diseñado para castigar, humillar y aterrar a la población civil, para disminuir radicalmente su capacidad económica tanto de trabajar como de sustento, y para imponer una creciente sensación de dependencia y vulnerabilidad”.

Además califica el prolongado bloqueo económico impuesto por Israel contra Gaza de “castigo colectivo” contra la población. En ese sentido, menciona varios ataques contra objetivos civiles “injustificables” desde el punto de vista militar. También atribuye crímenes a Hamás. El informe se basa en información obtenida en dos visitas a Gaza, casi 200 entrevistas y la revisión de miles de documentos, fotos y grabaciones de vídeo.

Goldstone, reconocido jurista internacional, judío y sionista, recomendó pasar el informe a la Corte Penal Internacional contra crímenes de guerra y actos de genocidio para que determinara eventuales acusaciones. Pero Estados Unidos frenó en seco dicho informe. Las recomendaciones no se han cumplido.

La respuesta a la pregunta que antes formulaba es sencilla: Israel nunca ha sido castigado por los crímenes que ha cometido.

Tras el apresamiento de la Flotilla de la Libertad nuestros gobernantes quieren hacernos creer que ahora será diferente. En un texto publicado hace unos días por el diario Público -plagado de eufemismos y expresiones dignos de analizar- el ministro Moratinos junto con sus homólogos francés e italiano, defendía una investigación “imparcial, transparente y conforme a las normas internacionales”.

Decía así:

Debemos estar atentos para no repetir los errores cometidos tras la entrega del informe Goldstone, cuyo seguimiento fue instrumentalizado por el Consejo de Derechos Humanos y que dedica lamentablemente la mitad de sus resoluciones a condenar a Israel.”

(La negrita en la palabra lamentablemente no estaba en el texto original, la he añadido yo: No me queda claro si lamentan que la mitad de las resoluciones condenen a Israel o que Israel se haya portado mal, con lo buen amigo que es.)

Y proseguía: “Ciudadanos turcos y estadounidenses han sido víctimas de esta operación; la investigación tendrá por tanto, obligatoriamente, un componente internacional, como ya lo ha propuesto el secretario general de las Naciones Unidas. Apoyamos estos esfuerzos.

Para que una investigación pueda ser independiente no debe estar dirigida por Israel. Sin embargo, ya se ha anunciado que el presidente de la comisión de investigación será el ex presidente del Supremo israelí. El resto de sus integrantes también serán israelíes. Habrá dos observadores internacionales.

Para que la investigación pudiera ser realmente independiente la comisión debería estar integrada por una mayoría de personas desvinculadas de los intereses de Israel. Deberá centrarse en los testimonios de los testigos, de los más de setecientos activistas del Marmara y de los soldados israelíes que participaron en la operación. Y, lo más importante, debería tener acceso al mayor número de pruebas.

Sin embargo, la mayor parte de las grabaciones de audio y vídeo, así como el material fotográfico obtenido por los pasajeros de la flotilla fue incautado y requisado por el Ejército israelí. Iara Lee es una de las pocas pasajeras que, a pesar de los registros israelíes, logró quedarse con algunas de sus filmaciones. El resultado puede verse en este vídeo:

http://www.vimeo.com/12429821

Los soldados israelíes no solo cometieron un acto de piratería al abordar una flotilla de barcos en aguas internacionales; no solo mataron a nueve personas e hirieron a decenas más en el marco de una operación ilegal; no solo secuestraron a las más de setecientas personas que viajaban en esa flotilla y las trasladaron a comisarías y cárceles israelíes, sino que además robaron a estas personas buena parte de sus pertenencias: laptops, cámaras, cintas de vídeo, tarjetas de memoria, etcétera.

Si la comunidad internacional desea que se lleve a cabo una verdadera investigación independiente sobre lo sucedido aquél fatídico día debería empezar por exigir públicamente a Israel que devuelva el material robado a las víctimas del asalto ilegal, ya que es ese material el que puede mostrar hechos que evidentemente el gobierno israelí tiene interés en ocultar.

Si no presiona, sumaremos una raya más en un calendario marcado por décadas de impunidad. Y ya se sabe que la impunidad abre el camino a futuros crímenes o ilegalidades.

PD: Hay una prisión a cielo abierto llamada Gaza, donde viven un millón y medio de personas. Sus carceleros a veces tienen tan buen corazón que abren las puertas para dejar pasar galletas y refrescos.


Hay un Madrid de grandes edificios de oficinas, de hombres de traje y de negocios, donde se tejen los entresijos de las finanzas y el poder. Hay otro Madrid sin corbata, donde se manejan los designios del corazón humano. En uno se controla la banca, el poder político y económico, la composición de los grandes lobbies, la concesión de permisos para entrar en el club de los ricos y poderosos. En el otro las únicas acciones de alto riesgo son los enamoramientos veraniegos, las pasiones primaverales y las tardes creativas a la sombra de un árbol.

En el primero abundan las luces de neón de las oficinas, la rigidez de horarios, los colmillos afilados; en el segundo la amistad se cultiva sin intereses ni euribor en una escala de valores bursátiles con amplio espacio para la solidaridad sin porcentajes.

Pablo Adrián Rodríguez, conocido como el Pampa, pertenece sin duda -y con orgullo- a este último Madrid. Pero no siempre ha vivido aquí.

Pablo Rodríguez durante un homenaje a Mario Benedetti y Mercedes Sosa

Pablo procede de Trenel, un pequeño pueblo de la Pampa. De ahí el origen de su apodo. Como buen soñador, a los 17 años abandonó su ciudad natal para ir a estudiar a Buenos Aires una carrera universitaria en la que abundan los cínicos y los altruistas: Periodismo. Él pertenece a la segunda categoría. Quizá por eso no aguantó mucho en la profesión.

“Salí de la Facultad pensando que los periodistas éramos los amos del universo, pero me decepcioné enseguida con el medio, con los periodistas que cobraban coimas (sobornos), con alguna gente a la que le daba lo mismo todo.”

Pablo ganaba un sueldo digno, con el que podía pagar su casa, hacer regalos a su madre y a su abuela, ir al cine, viajar. Pero se hartó. Su decepción con el periodismo alcanzó cotas altas.

“Y decidí dejarlo todo y venirme a España. Pensé que lo iba a llevar bien, porque ya había tenido un desarraigo anterior al abandonar mi hogar para irme a Buenos Aires, pero ahora digo que aquello más que desarraigo fue desarraiguito. Mi primer año en España fue complicado, cambiar de país, eso sí es un desarraigo. Recuerdo el día en que me quedé sin papeles, a los tres meses de llegar. Pasé a estar en situación ilegal.”

“También me resultó duro tener que romper algunos códigos de conducta: aquí la forma de entenderte y relacionarte con la gente es otra. Es inevitable, siempre comparas. Estás metido ahí con tu desarraigo y piensas a veces: “estos gallegos, qué maleducados”, o “aquí nadie trabaja”, o” ¿por qué me dicen “¿qué hay?” para decirme hola?”.

“Era una época en la que estaba en un hostal en la Gran Vía, recuerdo que el primer día me levanté a las seis de la mañana para comprar el Segunda Mano, me dije: echo un vistazo a los anuncios de piso y a las ocho de la mañana empiezo a llamar por teléfono, y ché, me encuentro que a las seis estaba todo cerrado, y a las ocho aún nadie cogía el teléfono y a las diez ya está la gente tomándose su cañita, y aquello no estaba dentro de mi lógica; qué poco trabaja esta gente, pensaba yo”.

“Con el tiempo te vas adaptando y así comprendí que estas cosas son calidad de vida. Que no tener que levantarte a las seis es calidad de vida.”

“Hay otras cosas que me costó entender. Por ejemplo, la gente me decía: Nos vemos en el bar. En Argentina la gente queda en su casa, todo el mundo invita a la gente a casa, en tu casa, en la mía, y aquí solo en el bar y yo pensaba: No valgo la pena ni para que me inviten a su casa”.

Pablo ha trabajado en España como aparcacoches “sin haber tenido un coche en mi vida”, como teleoperador, como vigilante de seguridad, “quién me iba a decir a mí” o en un piano bar, “lo llamaban así, en una zona rica de Madrid, me ponían a servir con camisa blanca, pajarita negra, y yo hasta entonces solo me había servido a mí mismo.”

“Creo que mi mayor deshonra fue trabajar como detective privado, me sentí mugre, renuncié esa misma tarde. Trabajé también en los autos chocados, estaba ahí 14 horas diarias, de tres de la mañana a ocho de la tarde, no caminaba, quieto todo el día y la cabeza en esas situaciones te camina a pasos agigantados”.

Te preguntás: a qué vine, estoy a la intemperie. En fin, hay horas de lágrimas…

“Lo de reunir dinero nunca fue mi obsesión. Gente con menor preparación académica que yo viene a España, reúne euros, está tres años solo gastando para comer y para llamar a Argentina los domingos y luego vuelve y se compra una casita en una villa miseria. Pero yo no he venido con un objetivo claro y esto es difícil de entender sobre todo para los de allá.”

Para mí mi gran riqueza son mis cien películas y cd´s y mis libros, no necesito más.

En sus ratos libres Pablo trabaja como asesor jurídico en una Oficina de Derechos Sociales, atendiendo a inmigrantes sin papeles: les ofrece herramientas legales para defenderse. Da charlas y conferencias sobre la situación de la inmigración en España y sobre el centro de internamiento de extranjeros de Aluche.

Conoce los pormenores de la nueva Ley de extranjería, los informes sobre el CIE de Aluche o la Directiva europea sobre inmigración; viene con la herencia de los movimientos sociales argentinos, de la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, con la conciencia de alguien que conoce y sabe y difunde la importancia de la justicia universal.

Pablo Rodríguez saludando a un amigo

Es difícil saber cómo logra tener tiempo para todo, pero lo cierto es que, además de todo lo anterior, el Pampa participa activamente en las actividades de la Casa del Barrio de Carabanchel: recientemente organizó un homenaje a sus admirados Mario Benedetti y Mercedes Sosa, logró reunir a cantautores, actores, poetas, consiguió que participaran todos los presentes, cantando, recitando, riendo y llorando, porque allí no logró retener las lágrimas nadie. Corre la San Silvestre vallecana todos los años y  juega al fútbol en un equipo local que participa en el campeonato del barrio.

Tiene un blog en el que ofrece claves sobre la situación de los inmigrantes en nuestro país, reflexiona sobre la situación de la política internacional y nacional, e incluso se ríe de sí mismo, con una mezcla de nostalgia e ironía, cuando relata anécdotas de infancia y juventud en su pueblo, con fotos incluidas de aquella época. Destila ternura a raudales.

Desde que consiguió el permiso de residencia -los papeles- solo ha regresado una vez a Argentina. Pensó en quedarse, pero sintió que aún no había llegado el momento.

Volver con la frente marchita… -canturrea- Nunca se descarta, no creo que nadie descarte volver. Hay cosas de la vida cotidiana que he perdido y que extraño enormemente. Desde luego si decido volver será una decisión sentimental. Pero de momento siento que mi ciclo aquí no está cerrado. Siempre me guío por el corazón. Ahora bien, si no visito más es por falta de dinero, no porque no eche de menos…”

El Pampa se lamenta a veces de no poder ejercer el periodismo. Es su espinita clavada. Pero lo cierto es que a muchos nos informa de una ciudad y unas vidas que no conoceríamos de otro modo. De rincones y movimientos sociales que no aparecen en los medios de comunicación. Nos recuerda que la calidad humana mueve montañas y despierta corazones. Como dice en su blog y en su firma electrónica en los e-mails que envía, “El orden de los Estados entiende cada vez menos del desorden de los corazones”.

En una época en la que se abusa de los corsés sociales y actitudes preventivas defensivas -o incluso ofensivas- es de agradecer que alguien vaya por la vida sin escudos ni cinismos, con los brazos abiertos. Lo mejor de todo es que esa actitud es contagiosa. Hagan la prueba.


El Estado israelí es experto en propaganda, en la creación de terminologías adaptadas a sus intereses, en eufemismos.

Así, habla de asesinatos selectivos para referirse a crímenes de Estado; de respuesta militar para nombrar masacres como la de Gaza, en la que murieron 1.400 personas; de daños colaterales para señalar a las víctimas palestinas asesinadas por fuego israelí; de defensa propia para mencionar la ocupación ilegal de un barco y el asesinato de diez personas; de arrestos para referirse a secuestros.

Ahora habla también de deportaciones. Según la ley, para que alguien pueda ser deportado antes ha tenido que entrar de manera ilegal en un país, sin papeles, sin permiso. Pero los casi 700 activistas que viajaban en la flotilla de la libertad no accedieron a Israel por voluntad propia, no son inmigrantes sin papeles, a pesar de que Tel Aviv los trata como tales. Entraron en territorio israelí obligados, secuestrados a punta de pistola por el Ejército hebreo.

Hace unas horas el ministro de Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, conocido por sus comentarios racistas sobre los palestinos -”ahogaremos a los palestinos en el mar”, es una de sus célebres frases- y por su defensa a ultranza de la ocupación de los territorios palestinos, decía que la comunidad internacional, al condenar la acción de Israel, está mostrando que “tiene dos caras“. Quién me iba a decir a mí que por una vez iba a estar de acuerdo con este señor.

Ya que la comunidad internacional no suspende sus relaciones comerciales con Israel a pesar de que este país vulnera de manera sistemática los derechos humanos, quizá al menos pueda exigir a Israel que llame las cosas por su nombre. ¿O tampoco?


El control de los mensajes

Tras abordar un barco de bandera turca en aguas internacionales Israel ha difundido y enviado a los medios de comunicación un vídeo que ha dado la vuelta al mundo y que muestra las siluetas de varias personas golpeando con palos algo o a alguien. Israel asegura que esas son las siluetas de activistas de la flotilla y que lo que golpeaban eran soldados israelíes.

No podemos saber si ese vídeo se corresponde con la realidad, ya que Israel no ha permitido a los integrantes de la flotilla cargada con ayuda humanitaria comunicarse con el exterior ni durante el asalto ni posteriormente. De este modo solo se difunde, al menos por el momento, el mensaje y las imágenes escogidas por las autoridades israelíes.

Es una táctica habitual: En diciembre de 2008 y enero de 2009, durante los ataques israelíes contra Gaza que provocaron una masacre con más de 1.400 palestinos muertos, Israel no permitió la entrada a la Franja de ningún periodista. Pretendía así que solo se difundiera un mensaje, el enviado desde el lado israelí, y que solo se emitieran unas imágenes, las filmadas en el lado israelí.

La legitimidad de la flotilla

Pero lo cierto es que en el caso de lo ocurrido ayer, aunque aún no tengamos acceso a todas las versiones, sí disponemos de herramientas suficientes para concluir que la acción llevada a cabo por el Ejército israelí fue ilegal. Abordó un barco de bandera turca en aguas internacionales, una acción definida como acto de piratería por Naciones Unidas, mató a al menos diez personas e hirió a 30 más. Que los activistas de la flotilla hubieran mostrado resistencia no justificaría la acción israelí, ya que, tal y como establece la ley, es legítimo defenderse de los ocupantes armados que toman un barco.

Es legítimo también el objetivo de la flotilla de llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo israelí en la Franja. Gaza sufre una crisis humanitaria: sus habitantes no disponen de productos básicos, faltan alimentos, medicinas, equipamiento para fábricas. Solo funcionan cien de las casi cuatro mil empresas que operaban antes del bloqueo, los cortes de luz son muy frecuentes y escasea combustible incluso para mantener en funcionamiento las máquinas de ventilación asistida de los hospitales. Recuerdo que la última ve que estuve en Gaza, hace un par de años, muchos palestinos llenaban el depósito de sus coches con el aceite que sobraba de cocinar y freír falafel. El olor impregnaba calles enteras.

La impunidad de Israel

Turquía -turco era el barco atacado- es miembro de la OTAN. El artículo quinto de este organismo internacional contempla la posibilidad de que sus países miembros respondan militarmente a la agresión contra uno o más integrantes de la Alianza Atlántica. Este artículo tan solo se ha aplicado en una ocasión: tras los atentados del 11-S.

Es altamente improbable (imposible) que la OTAN invoque ahora dicho artículo como reacción al abordaje israelí del barco turco y desde luego es deseable que no lo haga. Pero la naturaleza provocadora de esta acción de Israel sí nos lleva a preguntarnos si el gobierno de Tel Aviv busca afianzar la impunidad de sus acciones o si quizá se guía por la premisa de “cuanto peor, mejor”, ya que precisamente los periodos de mayor conflicto han servido a Israel para anexionarse más territorio y hacerse fuerte gracias a su supremacía militar, que al fin y al cabo, en la realidad actual, es la que manda frente a la supremacía moral o a la legitimidad.

Cuando nunca pasa nada

Israel lleva décadas actuando de manera ilegal. Piensa que la comunidad internacional nunca va a tomar represalias suficientemente efectivas que le obliguen a frenar su política basada en el terror y la mano dura. Lo piensa porque ni Europa ni Estados Unidos han adoptado medidas ante el incumplimiento continuado por parte de Israel de las resoluciones de Naciones Unidas.

Lo cree porque no hubo consecuencias cuando mató a mil cuatrocientas personas en Gaza en las navidades 2008-2009. Ni hubo represalias cuando en 2006 acabó con la vida de más de 400 personas en Gaza durante la Operación Lluvia de Verano; ni cuando en 2002 asedió varias ciudades cisjordanas, aisló a Arafat en la Mukata y mató a más de 500 palestinos; ni cuando participó en el asesinato de 1.700 civiles palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en 1982.

Tampoco ocurrió nada cuando Israel ocupó de manera ilegal los territorios palestinos, el Sinaí egipcio, los Altos del Golán sirios y Jerusalén Este en 1967. Ni cuando ocupa Jerusalén Este en la actualidad; ni cuando el Estado israelí subvenciona y beca, a modo de incentivo, a quienes ocupan tierras palestinas, para fomentar el crecimiento de territorio anexionado.

No ocurre nada cuando Israel destroza con bombardeos infraestructuras palestinas construidas con dinero europeo. No pasa nada, para eso estamos, para mirar a otro lado, y seguir poniendo dinero. Ah! El dinero. Llegará un momento en el que nos preocupe más el bienestar de nuestras riquezas que el de nuestros hijos. Vamos encaminados a ello.

Hace tan solo unos días Israel fue aceptado como miembro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, que agrupa a los países más avanzados y desarrollados del planeta. Es el llamado club de los países ricos. Dicho organismo exige a sus miembros respetar los derechos humanos y la legislación internacional. Por eso mismo varias organizaciones defensoras de los derechos humanos solicitaron a la OCDE que, siguiendo su propia normativa, no aceptara a Israel como socio. Las protestas fueron en vano.

Las relaciones de la UE y España con Israel

Israel es un socio de primera para la Unión Europea y Estados Unidos. Y para España. En los últimos catorce años nuestro país ha exportado armas y material de doble uso a Israel por un valor que ronda los 35 millones de euros, según un riguroso informe aparecido recientemente sobre las relaciones militares entre España e Israel. Tales exportaciones de material militar a Israel violan los criterios del Código de conducta de Exportación de Armas de la UE, criterios que indican que no se exportará armas a aquellos países que pudieran usarlas con fines de represión interna, para agredir a otro país o para imponer por la fuerza una reivindicación territorial.

Israel es socio preferente en materia comercial de la Unión Europea, a través de un Tratado Preferencial que entró en vigor en el año 2000 y cuyo artículo dos establece la suspensión de dicho tratado en caso de que una de las partes vulnere los derechos humanos y el derecho internacional. En vista de que dicho tratado no se ha suspendido nunca, parece que la UE no ve vulneración de los derechos humanos en ninguna de las matanzas perpetradas por Israel; habrá que deducir que la UE considera que el robo de tierras palestinas, las políticas discriminatorias y las leyes israelíes que permiten que se encarcele a palestinos sin cargos ni juicio están dentro del marco de los derechos humanos.

Si nuestros gobierno no se mueven, movámonos nosotros. Pidamos públicamente la adopción de medidas para frenar la carrera hacia el abismo de Israel. Solicitemos la suspensión de las relaciones comerciales con el Estado israelí. O planteemos su expulsión de la ONU, una propuesta que no debería herir la susceptibilidad de nadie, teniendo en cuenta el desprecio que Israel muestra hacia dicho organismo internacional, cuyas resoluciones incumple de manera sistemática y cuyas sedes en Gaza bombardeó al menos cuatro veces en la última operación militar contra la Franja.

Tarde o temprano llegará la cordura. Y cuando eso ocurra nos gustará pensar que llevábamos tiempo participando de ella…


Estos días la Parroquia San Carlos Borromeo (Entrevías, Madrid), celebra las jornadas “África entre nosotros”, con charlas, conferencias y la exposición de fotografía “El Muro del Atlántico”, de Juan Medina, premio World Press Photo 2005, entre otros galardones. El trabajo de este fotoperiodista habla por sí solo. He aquí unos ejemplos:

Horario de la exposición: Todos los días de 10:00 a 13:00 y de 18:00 a 21:00, excepto domingos por la tarde. Hasta el nueve de junio.

Una pareja con su bebé dentro de un vehículo de la Guardia Civil / Juan Medina

Fuerteventura, 2004. Vuelca la barca en la que viajaban 40 personas. Algunas logran agarrarse a los salvavidas lanzado por los equipos de rescate. Murieron once personas. /Juan Medina

La sal y la arena en el rostro de este inmigrante indican la dureza de la travesía que ha realizado / Juan Medina

Una niña llora a puerta del Centro de Internamiento de Aluche, donde está encerrado su padre, a quien las autoridades policiales han asignado el número 2286 / Juan Medina

Playa de Gran Tarajal, Fuerteventura, 5 de mayo de 2006 /Juan Medina

Sidi Suguma, de Mali, llora en una comisaría de Nuadibú, Mauritania. Él y otros 35 inmigrantes fueron interceptados por la policía marroquí en el Sáhara Occidental y transferidos a Nuadibú cuando intentaban llegar a las islas Canarias /Juan Medina