El minotauro anda suelto

Más de quinientos días en una celda de aislamiento en una cárcel israelí. Ese es el tiempo que lleva incomunicado Ahmad Saadat, el diputado y Secretario General del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Pero su historia no empieza aquí.

Campaña contra el aislamiento de Saadat

Hijo de refugiados palestinos, comenzó a militar tras la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel invadió y ocupó los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania, así como los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio.

En 2001 se convirtió en el máximo líder del FPLP al suceder a Abu Ali Mustafa, asesinado por el Ejército israelí en agosto de ese mismo año. Abu Ali Mustafa fue uno de tantos palestinos muertos en asesinatos extrajudiciales cometidos por las Fuerzas Armadas israelíes, sin juicio previo, en un acto fuera de la ley, sin sentencia más allá que la de las balas y las bombas.

El 17 de octubre de 2001 un comando del FPLP asesinó al Ministro de Turismo israelí para vengar la muerte de su líder. Ese mismo día el gobierno israelí inició una operación militar de castigo en Cisjordania.

Poco después la Autoridad Nacional Palestina detuvo a los cuatro presuntos asesinos del ministro de Turismo israelí; y, por presiones israelíes, arrestó al propio Ahmad Saadat. Todos fueron enviados a la cárcel de la Mukata.

En marzo de 2002 Israel puso en marcha otra operación militar de castigo, llamada Muro Protector, en la que mató a más de 500 palestinos. En el marco de la misma, las tropas israelíes entraron en varias ciudades palestinas, entre ellas, Ramala, Nablús, Jenín o Belén. Tomaron sus calles, bombardearon cuarteles generales de las fuerzas de seguridad palestinas, viviendas de civiles y campos de refugiados.

En Ramala, los tanques y soldados israelíes rodearon la residencia presidencial de Yaser Arafat, la Mukata, y para acercarse a ella, se sirvieron de unos cincuenta civiles palestinos que usaron a modo de escudos humanos. Con misiles y excavadoras destrozaron parte del recinto donde permanecían Arafat y sus hombres junto a funcionarios administrativos, sin luz, sin agua y con apenas alimentos.

Israel exigió reiteradamente a Arafat que entregara al ejército israelí a Ahmed Saadat y a los otros cuatro presos palestinos acusados del asesinato del ministro israelí. Arafat se negó.

Los cuatro prisioneros fueron juzgados de manera apresurada ante una corte militar improvisada dentro de la propia Mukata, con los tanques israelíes apuntando, en un proceso lleno de irregularidades y sin garantías que no duró más de dos horas. No hubo ni pruebas ni confesiones. Fueron condenados a penas de entre 1 y 18 años de prisión;  Ahmad Saadat no fue acusado.

Se produjo entonces un acuerdo patrocinado por los gobiernos británico y estadounidense, conocido como el Acuerdo de Ramala. El ministro de Exteriores británico, Jack Straw, informó del mismo ante la Cámara de los Comunes. A través del pacto, el Ejército israelí aceptaba poner fin al asedio a Arafat en la Mukata a cambio de que Ahmad Saadat y los otros cuatro presos palestinos fueran trasladados a una cárcel palestina de mayor seguridad.

El acuerdo contemplaba que fueran custodiados por observadores internacionales, y así se hizo. Fueron trasladados a la cárcel de Jericó, donde debían estar vigilados además de por los policías palestinos de la prisión, por los observadores internacionales.

Poco después El Tribunal Supremo palestino declaró el arresto de Saadat inconstitucional  y ordenó su inmediata puesta en libertad. El ejecutivo palestino optó por mantenerle en prisión “debido a las amenazas israelíes de asesinar a Saadat“.

En concreto, se refería al anuncio del portavoz del gobierno israelí, advirtiendo de que si “Saadat no es llevado ante la justicia, nosotros llevaremos la justicia hasta donde él esté. No se puede dejar en libertad a los asesinos”.

Debido a que no había sido juzgado y no había ni cargos criminales ni pruebas contra él, Amnistía Internacional pidió la libertad de Saadat y garantías para su seguridad. Pero Saadat siguió preso.

Presos palestinos salen de la cárcel de Jericó, 2006 (AP/B. Ratner)

En 2006 Hamás ganó las elecciones legislativas y de inmediato Israel se puso en guardia. No tuvo pudor alguno en organizar un ataque contra la cárcel palestina de Jericó para secuestrar a los prisioneros. Pocos minutos antes del inicio de la operación habían abandonado sus puestos los observadores internacionales -británicos y estadounidenses- conscientes sin duda de lo que iba a acontecer.

El ejército israelí destrozó parte de la prisión con misiles y con excavadoras, en una ofensiva que provocó 3 muertos y decenas de heridos. Los policías palestinos y la mayoría de los prisioneros, obligados por los soldados israelíes, salieron del recinto con las manos en alto. Las televisiones de todo el mundo ofrecieron en sus informativos esas imágenes.

En un principio Ahmed Saadat y sus compañeros se negaron a rendirse; pero finalmente se entregaron y de este modo, secuestrados, fueron conducidos a una cárcel de máxima seguridad israelí. En diciembre de 2008 Ahmed Saadat fue condenado por un tribunal militar israelí a 30 años de prisión.

En marzo de 2009 fue  internado en régimen de aislamiento en la prisión de Asqelan. En agosto de ese mismo año fue trasladado a otra celda de aislamiento en la cárcel Ramon en el desierto del Naqab. Ahora, una vez más, diversos grupos palestinos e internacionales en defensa de los derechos humanos han lanzado una campaña para exigir justicia y libertad para Saadat y el fin de su aislamiento.

Saadat no es el único importante líder político palestino que se encuentra en la cárcel. En 2006, tras la victoria electoral de Hamás, Israel arrestó a varios ministros del gobierno palestino y más de una veintena de diputados.

Ya durante la campaña electoral de las legislativas palestinas de 2006, 21 de los más de 300 aspirantes a diputado estaban presos. Entre ellos, el número uno de las listas de Fatah, el popular Marwan Barguti, encarcelado desde 2002.

Tanto Saadat como Barguti forman parte del ideario colectivo del pueblo palestino como símbolos de la resistencia. Ambos están en la lista que Hamás ha presentado con los nombres de los palestinos que deben ser puestos en libertad por Israel para que, a cambio, se produzca la entrega del soldado israelí Gilad Shalit, detenido por tres milicias palestinas en Gaza en junio de 2006.

(7) Comentarios

  1. El rostro de Ahmad, no es en absoluto el de un ser peligro para otros.
    Y me ha alegra que exista una campaña en su favor. Es de alli de donde he podido verlo fisicamente.
    Hay causas que entran derechas al corazon por los rostros.
    Ni a un animal se le debe aplicar el castigo de la incomunicacion, sin violar el minimo respeto y humanidad.
    Siempre, desde niños han existido los monstruos, en nuestras diarias pesadillas. Monstruos que encarcelaban en jaulas. Librenos de caer en sus manos.

  2. [...] 500 días de aislamiento minotauro.periodismohumano.com/2010/10/11/500-dias-de-ais…  por animatronics hace 1 segundos [...]

  3. Lew

    Lo que les asusta de Ahmad es que su fuerza político-social representa a una Palestina libre, progresista, laica, socialista, etc. Es más útil que Hamas gane elecciones. Facilita el trabajo de Israel.

  4. Marcelinodearce@Yahoo.es

    Como es posible que en los medios de masas no se publique esta noticia. Como es posible que esto no genere un gran debate publico. Una vez mas. Gracias señora Rodriguez.

  5. hernán imken

    pobre Ahmad, pensaré, haciendo la digestión, en los afortunados que no morirán gracias a su aislamiento!

  6. Rasku

    Es frustrante cómo se mezclan procesos civiles y militares, anulando cualquier garantía o derecho para los sospechosos. Todo debido a la la presión asfixiante de la guerra sucia, sin objetivos ni normas claros.

  7. Daniela

    Cosas como éstas( ¡y hace tiempo que las conocemos¡) hablan de la necesidad de que para considerar que un país es democrático no basta con la celebración de elecciones. La conculcación de tantos derechos es tan evidente en Israel que es un sarcasmo que se diga que es la única democracia de Oriente Próximo. Pero, en fin, más allá de ésto¿ qué se puede hacer para pedir la liberación de Ahmad?

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