El minotauro anda suelto

Martes, 29 de noviembre. Nueve de la noche. Un bloguero egipcio me cuenta por teléfono que se ha desatado una pelea en Tahrir entre un grupo de personas identificadas con chalecos de color naranja y algunos vendedores ambulantes.

Un cuarto de hora más tarde algunos fotógrafos que se alojan en mi hotel reciben la llamada de las agencias para las que trabajan: La batalla se extiende a los alrededores de la plaza, entre la calle Abdel Moneim y el puente 6 de octubre. Un grupo de periodistas nos dirigimos a la zona.

Desde una distancia prudencial, vemos a varios jóvenes lanzando piedras, hay carreras, un chaval sangra por la cabeza. Media hora más tarde la batalla prosigue. Nadie tiene claro cómo comenzó todo ni quiénes son los atacantes.

No hay policía ni militares, al menos aparentemente. Las fuerzas de seguridad no intervienen, quizá a la espera de la excusa perfecta para desalojar Tahrir. Así ha ocurrido en episodios pasados.

En torno a las once de la noche, ya de nuevo en el hotel, llegan algunos fotógrafos. Uno de ellos ha recibido dos perdigonazos.

Al cierre de este texto, ya de madrugada, la cifra oficial de heridos ascendía a ochenta y ocho. Con esta batalla como telón de fondo comenzaba el recuento de votos de la primera ronda de las elecciones legislativas.

Un manifestante sobrepasado por el gas de la policía 20 de Noviembre de 2001, El Cairo(AP Photo/Tara Todras-Whitehill) (AP Photo/Tara Todras-Whitehill)


Los cinco valientes

Los cinco valientes. Así han bautizado los activistas egipcios a los cinco trabajadores del puerto de Suez que han denunciado la llegada en barco de 7 toneladas de gas lacrimógeno procedentes de la empresa estadounidense Combined Systems.

Los cinco empleados se negaron a firmar los documentos pertinentes para admitir la entrada a territorio egipcio de dicho cargamento, por temor a que éste sea empleado de nuevo contra los manifestantes de Tahrir.

Aún hoy son muchos los jóvenes que sufren las secuelas de los gases lanzados la pasada semana por la policía militar egipcia en la plaza Tahrir y alrededores.

Los trabajadores de Suez han asegurado que, según los documentos portuarios, está prevista la llegada de un segundo cargamento de 14 toneladas de gas, lo que elevaría la cifra total a 21 toneladas.

En las redes sociales de Internet algunos activistas lamentaban anoche que “las bombas de gas son definitivamente más importantes que importar trigo para hacer pan”.

Lo dicen en un país donde el 40% de la población vive con menos de dos dólares diarios, y en el que desde que en el año 2008 el precio del pan se triplicó -a causa, entre otras razones, de la especulación en los mercados financieros internacionales- se han registrado nuevas oleadas de inflación en el precio de este producto básico.


El conocido bloguero y activista Alaa Abd El Fattah (@Alaa), condenado a 15 días de prisión por un tribunal militar

Otro de los acusados falleció el 9 de octubre, cuando las fuerzas de seguridad atacaron a los manifestantes

La solidaridad con el arrestado se dispara en la Red, a través del hashtag #FreeAlaa

Desde la caída de Mubarak 12.000 civiles han sido juzgados en tribunales militares

Cartel que circula ya por la Red en solidaridad con @Alaa

Alaa Abd El Fattah es probablemente el bloguero más conocido de Egipto, gracias a su página Manalaa, en la que escribe junto con su mujer Manal Hassan.

Hace unos días, cuando daba una charla en Estados Unidos, le comunicaron que un tribunal militar egipcio lo llamaba a declarar.

Este domingo ha acudido a la corte militar, donde ha coincidido con otros acusados, entre ellos Bahaa Saber, con quien ya compartió dificultades en el pasado:

En 2006 los dos fueron acusados y condenados por manifestar su apoyo a activistas y jueces detenidos.

Hoy ambos se han negado a declarar ante el tribunal militar, para dejar claro que no le conceden legitimidad.

De inmediato la corte les ha condenado a 15 días de prisión. Bahaa ha sido puesto en libertad con cargos. Alaa ha sido trasladado a una cárcel cercana.

Solidaridad con @Alaa en la Red, por parte de destacados periodistas.

Tanto a ellos como a otros 28 civiles se les acusa de incitación a la violencia en los sucesos del pasado 9 de octubre, en los que se desencadenaron enfrentamientos entre manifestantes cristianos y musulmanes en un bando, y militares y policías en el otro.

El balance fue uno de los más sangrientos desde la caída de Mubarak: Al menos 26 personas manifestantes murieron, decenas más resultaron heridos.

Las autoridades trataron de presentarlo como un episodio de violencia sectaria, pero la realidad fue tozuda y, con el paso de las horas, se multiplicaron los testimonios de testigos que una y otra vez repetían la misma versión: Las fuerzas de seguridad atacaron a los manifestantes.

Así lo denunciaron también varias organizaciones de derechos humanos.

Human Rights Watch ha advertido de que el Ejército “no puede investigar con credibilidad lo ocurrido”.

Así también lo ha explicado este domingo el abogado Gamal Eid, quien afirma que el Ejército es parte implicada en los sucesos del 9 de octubre y por lo tanto no puede interrogar ni juzgar.

El propio Alaa indicaba esta mañana que “en vez de impulsar una investigación adecuada, están enviando a juicio a los activistas por el simple hecho de decir la verdad, y esa verdad es que el Ejército cometió un crimen a sangre fría”.

Uno de los fallecidos el 9 de octubre a causa de la violencia de las fuerzas de seguridad fue el activista de izquierdas Mina Daniel.

A pesar de estar muerto, el tribunal militar también lo ha incluido entre los acusados. Son las crueles paradojas que se dan en una atmósfera marcada por los abusos y la represión.

Hoy, tras la condena de los blogueros, los activistas egipcios han calentado motores para conseguir una movilización similar a la ya organizada en 2006, cuando Alaa y Baher fueron enviados a prisión.

Campaña por la puesta en libertad de Alaa en 2006

Desde hace meses organizaciones en defensa de los derechos humanos tanto egipcias como extranjeras -entre ellas Human Rights Watch o Amnistía Internacional- denuncian la falta de legitimidad de unos tribunales militares que juzgan a civiles por el simple hecho de manifestarse contra el Consejo Superior militar o por criticar a las autoridades.

Desde la caída de Mubarak hasta hoy han sido juzgados en cortes militares unos 12.000 civiles.

Algunos han denunciado maltrato, torturas e incluso abusos sexuales durante sus arrestos.

Amnistía Internacional ha criticado la celebración de dichos juicios militares, a los que acusa de injustos por carecer de las garantías básicas para los acusados.

“El hecho de que sean los fiscales militares los responsables de investigar casos de violencia -cuando se cree que hay miembros de las Fuerzas Armadas que tienen amplia responsabilidad en esos casos- ha generado serias preguntas sobre la independencia de las investigaciones judiciales”, señala Amnistía.

La represión tras Mubarak sigue estando presente en un Egipto controlado por el Consejo Superior militar, liderado por el mariscal Tantawi, quien ocupó durante tantos años la cartera de Defensa en la dictadura.

Desde hace algo más de tres décadas el Ejército egipcio es el principal aliado e interlocutor de Washington en el país árabe.

Recibe de Estados Unidos 1.500 millones de dólares al año, una inversión solo superada por el presupuesto que la administración estadounidense destina a las Fuerzas de seguridad israelíes.



Un joven de 24 años, torturado y sodomizado hasta la muerte por oficiales de prisión

Su cadáver es trasladado desde la morgue hasta la plaza Tahrir, para oficiar un funeral entre manifestantes

Entre los asistentes está la madre de Khaled Said

La foto del cadáver de Essam Atta Ali circula por las redes sociales en Internet

Essam Ali Atta fue condenado el pasado 25 de febrero por un tribunal militar a dos años de prisión, acusado de ocupar ilegalmente un apartamento.

Cumplía sentencia en la cárcel de máxima seguridad de Tora.

Ayer su familia supo que estaba muerto.

Según testimonios de sus compañeros de celda, los oficiales de la prisión quisieron dar un escarmiento a Essam después de haberle sorprendido intentando vender una tarjeta SIM de teléfono de contrabando.

Para ello, según los testimonios recogidos por la prensa egipcia, le colocaron mangueras en la boca y en el ano, provocándole graves hemorragias.

Uno de los oficiales dejó el cuerpo de Essam, aún con vida, en un hospital cercano.

Essam Atta, en una imagen de archivo

Allí, según informes citados por el diario Al Ahram, los médicos pudieron certificar que la víctima se encontraba en situación crítica, identificaron secreciones líquidas en su boca y sospecharon que detrás de aquello podía haber un comportamiento abyecto.

Horas después el Centro El-Nadeem para la rehabilitación de víctimas de la tortura informó a través de las redes sociales de la muerte de Essam.

La portavoz del centro, Aida Seif El-Dawla, ha pedido a los abogados activistas que apoyen a una familia traumatizada que exige respuestas y que tiene derecho a ellas.

La madre del fallecido ha afirmado en los medios de comunicación que su hijo ha sido víctima de la brutalidad policial y que no descansará hasta que sus asesinos sean llevados a la Justicia.

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La página en facebook “Todos somos Khaled Said”, creada tras el asesinato el pasado año del joven Khaled Said a causa de la brutalidad policial -un hecho que encendió la chispa final de la indignación y supuso el prólogo definitivo de las revueltas- ha pedido a los doctores del hospital que declaren públicamente lo que vieron y concluyeron tras examinar a Essam Ali Atta Ali.

Este viernes se ha celebrado un funeral por Essam Atta en la plaza Tahrir de El Cairo, en presencia del féretro con su cadáver.

Han estado presentes la familia del fallecido y la madre de Khaled Said. Precisamente esta semana se han conocido las sentencias contra los acusados por el asesinato de Khaled Said en junio de 2010.

Cada uno ha sido sentenciado a 7 años de prisión, una pena que tanto la familia como los abogados y activistas consideran insuficiente.

El féretro con el cadáver de Essam Atta, esta tarde en Tahrir. (Cortesía de Tarek Shalaby)

Los manifestantes han lanzado eslóganes contra el Ejército y la policía egipcia, así como contra el Ministerio del Interior, símbolo para los activistas de la represión, la tortura y los abusos contra los derechos humanos que siguen registrándose en el país.

Miles de personas se han trasladado después hasta el distrito de Maspero para exigir justicia para los manifestantes cristianos muertos a manos de la policía militar el pasado 9 de octubre, en una de las noches más trágicas y violentas de la era post Mubarak.

También un grupo ha protestado frente a la embajada de Estados Unidos para mostrar su solidaridad con #occupywallstreet y #occupyoakland, algunos de los movimientos de los indignados estadounidenses.

Desde la caída de Mubarak hasta la actualidad se han celebrado más de 10.000 juicios militares contra civiles, buena parte de ellos acusados por el simple hecho de manifestarse o de criticar a las Fuerzas de Seguridad.

La represión, lejos de desaparecer, es la atmósfera cotidiana de un Egipto controlado por el Consejo Superior militar, liderado por el mariscal Tantawi, durante años ministro de Defensa en la dictadura de Mubarak.

Desde hace más de 30 años el Ejército egipcio actúa como columna vertebral de la alianza entre Washington y El Cairo:

Es el principal interlocutor de la administración estadounidense en el país árabe y de hecho recibe al año 1.500 millones de dólares de ayuda directa de Estados Unidos, una inversión solo superada por el presupuesto que Washington dedica a las Fuerzas de Seguridad israelíes.


Hotel Palestine (AP Photo)

Leo el auto del juez Santiago Pedraz -riguroso, profesional, contundente, eficaz- y no puedo evitar, como testigo directo del caso, rememorar lo ocurrido aquél 8 de abril de 2003 en Bagdad, cuando en el plazo de menos de tres horas el Ejército estadounidense atacó las tres sedes de la prensa independiente de Bagdad -el hotel Palestine, la sede de Abu Dhabi tv y la sede de Al Jazeera tv-, matando a 3 periodistas e hiriendo de gravedad a otros tres.

Una de las principales novedades del auto es que, además de los tres militares de EEUU ya procesados con anterioridad, ahora son imputados otros dos militares con cargos superiores y que, dada la cadena de mando, tuvieron que ordenar o al menos estar informados de lo que estaba ocurriendo.

El juez Pedraz durante su investigación en Bagdad (Olga Rodríguez)

Además el juez, basándose en las pruebas y hechos acaecidos, indica que “una de las misiones encomendadas a la citada División era evitar que los medios de comunicación internacionales informaran sobre las operaciones militares en curso en la toma de Bagdad”.

Y así fue. Consiguieron que no informáramos.

No hay imágenes de Bagdad en las horas siguientes a los ataques, porque estábamos atendiendo a nuestros heridos, llorando a nuestros muertos, barajando lugares en los que refugiarnos.

Como señala el juez, “no hubo, ante el miedo provocado, una sola cámara dispuesta a asomarse a las ventanas del hotel”.

Hay más novedades en el auto: la inclusión de las conclusiones efectuadas tras el viaje a Bagdad que el juez Pedraz realizó en enero de este año encabezando la comisión judicial en la que cuatro periodistas viajamos integrados como testigos directos de lo sucedido.

En ese desplazamiento a la capital iraquí Pedraz pudo certificar las localizaciones de las tres sedes periodísticas atacadas, así como del puente desde donde disparó el tanque que mató a Couso y al periodista de Reuters Taras Prosyuk.

También pudo comprobar que no hay ninguna construcción que obstaculice la visión entre el hotel Palestine y el puente Al Jumuriya, así como la gran cercanía entre el puente y las sedes atacadas de Abu Dhabi tv y Al Jazeera tv.

Así mismo, el juez constató que desde el puente se ve con claridad el rótulo identificativo del hotel Palestine.

Y, a través de las pruebas periciales, Pedraz confirmó que con los elementos de visión del tanque se podía ver perfectamente no sólo a las personas que estábamos en los balcones del hotel Palestine, sino incluso los objetos que portábamos.

El auto ofrece argumentos precisos y exhaustivos sobre los hechos acontecidos el 8 de abril de 2003, recuerda que el Pentágono sabía dónde nos alojábamos los periodistas, que el propio gobierno estadounidense se declaró públicamente conocedor de la ubicación del hotel Palestine como sede de la prensa internacional, y explica con detalle -basándose en los Convenios de Ginebra, Protocolos y Convenio de La Haya- cómo no cabe duda de que José Couso, como civil y como periodista, era persona protegida.

Es decir, alguien a quien ningún Ejército puede, por ley, atacar; en caso contrario, el agresor será, por ley, castigado.

Por último, el auto pide a los procesados una fianza de un millón de euros. “No verificándolo a las 24 horas siguientes embárgueseles bienes bastantes a cubrir la indicada suma, acreditándose legalmente, caso de no poseerlos, su insolvencia total o parcial”, señala.

No he podido evitar acordarme de aquellos que en 2003 decían que era inútil iniciar la vía judicial, que lo mejor era dejarlo estar.

Hay cierta tendencia a estigmatizar a los que exigen Justicia. “Olvídalo, hombre, estás obsesionado”, dicen.

O peor aún: “Algo habría ocurrido para que le mataran”. Es lo que en Argentina llaman la “teoría del doble demonio”: la victimización de la víctima.

Lo saben bien las madres y abuelas de plaza de Mayo, a las que algunos llamaron locas por manifestarse todos los jueves pidiendo Justicia, un concepto que, cuando ellas iniciaron su lucha, parecía casi inalcanzable. Y ahí están ahora, presenciando, las que aún viven, los juicios contra algunos de los criminales de la dictadura.

Argentina es criticable en muchas cosas, pero reconozcamos que en materia de derechos humanos llevan la delantera. Lo saben en Egipto, donde estos meses decenas de activistas que piden Justicia -contra Mubarak y todos los mini-Mubarak- han mencionado el caso argentino como ejemplo a seguir.

En fin.

Aquí la familia Couso ha estado muy acompañada en sus triunfos y quizá demasiado sola cuando el caso se estancaba. No se han amedrantado por ello.

Los tres militares acusados.

Javier, David, Maribel, Sabela, Bárbara y el resto de la familia saben bien que hay luchas que hay que emprender aunque parezcan abocadas al fracaso. Lamentablemente esto es algo difícil de entender en estas sociedades en las que el triunfo, incluso el más corrupto, es un valor al alza.

Puede que el caso vuelva a estancarse, puede que no; quizá los militares estadounidenses nunca sean juzgados o quizá sí, quién sabe las vueltas que dan las cosas en este siglo XXI en el que la Historia circula a más velocidad que nunca.

De lo que no cabe duda es de que esta batalla no merecía ni olvido, ni desprecio, ni oportunismo. Solo defensa.

La Justicia no es sinónimo de deseo de venganza. Es un pilar básico de las sociedades libres y democráticas. Tiene como objetivo ofrecer reparo a las víctimas y ejemplo a los verdugos. Sin ella la impunidad se perpetúa. Lo sabemos bien en este país, que tiene más de 100.000 cadáveres en cunetas y descampados. Quizá por ello pedir Justicia sea interpretado aún por algunos como un gesto políticamente incorrecto o incluso anti-sistema.

Con un sistema judicial dispuesto a hacer frente a los crímenes de guerra es posible que los ejércitos de todo el mundo se lo pensaran dos veces antes de incumplir la ley, de atacar a civiles, periodistas, inocentes.

El caso Couso no es el caso de un periodista, sin más.

José Couso

El caso Couso es la defensa de la Justicia universal, del cumplimiento de la ley y de la libertad de la información.

Es el caso de los millones de civiles que mueren en las guerras a manos de ejércitos impunes.

Por cierto, hoy José Couso habría cumplido 46 años.


  • Lilian Wagdy (@lilianwagdy), 29 años, periodista egipcia.
  • Colabora en varios medios alternativos, como globalvoices.org.
  • Documenta la realidad política y social de su país a través de Internet.
  • Asistirá a la manifestación de este viernes 8 contra el Consejo militar Supremo.

Lilian Wagdy. El Cairo, junio 2011. (Olga Rodríguez)

Debido a su clara oposición a Mubarak, el siete de febrero de este año -4 días antes de la caída del dictador- Lilian fue despedida de la televisión en la que trabajaba.

“No me importó que me despidieran. Confieso que desde entonces no he buscado otro trabajo. No creo que mi vida vuelva a la normalidad mientras sepa que todavía hay mucho por hacer en la revolución”, afirma en conversación con Periodismo Humano en una cafetería céntrica de El Cairo.

Y añade:

“Lo que está pasando es irrepetible. Todos los días hay cambios, novedades, avances, abusos y retrocesos. Un impulso dentro de mí me obliga a seguirlos, a cubrirlos, a participar en ellos.

“No pienso detenidamente en lo que debo hacer o no. Me dejo llevar. Es algo superior a un razonamiento consciente. Es el intento por un cambio verdadero”.

Periodismo Humano:¿Cuáles son los principales obstáculos en esta etapa de transición en Egipto?

Lilian Wagdy: Son innumerables. Cada vez más gente se está desilusionando con el Ejército y el Consejo militar Supremo que tiene el mando de forma interina. La razón es que no se percibe un cambio real desde la caída de Mubarak. Activistas y blogueros son detenidos y juzgados por manifestarse o por criticar al Ejército.

Por eso la gente se va a manifestar de nuevo este 8 de julio. Miles de civiles han sido juzgado en tribunales militares mientras Mubarak está en Sharm el Sheikh en un resort de cinco estrellas.

Arrestado, sí, pero con todo tipo de facilidades y lujos para él.

Es más, la gente se da cuenta de que los militares son cómplices de la situación actual porque hacen la vista gorda ante los abusos que el Ministerio del Interior comete contra ciudadanos inocentes.

PH: También hay voces que alertan del aumento de poder de los fundamentalistas religiosos.

LW: Sí, es algo que a todos nos preocupa. Los salafistas están hablando alto, pero todo el mundo habla alto después de tantos años de censura. Ahora todo es confuso. Cuando todo se tranquilice empezaremos a ver la dimensión real del nuevo Egipto.

Lilian Wagdy denuncia ante una tv local los abusos por parte del Ejército, tras la citación judicial de la periodista Rasha Azab. Junio 2011 (Foto: Hossam El Hamalawy)

PH: Este viernes se va a celebrar una manifestación que muchos esperan sea multitudinaria. En ella se pedirá, entre otras cosas, la dimisión del general Tantawi, que preside el Consejo militar Supremo que preside de manera transitoria el país.

La situación es insostenible, los ciudadanos se están hartando. El Consejo Militar tiene que dejar el mando. Que vuelvan a lo suyo. Porque no entienden de política, la conciben de manera equivocada.

Necesitamos expertos políticos, gente que pueda liderar y no creo que los militares puedan hacerlo. Necesitamos un sistema diferente, y los militares no pueden llevarnos a ese sistema.

Los militares no están acostumbrados a ser flexibles, a que el pueblo les diga lo que tienen que hacer, no saben escuchar.

Creen que son la línea roja, pero deberían asumir que si cometen un error, nosotros tenemos derecho a exigir que se vayan. Sin embargo lo que hacen es pedir a los medios de comunicación que los encubran.

No diría que estén orquestando la contrarrevolución. Sin embargo, lo que hacen sirve y contribuye a esa contrarrevolución.

Foto tomada por Lilian el pasado viernes en Alejandría, donde iba a comenzar el juicio por el asesinato de Khaled Said, finalmente pospuesto hasta septiembre

PH: Si nada cambia, las elecciones parlamentarias se celebrarán en septiembre. Hay voces que piden el aplazamiento de la convocatoria. ¿Lo crees necesario?

Sí, desde la caída de Mubarak hasta las elecciones solo hay cinco meses. Es poco tiempo para que los partidos políticos nuevos puedan tener músculo.La clave es que la gente esté informada de verdad, para que pueda tomar su propia decisión.

No  interesa excluir a nadie del proceso político, ni a los Hermanos Musulmanes ni a nadie, porque eso se volvería en nuestra contra. Lo importante es educar e informar. Pero para ello se necesita tiempo. Y no lo tenemos.

PH: Arrestos arbitrarios, ataques a manifestantes, prohibición de huelgas y protestas… Ante estos retrocesos, ¿hay cabida para el optimismo en Egipto?

Yo soy muy optimista. No solo porque activistas y periodistas ciudadanos seguimos luchando para mostrar la verdad, sino porque miles de ciudadanos de a pie siguen luchando por sus derechos y siguen tomando las calles a pesar de todo.

Estamos en una etapa un poco marchita, pero la revolución no ha muerto. Estoy segura de que mejorará cuando más gente se dé cuenta de que el Consejo militar y el gobierno de transición no tienen entre sus objetivos los intereses de la revolución.

De izquierda a derecha: Hossam El Hamalawy (entrevistado en estas páginas), Mohannad, Lilian Wagdy, Gigi Ibrahim (entrevistada aquí también) y Sarahsworld. Activistas egipcios (Foto de Lilian Wagdy)

PH: ¿Por qué te defines como periodista ciudadana y no como activista?

Yo en realidad soy periodista, es lo que estudié y es en lo que trabajaba hasta que estalló la revolución. Ahora soy periodista ciudadana. No pienso demasiado en la política o el activismo como vías de cambio.

Creo que el cambio real viene de la comunicación. La comunicación y el arte pueden cambiar realmente las mentes.

De hecho ahora estoy estudiando cine. Esa es mi idea del cambio real, la que está fuera del escenario político y de la agenda activista. Me encantan los directores Tarkovski y Angelopoulus.

PH: Sin embargo tienes una clara postura política, has sido opositora al régimen.

Lo que ocurre es que la oposición política, la mayoría de los movimientos políticos en Egipto, no son lo suficientemente fiables y fuertes para mí. No me motivan.

PH: Pero tu actitud no es pasiva, has denunciado abusos e incluso has colaborado convocando protestas.

Es cierto. Recuerdo que el primer día de las revueltas, el 25 de enero, tenía una cita con amigos. Pero salí de trabajar a las dos de la tarde, como una sonámbula me dirigí a Tahrir, olvidé mi cita, olvidé todo, saqué mi cámara de fotos y empecé a fotografiar.

Había gas lacrimógeno, me lloraban los ojos, me ahogaba, pero solo pensaba en documentarlo todo y en vivirlo, en no perderme aquello.

Incluso ahora no he tomado aún una decisión consciente, no he dicho: “vale, voy a formar parte de esto”. Simplemente me he dejado llevar.

Recuerdo también por ejemplo la toma de las sedes de la policía secreta en marzo.

Yo misma pedí a través de la Red que todo el mundo enviara las direcciones de las oficinas de la policía secreta, y de ese modo logramos elaborar en tiempo récord un mapa de las sedes, con el propósito de tomarlas y evitar así la destrucción de documentos valiosos para futuros juicios a criminales, torturadores y abusadores.

Como yo, cualquier persona puede ser útil, competente, eficaz.

A través de Internet puedes participar en la revolución sin necesidad de militar en un grupo político determinado.

E insisto, eso es periodismo ciudadano. Simplemente escribes sobre lo que ves. No hay mayor denuncia que el relato de la realidad.

Date cuenta de que llevamos décadas de censura y desinformación en mi país.

El periodismo ciudadano puede no ser perfecto, pero rasga la censura en un país en el que aún buena parte de los medios están entregados a las fuerzas cercanas al régimen.

PH: Pero el papel de Internet en Egipto es limitado.

Es cierto. Por ejemplo, ante el referendum que se convocó en marzo para cambiar algunos artículos de la Constitución, yo diría que el 90% de los usuarios de Internet éramos partidarios de votar no.

Y sin embargo ganó el sí por abrumadora mayoría.

Tras aquello, los activistas se dieron cuenta de que había que llegar a las áreas remotas, al campo, para informar a la gente, para convencer a través de charlas.

Los Hermanos Musulmanes sí tienen gran influencia fuera de las grandes ciudades, en el campo, donde apenas se usa Internet.

Y no es sólo por una razón relacionada con la religión, las causas principales de su popularidad son otras.

Los Hermanos Musulmanes invierten económicamente en las zonas rurales, tienen sus propios centros médicos y comunitarios, ofrecen servicios, la gente confía en ellos.

Por eso, lamentablemente para nosotros, ganó el sí en el referéndum: porque ellos pidieron el sí.

Hay mucha gente que dice que dejemos de hablar entre nosotros en twitter y facebook, gente que propone que salgamos y seamos parte de la calle, que actuemos en el terreno.

Y de hecho muchos lo hacen, trabajando en proyectos, en comisiones sociales, de economía, artísticas, buscando la participación de todos los ciudadanos, para que todos tomen conciencia política.

PH: Antes del inicio de las revueltas había habido ya cientos de convocatorias de manifestaciones que sin embargo no fueron masivas ¿Por qué crees que la del 25 de enero funcionó?

El 25 de enero es algo que no entiendo bien aún. Quizá ningún egipcio lo entienda. Pero lo cierto es que este país está cambiando tras 30 años de opresión.

No queremos solo un cambio cosmético, buscamos un cambio real desde abajo para crear un Egipto nuevo.

Solo pienso en que podremos conseguir nuestros propósitos. Es algo muy confuso, hay cambios, hay retrocesos, de nuevo avances… Creo que habrá muchos egipcios traumatizados mucho tiempo porque no hay tiempo para asimilar y analizar todo.

PH: Dices que estás al margen de la política pero hablas en primera persona del plural. ¿Quiénes sois vosotros?

Nosotros, los egipcios. El pueblo. Estoy al margen de la política pero apoyo las actividades de la revolución, de hecho mi madre participa en esas actividades y yo intento estar involucrada en todo lo que ocurre.

Mi madre es cristiana y mi padre musulmán. Ella está retirada profesionalmente ya, así que tiene tiempo para tomar partido.

De todas formas los dos siempre han sido activos políticamente, mi padre especialmente. 

Mujeres y hombres en la hora del rezo. Mayo 2011 (Lilian Wagdy)

PH: Se han registrado varios episodios de violencia contra las mujeres. Tú luchas por ser una mujer libre, ¿cómo lo vives, con qué dificultades te encuentras?

Ante todo soy de nacionalidad egipcia, como el resto de mis compatriotas, sin distinción de género. No veo el mundo en términos de género, no quiero que la gente piense “oh, es una mujer, está en la calle sola, cubriendo un enfrentamiento, asume riesgos”.

En las revueltas, en las manifestaciones, éramos muchos. Sarah estaba allí, Hossam estaba allí, Mohamed estaba allí,  mujeres y hombres, todos egipcios, todos iguales.

Yo creo que lo que hago me define, no mi género. Podría estar diciendo lo mismo si fuera un hombre. Lo que hago me define.

PH: Pero hay discriminación contra las mujeres…

Sí, yo lo he denunciado, he participado en las campañas contra el acoso sexual, por ejemplo. Pero ni quiero ni necesito sentirme protegida por nadie, siempre he rechazado esa idea.

No quiero definir mi identidad a través del género. No quiero vivir condicionada por la discriminación. No me gusta la idea de que las mujeres son sumisas.

Es cierto que algunas mujeres que sufren abusos se callan, no denuncian porque no pueden hablar libremente. Pero también es cierto que muchas se levantan contra la desigualdad y los abusos, que no se callan, que no aceptan el papel de víctimas.

[Para ver otras voces egipcias: "Así hicimos la revolución" (Gigi Ibrahim), "Los abusos sexuales que todos llaman tests de virginidad", "La cara oculta del nuevo Egipto", Egipto envía su apoyo al 15m,"Las estructuras del régimen permanecen casi intactas" (Hossam El-Hamalawy)]


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Ver vídeos de arriba.

Batalla en el centro de El Cairo entre manifestantes y policía. (Cortesía de Lilian Wagdy)

En este post se irán actualizando datos.

Según el Ministerio de Sanidad egipcio, hay 1.114 personas heridas en los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, algunos son familiares, amigos y simpatizantes de las más de 800 víctimas mortales de las revueltas que derrocaron a Mubarak y que tuvieron lugar entre el 25 de enero y el 11 de febrero.

Un manifestante muestra botes de gas lacrimógeno lanzado por la policía. De fabricación estadounidense (Lilian Wagdy)

La policía ha empleado gases lacrimógenos, porras y piedras -e incluso pistolas eléctricas (ver post anterior)- y ha detenido a un número indeterminado de manifestantes.

Decenas de testigos afirman que los agentes han arrestado a heridos en las ambulancias y en hospitales.

Médicos y voluntarios se han trasladado a Tahrir para atender a los heridos y ayudar en su evacuación (Lilian Wagdy)

Los manifestantes han hecho uso de piedras y adoquines arrancados -de nuevo, al igual que en enero-febrero- del suelo de la plaza Tahrir y alrededores.

Corean eslóganes en los que exigen la dimisión del general Tantawi, al frente del Consejo Supremo militar de transición.

Ver vídeo:
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25 movimientos sociales y agrupaciones políticas han difundido un comunicado en el que condenan la violencia policial empleada en las últimas horas.

En él exigen la inmediata puesta en libertad de los manifestantes detenidos, una investigación urgente de lo sucedido, la dimisión del jefe de seguridad de las fuerzas de seguridad en El Cairo, así como la del máximo responsable militar del ministerio del Interior.

También solicitan que se ponga fin a las presiones que las familias de las víctimas de la revolución están recibiendo para retirar los cargos presentados en los tribunales contra los oficiales de la policía responsables de las muertes.

04:00 del 30 de junio: Un tribunal ha ordenado al Ministerio del Interior que entregue una compensación económica a un hombre que resultó herido en un ojo durante las revueltas que derrocaron a Mubarak.

Con este gesto pretende aplacar las protestas de estos días. Pero en las revueltas murieron unas 850 personas y miles más resultaron heridas, según cifras oficiales.

El propio ex ministro del Interior, Habib al-Adli, ya condenado por corrupción, está pendiente de juicio por la muerte de cientos de manifestantes.

Su juicio se pospuso de nuevo esta semana, algo que sin duda ha aumentado el hartazgo de familiares y amigos de las víctimas, así como de las agrupaciones de activistas.

Desde la caída de Mubarak se han registrado numerosas protestas contra nuevos casos de represión, arrestos arbitrarios, prohibición de huelgas y manifestaciones, juicios militares a civiles -al menos 5.600 desde la caída del dictador- así como contra posibles pactos con organismos financieros internacionales como el FMI, cuya ayuda acaba de rechazar el gobierno egipcio.

Nube de gas lacrimógeno lanzado por la policía en las inmediaciones del ministerio del Interior. El Cairo (Khalil Hamra/AP)

Desde hace semanas diversos movimientos políticos y sociales preparan una nueva convocatoria de protestas para el 8 de julio, para exigir la celebración de elecciones antes de la redacción de una nueva Constitución, para protestar contra el Consejo militar transitorio, y para pedir el fin de políticas económicas y sociales que han aumentado el nivel de pobreza y desigualdad social en el país.

Pero ante los acontecimientos de las últimas horas, están haciendo un llamamiento para adelantar la fecha de dicha protesta.

De hecho se han instalado ya las primeras tiendas de campaña en Tahrir, con la intención de llamar a una nueva acampada.

Este jueves los activistas se están citando a las puertas de la Corte donde se celebrará el juicio por el asesinato de Khaled Said, muerto el pasado verano a manos de la policía secreta. Su fallecimiento marcó el prólogo del a revolución.

Un grupo de activistas se ha trasladado ya desde El Cairo a Alejandría, donde va a tener lugar el juicio.

Guerra de piedras en los alrededores del ministerio de Información en el segundo día de enfrentamientos en El Cairo (AP)

CÓMO EMPEZARON LOS ENFRENTAMIENTOS

Los primeros incidentes se registraron el martes, cuando algunos familiares de las llamadas víctimas de la revolución acudieron al teatro Ballon, donde se iba a celebrar un homenaje en memoria de los fallecidos en enero y febrero.

Pero allí las fuerzas de seguridad les denegaron la entrada porque el homenaje solo estaba destinado a una decena de víctimas, todas ellas policías, ningún manifestante.

Algunos familiares protestaron y, según los testigos, la tensión aumentó.

Una mujer de avanzada edad recibió una bofetada de un policía, según han relatado testigos al diario Al Ahram.

Su hijo respondió abalanzándose sobre el agente y de ese modo comenzaron los enfrentamientos que terminaron con varios heridos y detenidos.

Posteriormente algunos familiares de víctimas se reagruparon en Tahrir y acudieron a protestar al ministerio del Interior para solicitar la puesta en libertad de los arrestados horas antes.

A la misma hora se registraba otra protesta frente a la sede de la televisión estatal -Maspero-, una sentada iniciada el viernes para demandar el juicio del ex ministro del Interior.

Finalmente todos confluyeron en Tahrir.

Varios periodistas y activistas han denunciado la intervención de infiltrados que intentaron provocar a los manifestantes, causaron desperfectos en establecimientos e insistieron en conducir al teatro Balloon a familiares de víctimas que protestaban en Maspero.

(Para más contexto, ver más info en posts anteriores)


La plaza Tahrir de El Cairo vuelve a ser escenario de enfrentamientos

Actualización, 15:40: Ministerio de Sanidad informa de que hay más de 600 heridos

Actualización 17:50: 1.114 heridos, cifras del ministerio de Sanidad. Entre los heridos, familiares de víctimas de las revueltas que derrocaron a Mubarak.

Las Fuerzas de Seguridad Central detuvieron ayer tarde a varias personas que protestaban en la calle exigiendo investigación y justicia para las más de 800 personas fallecidas durante la llamada revolución egipcia. Entre los manifestantes detenidos ayer había familiares de las “víctimas de la revolución”.

En los arrestos emplearon la fuerza e incluso usaron pistolas eléctricas, tal y como se aprecia en este vídeo difundido por la activista Gigi Ibrahim:

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Todo comenzó a media tarde: Algunos familiares de las llamadas víctimas de la revolución habían acudido al teatro Ballon para asistir a un homenaje en memoria de los fallecidos.

Según han relatado varios testigos y activistas, la tensión se desató después de que las fuerzas de seguridad del teatro les denegaran la entrada.

La policía empleó la fuerza contra familiares y simpatizantes de las “víctimas de la revolución”.

Las protestas se trasladaron entonces al ministerio del Interior y posteriormente a Tahrir, donde la policía hizo uso de piedras y de gases lacrimógenos de fabricación estadounidense. Algunos manifestantes también usaron piedras como arma arrojadiza.

Decenas de personas resultaron heridas, según han informado varios medios de comunicación egipcios.

Manifestante herido al ser alcanzado por un bote de gas lacrimógeno arrojado por la policía (Mos'ab Elshamy)

Hoy es 28 de junio: Justo cinco meses después del 28 de enero volvemos a la calle” , recordaban los activistas a través de la Red, en referencia a la gran manifestación del 28 de enero que impulsó las revueltas iniciadas el 25 de enero.

Varias personas presentes en Tahrir fueron relatando los acontecimientos vía twitter

El activista Hossam El Hamalawy (@3arabawy) cuenta que hay manifestantes heridos en la cabeza tras ser alcanzados por botes de gas lacrimógeno lanzados por la policía.

Uno de los eslóganes más coreados anoche fue “el pueblo quiere la caída del general”, en referencia al general Tantawi, líder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en la transición. También se exigió la agilización del juicio contra el ex ministro del interior.

"Enfrentamientos en la calle M Mahmoud", indica este twit y añade que tiene noticias de que los heridos están siendo arrestados en los hospitales

La periodista Lilian Wagdy decidió salir de su casa ya de madrugada rumbo a Tahrir con más gente con la que se citó a través de la Red: “Necesitamos llevar material médico, máscaras, vinagre y comida a Tahrir”.

Mona Seif: “Las motos son nuestras, van al frente donde se desarrollan los enfrentamientos, cogen a los heridos y los llevan a las ambulancias o a los doctores” (algunos médicos se trasladaron a Tahrir)

La activista Gigi Ibrahim, tras abandonar Tahrir, de madrugada: “Estoy bien, un par de heridas superficiales tras caerme mientras corría y ser alcanzada por una “piedra amiga” pero fastidiada por culpa del gas lacrimógeno”

En los últimos meses la decepción ha crecido en diversos movimientos sociales impulsores de las revueltas.

Tal y como ha denunciado Human Rights Watch, desde la caída de Mubarak hasta ahora se han celebrado al menos 5.600 juicios militares contra civiles cuyo único delito en buena parte de los casos ha sido criticar en público al Ejército o manifestarse.

Siguen registrándose arrestos arbitrarios con torturas e incluso graves episodios de represión, como el ocurrido el 9 de abril, cuando la policía militar irrumpió en Tahrir con el objetivo de disolver una acampada de unas 3.000 personas.

En aquella operación las fuerzas de seguridad dispararon durante dos horas y media de manera ininterrumpida. Las cifras oficiales ofrecieron un balance de dos muertos, 71 heridos, decenas de manifestantes arrestados.

El gobierno interino ha aprobado recientemente una ley que prohíbe protestas y huelgas, a pesar de que aún mantiene en vigor la ley de emergencia de 1981, que restringe el derecho a las manifestaciones.

Por todo ello diversos movimientos y organizaciones de la sociedad civil continúan convocando manifestaciones, en las que también denuncian la situación heredada del régimen, caracterizada por altos niveles de pobreza -con el 40% de la población viviendo con un dólar al día- la injusticia social y la carencia de servicios públicos fundamentales, como la atención sanitaria gratuita.

Desde hace semanas los activistas preparan una nueva convocatoria de protestas. La cita será el 8 de julio, bautizada ya como el viernes de la ira o la marcha del millón.


Tras el rechazo de Egipto a las ayudas del FMI, 67 agrupaciones de 12 países árabes denuncian que los organismos financieros internacionales promueven modelos de injusticia social y económica.

Protesta en la plaza de Tahrir de El Cairo, marzo 2011 (Olga Rodríguez)

Hace unos días Egipto rechazó ayudas del Fondo Monetario Internacional (FMI), a pesar de que semanas antes había firmado un acuerdo en el que se contemplaba la cesión por parte del FMI de un préstamo de 3.000 millones de dólares a doce meses con un interés del 1,5%.

El ministro de finanzas egipcio, Samir Radwan, explicó que se han reducido sus perspectivas de déficit para el curso fiscal 2011/2012 y que por esa razón Egipto no necesita financiación de los organismos financieros internacionales.

A pesar de este rechazo de los préstamos, Radwan quiso recalcar que las relaciones de Egipto con el FMI son “excelentes” y expresó su confianza en recibir ayuda del exterior a través de otros canales.

De momento, Qatar ha entregado -”como regalo”- a El Cairo 500 millones de dólares para reforzar el presupuesto y Arabia Saudí ha ofrecido una cantidad similar de ayuda directa.

Algunos analistas ven en esta jugada un intento de arrastrar a Egipto a la órbita de influencia de los países del Golfo en un momento en que las piezas del puzzle de la región se recolocan tras la ruptura del status quo provocada por las revueltas árabes.

67 GRUPOS CRITICAN LA AYUDA OCCIDENTAL CONDICIONADA

Este lunes diversos movimientos sociales y ong´s han insistido en denunciar que la ayuda occidental puede amenazar los objetivos de justicia social e igualdad económica.

La ong Network for development ha indicado que la liberalización del comercio, la inversión y la desregulación impulsadas por Estados Unidos y la Unión Europea como parte de sus paquetes de ayuda, contribuyeron al estallido de las revueltas.

También ha expresado su temor a que los gobiernos de transición de Túnez y Egipto – no elegidos por los ciudadanos- adopten decisiones que obliguen a los futuros gobiernos a aplicar reformas neoliberales a largo plazo.

“Los condicionantes no deberían ser impuestos a través paquetes de ayudas promovidos en nombre del apoyo a la democracia. Son los ciudadanos los que deberían decidir el camino hacia el desarrollo de cada país, a través de procesos constitucionales y del diálogo nacional”, señala un comunicado firmado por 67 grupos de la sociedad civil de doce países árabes.

“Los gobiernos occidentales tienden a confundir la transición a la democracia con la transición a la liberalización porque sirve a sus intereses, aunque no necesariamente a los de las poblaciones que ellos dicen apoyar”, indica la organización Counter Balance, una de las firmantes.

El comunicado, suscrito por  67 grupos civiles del mundo árabe y hecho público esta semana, denuncia que las instituciones financieras internacionales han promovido de manera sistemática modelos de injusticia económica que han conducido al empobrecimiento y marginación de importantes sectores de la población en el Norte de África y Oriente Medio.

Por ello proponen que los países y organismos financieros occidentales eliminen por completo la imposición de condiciones políticas a la hora de entregar las ayudas, cancelen la deuda, garanticen transparencia total en la entrega de cualquier ayuda y permitan la renegociación de los acuerdos de comercio internacional y de los compromisos económicos adoptados por anteriores gobiernos, entre otras propuestas.

LA OPOSICIÓN AL FMI

Diversos movimientos que participaron en la llamada revolución egipcia llevan tiempo mostrando su oposición a la recepción de préstamos del FMI.

El propio ministro egipcio de Finanzas ha reconocido que su decisión de rechazar el “paquete de ayudas” ha estado condicionada por las denuncias de diversos grupos de activistas, contrarios a mantener una política económica similar a la del régimen, condicionada por los dictados del FMI y el Banco Mundial.

La desconfianza de un sector importante de la sociedad egipcia ante estos dos organismos internacionales es evidente.

A través de las recomendaciones y programas económicos del FMI y el Banco Mundial, la dictadura de Mubarak llevó a cabo un proceso de liberalización, apostó por la inversión extranjera en vez de invertir en mercados locales sostenibles, recortó subsidios y llevó a cabo un proceso de privatización de empresas públicas.

Lejos de mejorar la situación económica de Egipto, los programas económicos implementados contribuyeron a incrementar la pobreza y las desigualdades, hasta llegar a una situación que desembocó en las revueltas de enero.

Mercado en el centro de El Cairo. Abril 2011 (Olga Rodríguez)

Al mismo tiempo, importantes figuras del régimen estuvieron ligadas a los organismos internacionales, siguiendo sus directrices o incluso ocupando puestos de responsabilidad en ellos.

Es el caso de Mahmoud Mohieldin, ministro de inversiones hasta 2010, actual managing director del Banco Mundial, así como de Rachid Mohamed Rachid, ministro de industria con Mubarak y de Youssef Boutros Ghali, ministro de finanzas egipcio hasta febrero de este año y a la vez presidente de la Comisión Monetaria y Financiera del FMI, principal asesor del organismo internacional.

Tanto Rachid como Boutros Ghali han sido acusados por corrupción y condenados en ausencia por tribunales egipcios a penas de prisión de 5 y 30 años respectivamente.


Médicos egipcios en huelga el pasado mes de mayo. "Merecemos sueldos más altos", reza el cartel. (Amr Nabi/ AP)

En Egipto la sanidad pública apenas cubre las necesidades básicas de los pacientes.

“Mi madre -explica el joven activista Kareem El Beherey- contrajo hepatitis C mientras trabajaba. Ahora no puede afrontar el pago del tratamiento que necesita”.

Su caso no es aislado. Por eso los médicos egipcios están impulsando huelgas y manifestaciones en demanda de salarios dignos y de inversión en la sanidad. Lo hacen a pesar de que el gobierno ha aprobado una ley que prohíbe las protestas.

Una de las agrupaciones organizadoras de las huelgas es el movimiento “Doctores sin derechos”, liderado por la doctora Mona Mina.

“La salud de los egipcios aún está en la cola del listado de prioridades del Estado, a pesar de que estamos ante una necesidad urgente”, afirma Mina.

“Las hepatitis son muy comunes en este país y sin embargo la mayoría de los enfermos de riñón tienen que pagar por sus medicinas. Hay gente que no puede afrontarlo, que muere por no poder pagar un transplante de riñón”, protesta el doctor Mohamed Shafik.

Se calcula que el 15% de la población está infectada con hepatitis C. Cada año se registran 500.000 casos nuevos, más que en ningún otro país del mundo.

Los tres médicos. De derecha a izquierda, Mohamed Tawfik, Mohamed Shafik y Ahmed Fayed. El Cairo, junio (Olga Rodríguez)

Tanto Shafik como los doctores Ahmed Fayed y Mohamed Tawfik se reúnen en El Cairo para hablar con Periodismo Humano.

Shafik se define como un hombre de ideas socialistas, Fayed se considera liberal y Tawfik pertenece a la rama de los jóvenes de los Hermanos Musulmanes, discrepante con los líderes del movimiento en algunos aspectos, por ejemplo, en lo relativo a las manifestaciones y huelgas.

Mientras la cúpula de la hermandad se opone a las protestas, los jóvenes de los Hermanos Musulmanes las apoyan y participan en ellas.

A pesar de sus diferencias ideólogicas, los tres médicos comparten un mismo objetivo: La apuesta por un movimiento de trabajadores que exija salarios dignos e inversión en la sanidad pública.

“Con Mubarak la gente moría en los hospitales por falta de servicios públicos. Sin Mubarak esto sigue ocurriendo. La única diferencia, por el momento, es que yo ahora puedo criticar al gobierno, pero mi voz no será difundida en buena parte de los periódicos”, protesta el doctor Shafik.

El hospital Manshiet el Bakry de Heliopolis, en la periferia de El Cairo, se ha convertido en icono de un nuevo modelo de unión de trabajadores, al crear el primer sindicato en Egipto formado por todos los empleados, desde doctores y enfermeros hasta personal de la limpieza y el transporte.

Votaron, decidieron echar al director -al que acusaron de ser un servidor del régimen- y eligieron a un nuevo gerente, un cristiano copto entre una mayoría de musulmanes.

“Yo estuve en la plaza de Tahrir los 18 días de la revolución. Y aunque aquello fue único, para mi lo más emocionante y conmovedor que he vivido nunca ha sido ver cómo las enfermeras, los limpiadores, los trabajadores, deciden en asamblea cómo gestionar el dinero del hospital, tras tantos años de corrupción”, explica Mohamed Shafik, que ahora se encarga de asesorar a otros centros médicos para que constituyan sindicatos similares.

Los tres doctores, que trabajan en distintos hospitales, tienen un sueldo base de 50 dólares mensuales. A veces llegan a trabajar cien horas a la semana para poder cobrar extras y vivir decentemente.

“Si me pongo enfermo no podré mantener a mi familia. Podría intentar irme a un centro privado, pero creo en la sanidad pública, en la necesidad de apostar por ella”, indica el doctor Shafik. Y añade:

Como médico, si tienes moral, serás siempre pobre. Mientras, hay una elite que controla los masters en las universidades, las escuelas médicas, que abren hospitales, clínicas, que hacen negocio. Pero eso no ayuda a la mayoría de los egipcios, que no pueden afrontar el pago de su atención médica.

Menos de un tercio de los licenciados en medicina en Egipto trabajan como doctores. Esto se debe a que buena parte de los médicos emigra a los países del Golfo en busca de salarios dignos. Otros terminan ejerciendo otras profesiones para poder llegar a fin de mes.

Las mujeres emigran menos que los hombres. Por eso en hospitales como Manshiet el Bakry ellas ocupan el 60% de los puestos médicos, a pesar de que aún hay más licenciados que licenciadas.

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(Vídeo: Huelga de médicos el pasado 29 de mayo. El doctor Shafik, entre otros, ofrece declaraciones).

“No quiero emigrar -indica el doctor Fayed- Sería como abandonar mi país, en el peor sentido del término. Algunos medios de comunicación nos acusan de egoístas por hacer huelgas. Presentan a los médicos como si fuéramos todos ricos. No se dan cuenta de que esta lucha no es solo por nuestros sueldos, sino por una sociedad más justa en la que la gente deje de morirse por enfermedades no muy graves”.

“El 40% de la población vive con un dólar al día y los hospitales demandan el pago de las medicinas. Es cruel e inmoral”, añade el doctor Tawfik.

Hace unos días médicos de diversas tendencias políticas se manifestaron de nuevo en el centro de El Cairo y en sus centros de trabajo, ataviados con sus batas blancas. Ya han anunciado nuevas protestas.

Demandan una apuesta por la inversión en la sanidad pública, un sueldo mínimo de 200 dólares y un sueldo máximo que no supere 25 veces el sueldo mínimo.

“La dignidad de los egipcios es nuestra línea roja”, es uno de sus lemas.

“En las revueltas murieron más de 800 personas, algunas fallecieron en nuestras manos. Eso no se olvida fácilmente. No murieron por nada. Por eso no podemos permitir que los nuevos gobernantes secuestren la posibilidad de un cambio real”, señala Shafik con gesto conmovido.


Butros-Ghali, condenado a 30 años de cárcel y buscado por la Interpol
Presidió hasta febrero la Comisión Monetaria y Financiera del FMI

(Pinchar en enlace: Página de la Interpol: Ficha de Butros Ghali)

Youssef Butros-Ghali y Dominique Strauss-Khan durante el encuentro del G-20 en abril de 2010. (Cliff Owen/AP)

Una de las principales causas del estallido de las revueltas en Egipto fue sin duda la represión constante ejercida por el régimen contra disidentes, críticos, blogueros y opositores políticos. Pero existen además otros factores que colmaron el vaso y son los relacionados con la situación económica del país árabe y las prácticas de corrupción ejercidas por buena parte de los integrantes del gobierno, incluido el propio Mubarak.

Algunos de esos abusos, que han agrandado más aún la brecha entre ricos y pobres, se cometieron en el marco de la llamada reforma económica egipcia iniciada en los años noventa y a través de la cual se impulsó un proceso de privatización de empresas públicas con el asesoramiento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Ahora algunos de los ex ministros y hombres fuertes del régimen de Mubarak afrontan procesos en los tribunales, acusados de haber vendido propiedades estatales a capital extranjero o a empresarios egipcios cercanos al gobierno por un precio inferior a su valor real en el mercado, y de haberse lucrado con dichas transacciones.

De hecho se han presentado en los tribunales varias demandas en las que se solicita la recuperación por parte del Estado de algunas empresas privatizadas. Es el caso de la cadena de tiendas Omar Effendi, de propiedad estatal hasta que en 2006 fue vendida a una compañía saudí. La justicia egipcia ha ordenado su re-nacionalización por haber sido vendida a un precio inferior a su valor real.

Por la misma razón los tribunales también han declarado ilegal una venta de terrenos estatales realizada durante el régimen a la compañía Palm Hills, presidida por personas cercanas a Gamal Mubarak, hijo del ex presidente.

Uno de los hombres que impulsó la política de privatizaciones fue el ex ministro de finanzas Youssef Butros Ghali, miembro de una influyente familia de políticos (es sobrino del ex secretario general de la ONU Butros Butros Ghali). En la década de los ochenta fue uno de los negociadores de la deuda externa de su país, un proceso que desembocó en las privatizaciones y en la amplia apertura a las inversiones extranjeras.

En 2004, ya como ministro, continuó con la misma línea en política económica. En 2008 ocupó el puesto de presidente del Comité Monetario y Financiero del Fondo Monetario Internacional (CMFI), principal comité asesor de la Junta de gobernadores del FMI. Era habitual verle en las fotografías con Strauss-Khan y John Lipsky, número uno y dos del FMI. El estallido de las revueltas provocó su dimisión como ministro y como presidente del CMFI y de ese modo se produjo la caída de uno de los integrantes de la cúpula del organismo internacional.

Es curioso observar cómo apenas se ha prestado atención a lo que sin duda habría que denominar el otro gran escándalo del FMI. Butros Ghali huyó de Egipto un día después del derrocamiento de Mubarak. El gobierno egipcio ha cursado una orden de extradición a la Interpol. Pesan sobre él diversos cargos por corrupción, por los que ha sido condenado en ausencia a 30 años de prisión.

EL EX MINISTRO DE INVERSIONES EGIPCIO, TERCER HOMBRE DEL BANCO MUNDIAL

Uno de los hombres cercanos a Butros Ghali es el ex ministro de Inversiones Mahmoud Mohieldin, quien en la actualidad -y desde octubre de 2010- ocupa una de las tres direcciones generales del Banco Mundial y por tanto uno de los cargos clave del organismo internacional. Abogados y activistas egipcios le acusan de practicar el favoritismo y le involucran en la privatización de una cadena de hoteles que habría sido vendida a un precio menor de su valor real.

Un informe publicado recientemente por el propio gobierno egipcio reconoce que en los últimos años en el país árabe han crecido la pobreza y las desigualdades, aún más visibles a raíz del aumento de los precios de alimentos básicos como el pan en el año 2008, producido, entre otras razones, por la especulación de los mercados financieros internacionales.

Por eso, y a pesar de la prohibición de las protestas, desde hace ya algunos años se han sucedido las manifestaciones y huelgas de los trabajadores en las calles y en las fábricas, en demanda de salarios dignos, derechos laborales y un mejor reparto de la riqueza. Pero nada de esto parecía importar a la comunidad internacional.

De hecho el Banco Mundial elogió la política económica económica egipcia en varios informes, como el “Doing Business Report” de 2008 y 2009, encargado de medir en distintos países la facilidad para hacer negocios con capital extranjero. El propio Mahmoud Mohieldin recibió el Premio Doing Business Report de 2010.

En octubre de ese mismo año Mohieldin fue nombrado Managing Director del Banco Mundial y Director del Programa de Reducción de la Pobreza de dicho organismo, cargos que aún ocupa en la actualidad.

“Que uno de los responsables de la política económica egipcia de los últimos años, que ha fomentado la distancia entre ricos y pobres, sea director del programa de reducción de la pobreza del Banco Mundial, da que pensar”, han denunciado varias agrupaciones impulsoras del movimiento 25 de enero.

Cuando estallaron las revueltas en Egipto, el hasta hace poco director del FMI, Strauss-Khan, admitió la existencia del factor económico como una de las causas de los levantamientos, al afirmar que “lo que ocurre en el norte de África muestra que no es suficiente tener en cuenta los buenos datos macroeconómicos; tenemos que mirar mucho más allá de eso”.

Ante esta afirmación es inevitable preguntarse si hasta la fecha el señor Strauss Khan y el resto del equipo del organismo financiero que presidía no se habían dado cuenta de que el primer marcador a tener en cuenta para felicitarse o no es el referido a las condiciones de vida de los ciudadanos; de que, haciendo uso de su expresión, las personas también existen y están “más allá” de la macroeconomía.

Ironías al margen, lo cierto es que la pobreza, el incremento de las desigualdades y la corrupción extendieron una ola de indignación entre buena parte de la población egipcia, cansada de ver cómo una minoría, la elite política y económica del país, se enriquecía cada vez más, con el beneplácito de los organismos financieros internacionales.

No se puede negar la existencia de causas económicas y sociales en el estallido de las revueltas egipcias. Los egipcios, al igual que los tunecinos, han exigido libertad, pan, vivienda y salarios dignos y una democracia genuina liderada por gobiernos con autonomía -”no queremos una democracia importada”, ha sido una de las consignas más coreadas-.

Sus demandas se sitúan a su vez en un contexto global marcado por la crisis de un modelo económico insostenible que juega solo a favor de unos pocos y que no hace ascos a las dictaduras que asumen la voracidad de sus códigos.