El minotauro anda suelto

Manifestación en Tahrir, 1º de Mayo. Kamal Khalil, líder socialista del Partido de los Trabajadores (Hossam El-Hamalawy)

Decenas de miles de trabajadores egipcios se dieron cita este domingo en la plaza Tahrir de El Cairo para celebrar el 1º de Mayo, por primera vez en libertad y con sindicatos independientes.

Algunos de los cánticos más coreados fueron dirigidos contra las políticas del FMI o el Banco Mundial y a favor de la Justicia Social y de los derechos de los trabajadores.

También hubo críticas para la única federación de sindicatos existente durante el régimen, cuyo líder, Hussein Megawer, está siendo investigado por corrupción.

“Ha llegado la hora de los trabajadores egipcios. Es nuestro momento, tenemos que aprovecharlo para conseguir un país con justicia social”, indicó el líder socialista Kamel Khalil, quien anunció oficialmente la fundación del Partido de los Trabajadores.

Durante el acto se presentó un comunicado firmado por 29 agrupaciones, entre ellas la Comisión de los jóvenes revolucionarios, varias agrupaciones de la izquierda, sindicatos independientes y organizaciones defensoras de los derechos humanos.

En dicho comunicado se exige un sueldo mínimo mensual de 1.200 libras egipcias (150 euros) y jornadas laborales dignas.

Trabajadores en huelga en Egipto (Olga Rodríguez)

PETICIONES ANTE LOS TRIBUNALES DE NACIONALIZACIÓN DE EMPRESAS

La lucha obrera en Egipto ha sido clave para la revolución y sigue teniendo un protagonismo indiscutible.

Todas las semanas se convocan huelgas para exigir derechos laborales y salarios dignos en un país en el que el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, en el que no hay atención pública sanitaria y en el que los obreros cobran de media unos 70 dólares al mes por trabajar al menos ocho horas diarias seis días a la semana.

Uno de los procesos más interesantes en esta segunda fase de la revolución es el intento de recuperación de empresas privatizadas.

Ya hay decenas de demandas que los trabajadores han presentado en los tribunales exigiendo la nacionalización de fábricas y compañías antes públicas, vendidas años atrás a multinacionales extranjeras en el marco de la llamada reforma económica egipcia, auspiciada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Con dicha reforma cientos de empresas fueron vendidas a menudo a precios más bajos de su coste real. Sus nuevos dueños, en vez de invertir en ellas, las han usado a menudo para especular con la venta de sus terrenos.

Trabajadores egipcios en huelga en Shebeen el Kom (Olga R.)

EL CASO DE UNA HISTÓRICA CADENA DE ROPA

Uno de los casos que está dando mucho que hablar en la prensa egipcia es el de la histórica cadena de ropa Omar Effendi, en su día icono del sector de servicios egipcio (fue fundada en 1856).

Effendi fue vendida en 2006 a una compañía saudí y desde entonces la cadena solo ha registrado pérdidas y acumulado deudas.

El pasado mes de febrero el coordinador del movimiento “No vendamos Egipto”, Yahia Hussein Abdel-Hadi, presentó ante la fiscalía general una acusación contra el ex ministro de Inversiones y el director de la Compañía general de Holdings por hacer perder dinero al Estado de manera intencionada al vender Effendi a la compañía saudí Anwal ” por un venta 700 millones de libras egipcias por debajo del valor oficial estimado”.

Poco después el abogado Hamdi El Fakharani, representante de los trabajadores, presentó una demanda en la que sostiene que Effendi fue vendida por un cuarto de su valor real y por eso defiende que dicha transacción fue inválida. Está previsto que el 7 de mayo un tribunal dictamine si Omar Effendi vuelve a ser de propiedad pública.

Un trabajador de Shebeen El Kom en huelga muestra los nombres de los directivos de la fábrica, a los que acusa de corruptos. Abril 2011. (Olga R.)

LA FÁBRICA TEXTIL DE SHEBEEN EL KOM

Otro de los casos más sonados es el de la fábrica textil de Shebeen el Kom, situada a a unos 80 kms de El Cairo.

En 2007 el Estado la vendió por debajo de su coste real a una multinacional indonesia que trabaja para conocidas marcas como Nike o Adidas.

La plantilla pasó de tener 5.800 trabajadores a quedar reducida -paulatinamente- a 1.200 en plantilla y 600 más sin contrato anual.

El pasado 5 de febrero, tres días antes de la caída de Mubarak, buena parte de las fábricas del país pararon. Esas huelgas fueron determinantes para la salida del dictador.

Los empleados de Shebeen El Kom se sumaron al paro durante días. El 5 de marzo lo retomaron y desde entonces lo mantienen. Llevan un mes y medio en huelga.

“Pedimos que la empresa sea nacionalizada, ya hemos presentado la demanda ante los tribunales. También exigimos un sueldo mínimo de 1.200 libras”, explica a Periodismo Humano Mohamed El Nagar, uno de los trabajadores más veteranos que, a pesar de llevar 38 años como empleado, solo cobra 1.100 libras al mes, incluidas las dietas para el almuerzo.

Imagen de previsualización de YouTube

(En el vídeo: Obreros de Shebeen el Kom corean “el pueblo unido jamás será vencido” durante la visita de apoyo del líder del Partido de los Trabajadores Kamal Khalil, abril 2011)

“En cuanto la fábrica fue vendida empezaron a despedirnos. Se suponía que la compraban para sanear, para invertir, para arreglarla, pero sin embargo empezaron a desmantelarla. La compraron porque les hacía competencia”, se lamenta otro obrero, Mohamed Awad, de 33 años.

Echando un vistazo a las instalaciones se observa un notable abandono. Varias naves están ya vacías; en otras no hay más actividad que la de las arañas tejiendo sus telas sobre máquinas abandonadas.

En uno de los recintos se acumulan piezas de desguace. Un cartel a la entrada de un descampado, antiguo almacén de algodón, anuncia que éste ha sido alquilado a una empresa ajena al negocio. Varios empleados insistieron en mostrar a esta periodista el estado de los baños, destartalados y sin las mínimas condiciones de salubridad e higiene.

Estado de los aseos de la fábrica Shebeen El Kom (Olga R.)

“Desde que la empresa se vendió tampoco se mantienen las medidas de seguridad. No tenemos cascos para aliviar el ruido de las máquinas, ni gafas para protegernos del polvo de los tejidos, ni mascarillas, a pesar de que trabajamos con materiales que provocan daños en las vías respiratorias“, explica el veterano El Nagar.

Los trabajadores de Shebeen El Kom se han unido en un nuevo sindicato independiente y han recibido el apoyo de otras fábricas del país, como la ya histórica textil de Mahalla, donde en 2006 3.000 mujeres trabajadoras dieron el pistoletazo de salida a una oleada de huelgas que se han multiplicado desde entonces y que marcaron el prólogo de la revolución egipcia.

Mohamed El Nagar y Mohamed Awad, trabajadores de Shebeen el Kom en huelga, en el interior de la fábrica (Olga R.)

“Si los trabajadores estamos unidos, venceremos -afirma a Periodismo Humano Kamal El-Fayoumi, líder sindical de Mahalla:

Algunos contrarevolucionarios nos acusan de parar el país, de arruinarlo. No, se equivocan. Los trabajadores nunca paran un país; lo construyen”.

Varios movimientos impulsores de la revolución mantienen contactos con los obreros. Es el caso del Movimiento 6 de abril y de los Jóvenes por la Justicia y Libertad.

“Los trabajadores apoyaron a los jóvenes en la primera fase de la revolución y ahora los jóvenes de la revolución apoyamos a los trabajadores”, indica Naguib Kamel, miembro de este último.

Sheimaa Hamdi hablando a los trabajadores de Shebeen El Kom. A su lado, Kamal El-Fayoumi, de Mahalla (Olga R.)

Sheimaa Hamdi, de tan solo 23 años, es otra de los integrantes de este movimiento de jóvenes. Varias publicaciones en youtube  de sus intervenciones públicas la han dado a conocer en todo el país.

La fuerza de su oratoria le ha valido para obtener el sobrenombre en la Red de “la mujer más fuerte de Egipto”. “El caso de Shebeen el Kom representa la causa de todos los trabajadores de Egipto. Por eso estamos siguiéndolo y apoyándolo tan de cerca”, señala.

Obreros ante la gobernación de Shebeen El Kom (Olga R.)

El pasado 5 de abril cientos de obreros de Shebeen El Kom se manifestaron frente a la sede de la gobernación para exigir negociaciones directas con los propietarios.

Ante la presencia de varios medios locales y extranjeros las autoridades regionales se vieron obligadas a actuar como portavoces espontáneos de los trabajadores, con la ayuda de los ya experimentados sindicalistas de Mahalla.

Un alto mando en la gobernación de Shebeen El Kom habla por teléfono tras la llegada de los trabajadores en huelga (Olga R.)

Los directivos terminaron ofreciendo más dietas, contratos de mayor duración y la readmisión de la mitad de los expulsados sin indemnización. Los trabajadores lo celebraron pero consideraron que la oferta es insuficiente.

Mantener esa posición no es fácil. Llevan casi dos meses sin recibir un sueldo y empiezan a notarlo. La caja de resistencia no da mucho de sí. Pero salvo alguna excepción aislada, la entera plantilla de la fábrica lo tiene claro: Aguantar unidos.

Ahora esperan con interés el veredicto de los tribunales que este mes de mayo, si no se pospone la fecha, tendrán que pronunciarse sobre la petición de nacionalización de Shebeen El Kom.

Los niveles de desigualdad y pobreza han alcanzado cotas insoportables en Egipto a causa de las políticas neoliberales y corruptas del régimen.

El desprestigio del capitalismo crónico ejercido en los últimos años está muy presente no solo en la mente de los socialistas, sino también en sectores demócratas moderados hartos del imparable enriquecimiento de una élite corrupta y represora frente al empobrecimiento de una mayoría de la población.

La izquierda lo sabe y por eso se apresura a tejer redes sólidas y a impulsar iniciativas con un objetivo claro: lograr un sistema político y económico nuevo más justo, más igualitario, más equilibrado.


Hossam El Hamalawy (Olga R.)

Hossam El-Hamalawy es uno de los blogueros más conocidos en Egipto y un respetado activista en la izquierda egipcia. Quienes le conocen mucho dicen de él que lleva años trabajando por y para la revolución.

Marxista declarado, especializado en económicas y ciencias políticas por la Universidad Americana de El Cairo, comenzó muy pronto a ejercer como periodista para diarios egipcios y para el propio Los Angeles Times porque la universidad le cerró las puertas como profesor a causa de sus ideas y su activismo.

En el año 2000 fue arrestado por participar en una protesta contra Israel en el marco de la II Intifada palestina. Tras ello, su nombre pasó a formar parte de las listas negras del régimen.

En 2003 trabajó activamente en la organización de manifestaciones contra la ocupación de Irak. Poco después dejó el periodismo para centrarse en la militancia. Creó arabawy.org, su blog, como una plataforma para dar voz a los egipcios que se jugaban el tipo protestando contra Mubarak y exigiendo sus derechos básicos laborales.

Cuando el pasado 25 de enero comenzaron las grandes protestas en la plaza Tahrir, El-Hamalawy, con su impecable inglés, se convirtió en uno de los rostros más internacionales de la revolución.

Ahora colabora en la creación de una nueva agrupación política, el Partido de los Trabajadores y sigue apoyando más que nunca a los obreros que todas las semanas protagonizan huelgas en las fábricas egipcias en demanda de derechos laborales básicos. Nos recibe en una cafetería de El Cairo.

El Hamalawy (chaqueta de cuero negra), actualizando su blog con el móvil y rodeado de obreros en huelga en Shebeen el Kom, Bajo Egipto. Abril 2011 (Olga Rodríguez)

Periodismohumano. ¿Egipto está viviendo realmente una revolución?

Hossam El-Halamawy. Es una revolución, es una revolución que acaba de empezar pero que por supuesto no ha terminado. Mubarak ha caído, pero las estructuras de su régimen permanecen casi intactas. Los generales de Mubarak están gobernando en el Consejo militar: el general Tantawi, el jefe del Estado mayor, Sami Anan, y otros generales que deberían ser investigados por corrupción, al igual que los jefes de otras instituciones, porque son ellos los que han sostenido durante estos años la dictadura.

Los militares controlan en torno al 35% de nuestra economía, muchas empresas son del Ejército. Si controlas tanto significa sin duda que eres parte de la máquina corrupta del sistema.

Las personas clave de la policía secreta [conocida como las SS por sus siglas en inglés: state security] todavía se mantienen y de hecho la creación de la Agencia de Seguridad Nacional es, al menos de momento, un simple lavado de cara.

El propio diario Al Ahram ha publicado que el 75% de los antiguos oficiales de las SS serán redistribuidos en otros departamentos de la policía.

Tenemos a torturadores, criminales, violadores y corruptos sirviendo en otros departamentos.

Y el 25% de los oficiales de las SS formarán parte de la nueva Agencia de Seguridad.

Muchos criminales que han estado involucrados en los asuntos más sucios y corruptos del régimen han sido destinados al Ministerio del Interior. El número 2 del último director de las SS, Hissam Abu Gheida, que formó parte de una operación para destruir documentos tras la caída de Mubarak y que estuvo personalmente involucrado en mi arresto y tortura en octubre de 2000 y en otras detenciones y torturas entre 2000 y 2003, acaba de ser nombrado asistente para la división de seguridad y guardia del ministerio del Interior.

Puedo seguir y seguir dándote nombres que forman parte de las instituciones. Los gobernadores, por ejemplo, siguen siendo los mismos. Y son los gobernadores de Mubarak, que reprimían a la población y atacaron a los manifestantes.

Y tienes las alcaldías, la auténtica máquina de corrupción, porque son las encargadas de otorgar licencias para el agua, para pavimentar las calles, para edificar. Por ejemplo, este barrio de El Cairo donde estamos ahora [Nasr City] tendría que ser una zona de casas bajas y villas, y mira a tu alrededor, solo hay torres.

Así que sí, es una revolución, pero que no está en absoluto terminada, solo acaba de empezar.

Si nos detenemos aquí, si hacemos caso a los que dicen: “paremos, volvamos a nuestra cotidianidad, confiemos en el Ejército”, estaremos perdidos, estaremos cavando nuestras propias tumbas.

Estampa habitual en El Cairo actual:Protesta espontánea frente a un edificio oficial, en este caso, el Ministerio del Interior. Abril 2011 (Olga R.)

P. El Frente Nacional por la Libertad y la Justicia, el Partido de los Trabajadores, la Alianza Popular Socialista,..Se están creando numerosas agrupaciones y partidos políticos de izquierda. ¿No son demasiados y demasiado pequeños?

H. E. H. Para mí son demasiados pocos. Necesitamos más. Egipto es un país de 85 millones de habitantes. Los partidos que teníamos antes eran lo que aquí llamamos partidos de papel:  existían, pero no tenían raíces, no estaban en la calle. Necesitamos también nuevas formas de asociación, no sólo partidos, también sindicatos, asociaciones estudiantiles, culturales, vecinales o musicales, lo que sea.

Yo trabajo en la creación del Partido de los Trabajadores para que tenga una agencia revolucionaria, pero no puedo monopolizar la escena y decir: “¡que no haya más partidos!”. Tenemos que dejar que estas iniciativas espontáneas de gente trabajando en la formación de partidos avance.

Si cinco se juntan y se asocian, eso ayudará a la revolución; si en vez de cinco son cincuenta, mejor. Es bueno que la gente cree herramientas contra la opresión.

P. Pero con tantos partidos de izquierdas, será más difícil obtener representación en las elecciones de septiembre.

H.E.H. Honestamente, no me preocupan demasiado las elecciones porque sé que pase lo que pase no van a favorecernos. Estamos en un proceso de transición. Si solo nos sentamos y esperamos, todo seguirá estando orquestado por los generales de Mubarak que tratarán de gobernar para sí mismos.

Si perdemos el tiempo pensando en las elecciones, perderemos la batalla en el terreno, que es lo importante ahora.

Hay que poner todos los esfuerzos en las iniciativas de la calle para intentar echar a los generales. Cuando nos deshagamos de ellos empecemos a hablar de las elecciones, de un nuevo parlamento, de nuevas instituciones.

Estudiantes manifestándose en la plaza Tahrir de El Cairo. Abril 2011. (Olga R.)

¿Cómo?

No digo que tengamos que enfrentarnos al Ejército, eso sería completamente absurdo, tonto, improductivo, estaríamos dando la excusa perfecta para que luchen contra nosotros. Pero hay otras formas que se están ya aplicando y dan resultado: protestas continuas en la calle, huelgas, creación de sindicatos independientes y la unión de los trabajadores, que en algunos casos están echando a sus jefes corruptos y nombrando otros nuevos.

Si estas iniciativas de unión frente a los corruptos ocurrieran en todo el país, tumbaríamos el sistema actual.

Además hay que tener en cuenta que hay cientos de oficiales del Ejército que no están contentos con la situación.

Tenemos dos ejércitos y necesitamos que esa división se materialice, necesitamos que esos oficiales y esos soldados que creen en un Egipto mejor limpien su institución.

Al igual que necesitamos que los estudiantes limpien la corrupción en las universidades, y los trabajadores en las fábricas. Y eso es en lo que yo me estoy centrando.

Obreros en huelga en una fábrica textil del Bajo Egipto. Abril 2011. (Olga R.)

Y ¿por qué estás tan seguro de que los partidos de izquierda real perderán las elecciones?

Las perderán no porque la gente no acepte ideas como las que se están proponiendo, como nacionalizar empresas privadas, modificar las relaciones con Israel, echar al embajador israelí, tener leyes que favorezcan una distribución de la riqueza más justa, etc. Claro que la gente apoyaría esto.

Pero lo que ocurre es que las fuerzas revolucionarias no están aún organizadas, porque no nos dejaban operar durante la dictadura, empezamos de cero y las elecciones se celebrarán muy pronto, en septiembre.

Y nuestros enemigos están cada vez más organizados: los miembros del antiguo partido de Mubarak, ciertos miembros del Ejército, los salafistas. Sí, puede que sea demasiado pesimista sobre el resultado, pero no importa, centrémonos en el esfuerzo de tumbar el sistema de corrupción actual.

P.¿Esos enemigos de la revolución operan juntos, tal y como indican algunos analistas egipcios?

H. E. H. Creo que inicialmente actuaban de manera espontánea. Estaban perdiendo sus privilegios y luchaban por mantenerlos. Pero cada día que pasa creo que ciertos sectores están más coordinados. Hay ya algunos síntomas: Uno, la antigua policía secreta está siendo reformada por el gobierno, que mantiene a buena parte de los antiguos miembros y oficiales.

Dos, hay una facción del partido que está intentado volver a la política a través de los otros partidos de papel que tenemos.

Y la represión no ha desaparecido. Recientemente los militares han dispersado a manifestantes a tiros, con brutalidad, hiriendo e incluso matando a gente desarmada.

Y siguen arrestando y juzgando a inocentes en tribunales militares.

Un hombre muestra casquillos bala tras el ataque militar contra manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo en la madrugada del pasado 9 de abril. Murieron dos personas y 71 resultaron heridas. (Olga R.)

P. ¿Agradeceríais algún tipo de ayuda del exterior?

H. E. H. Rechazo todo tipo de intervención por parte de los gobiernos extranjeros. No quiero nada de Obama, pero sí quiero mucho de los sindicatos estadounidenses y europeos o de los defensores de derechos humanos, con los que llevo en contacto muchos años.

P. ¿Cuál es el papel actual de Estados Unidos en la región tras la revolución?

H. E. H. Egipto es el principal cliente árabe para Estados Unidos; después de Israel, Mubarak es el que más ayuda recibía de Washington.

Si este sistema cae, si la revolución triunfa, todo Oriente Medio cae, porque Egipto es piedra angular en la región.

Israel entonces se vería amenazada, el continuo fluir de petróleo a Estados Unidos se vería amenazado, el paso de los barcos de guerra estadounidenses por el canal de Suez se vería amenazado.

Estados Unidos no puede intervenir militarmente, no puede invadir El Cairo, invadir la revolución. Pero sí puede involucrarse en la contrarrevolución.

Al fin y al cabo, es Estados Unidos el que financia al Ejército egipcio. Y ahora está invirtiendo mucho dinero en el sector civil de la sociedad a través de organizaciones civiles democráticas, para captar a gente de determinados círculos.

Tampoco a las dictaduras árabes que nos rodean les interesa que la revolución triunfe. Se han muerto de miedo al ver lo que aquí ha ocurrido. Y tampoco creo que estén muy contentos los países europeos, ni las multinacionales europeas que tienen intereses en Egipto, no están a gusto con lo que está pasando.

Banderas de libia, Túnez y Egipto ondeando en una manifestación en El Cairo. Abril 2011 (Olga R.)

P. Libia comparte frontera con Egipto, ¿de qué manera puede condicionar el curso de la revolución egipcia la intervención militar en Libia?

H. E. H. Desde mi punto de vista la intervención en Libia es una catástrofe, porque estas revoluciones árabes se están produciendo en parte contra la presencia militar occidental en la región. No podemos invitar a las mismas fuerzas que bombardean Afganistán, que colaboran en la ocupación de Irak, que son estrechas aliadas de Israel y de los países del Golfo a intervenir.

Cualquier gobierno que salga en Libia como consecuencia de una intervención militar occidental será un régimen pro occidental y eso perjudica a la revolución egipcia.

Imagina lo que supone tener tropas occidentales en nuestra frontera; ya hay informes de consejeros militares occidentales entrenando a los rebeldes en el este de Libia, de miembros de la CIA recogiendo información en territorio libio. Por otro lado, si están tan preocupados por los civiles que mueren, ¿por qué no establecen zona de exclusión aérea en Gaza, donde Israel mata a mujeres y niños, o en tantos otros lugares?.

P. ¿Qué papel juegan las mujeres en la izquierda egipcia?

H. E. H. Hay muchas mujeres importantes involucradas en política y en el activismo.

Pero Egipto, al igual que otros países de la región, y no solo países musulmanes, es un país sexista, machista, donde las mujeres son tratadas como ciudadanos de segunda o de tercera.

Hay movimientos feministas importantes, pero proceden de la clase media y son para la clase media, nunca se ocupan de la lucha de las trabajadoras de las fábricas, no van a visitarlas cuando protagonizan encierros. Y yo creo que eso es una pena. No se puede desligar la lucha por la igualdad de género de la lucha por la igualdad de clases.

En todas las protestas las mujeres de la clase obrera han tenido un papel muy importante, de liderazgo. Está el caso de las huelgas de Mahalla en 2006, iniciadas por las mujeres al grito de “Aquí estamos las mujeres, ¿dónde están los hombres?”. Eso fue el inicio de la revolución actual. Y las mujeres estuvieron al frente y lo han estado estos años, hasta Tahrir, donde participaron por igual, y muchas murieron en las batallas.

Lo que tenemos que conseguir es que ese protagonismo en la lucha se traslade y perdure en la vida cotidiana, en el campo laboral diario. Hay conservadurismo, sexismo, numerosos casos de acoso sexual o violencia sexual y tenemos pendientes hacer una revolución sexual. Pero para que esta situación cambie necesitamos una revolución que englobe lo demás.


La intervención militar en Libia obliga a analizar la llamada doctrina R2P -responsabilidad de proteger-, que defiende acciones militares con objetivos humanitarios.

La preocupación en torno a este tipo de intervenciones reside en que éstas pueden ser utilizadas para encubrir injerencias injustificadas en los asuntos internos de Estados soberanos.

Actuar militarmente de manera unilateral con la excusa de proteger -como hicieron Estados Unidos, Reino Unido y Francia en Irak al establecer una zona de exclusión aérea en 1991 en el norte y otra en 1992 en el sur (que no supusieron ni mucho menos el fin de Sadam Hussein, como todos sabemos)- puede dar argumentos a otros países para hacer lo mismo.

Y eso incluye la posibilidad de que un país al que la comunidad internacional occidental considere enemigo impulse acciones militares contra otro, con el argumento de que ese otro está violando derechos humanos o cometiendo crímenes de guerra. ¿Aceptaríamos en ese caso la legitimidad de la operación? Probablemente no.

Pongamos por caso un ejemplo diferente, en el que se busca consenso a través de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, como acaba de ocurrir ante los acontecimientos en Libia.

El embajador británico Mark Lyall Grant y la embajadora estadounidense Susan Rice durante la votación en las Naciones Unidas. (AP)

El Consejo de Seguridad de la ONU está formado por cinco miembros permanentes y diez temporales. Es a ellos a los que se llama comunidad internacional, a pesar de que no constituyen un gobierno mundial representado por todo el planeta.

Los miembros permanentes del Consejo tienen derecho a veto y son Reino Unido, Estados Unidos, Francia, China y Rusia.

Ellos actúan como gendarmes, deciden a quién se ataca, a quién no, a quién se le saca tarjeta amarilla, a quién roja. Ejercen de árbitros.

El Consejo de Seguridad impone sanciones o el uso de la fuerza en unos casos sí, en otros no. Ese doble rasero en sus decisiones demuestra que el criterio de legalidad y el de legitimidad no siempre van de la mano.

No hay igualdad ante la ley y no existen unos criterios generalizados para su aplicación. Del mismo modo, hay resoluciones que se cumplen y sin embargo otras que son papel mojado, como buena parte de las referidas a Israel.

Los Estados defensores de la intervención en Libia como acción con fines altruistas tienen ante sí un momento idóneo para demostrar coherencia.

Bastaría con que todos se integraran en la Corte Penal Internacional, ampliaran el Consejo de Seguridad y desarrollaran mecanismos que les obligaran a un nuevo orden internacional sin más invasiones ilegales, ocupaciones, explotaciones o injerencias, y sin más apoyos a dictadores como Gadaffi, al que vendíamos armas, con el que manteníamos negocios y con el que acabábamos de renovar acuerdos en materia de migración (véase el firmado el pasado octubre entre la UE y Libia, para que éste mantuviera la externalización de nuestras fronteras).

Para ello tendrían que detener la venta de armas a países que violan los derechos humanos, establecer un único criterio para impulsar actuaciones militares, y, en caso de intervención, no deberían imponer sus intereses por encima de los de la población local.

De lo contrario, la presunta buena voluntad de intervenir militarmente en Libia con el único objetivo de proteger a civiles resultará a la larga poco creíble.

Al igual que en la Edad Media las potencias actuaban para evangelizar y en el siglo XIX para civilizar, ahora actúan para proteger, liberar o democratizar. Suena muy bien -para los que ven el mundo con superioridad y paternalidad colonial- siempre y cuando fuera cierto para todos y cada uno de los casos de intervención militar.

Si los dobles raseros se perpetúan será difícil que estas grandes potencias mantengan su credibilidad a flote.

Pero de momento, en este orden internacional actual, el poderío militar y el nivel de riqueza determinan la capacidad de decisión e influencia, otorgan el monopolio de la moral y conceden el goce de la inmunidad.

Son desequilibrios de poder en un mundo de desigualdades que perpetúa los privilegios de unos y el desamparo de muchos.


Mensajes de egipcios leídos en redes sociales en Internet:

-Votaré NO porque quiero una Constitución que promueva la igualdad

-Los cambios propuestos para cambiar la Constitución son demasiado pequeños, llegan demasiado pronto

-Deseando votar en el referéndum del sábado

-He convencido a mucha gente para que voten NO pero no consigo convencer a mi padre

-Cuando el Che dijo “hasta la victoria siempre”, realmente quería decir “hasta la victoria completa siempre”. Vota NO este sábado

Protestas en la plaza de Tahrir de El Cairo, febrero 2011 (AP)

Egipto vota este sábado en un referéndum clave para su transición política. Se trata de decir sí o no a una reforma constitucional que ha sido elaborada por una comisión de expertos elegidos por la propia Junta militar que gobierna de forma transitoria el país.

Esa reforma introduce once modificaciones en nueve artículos de la actual Carta Magna, a través de las cuales se facilita el acceso a la candidatura presidencial -hasta ahora muy limitado- y se impone un máximo de dos mandatos de cuatro años cada uno al futuro jefe de Estado.

Otros cambios establecen la supervisión de las próximas elecciones por jueces, para evitar manipulaciones y falsificaciones habituales durante el régimen de Mubarak.

Suena bien, pero tiene trampa. Buena parte de las agrupaciones políticas y de los movimientos sociales que apoyaron la revolución se han mostrado contrarios a esta reforma constitucional.

La consideran insuficiente; entre otras cosas, denuncian que con ella el futuro presidente podrá elegir prácticamente a dedo a los miembros de la comisión a cargo de elaborar la futura Constitución.

Los movimientos revolucionarios piden el NO

Campaña por el NO

La Coalición Revolución 25 de enero, el movimiento Kefaya y la agrupación 6 de abril, impulsores todo ellos de las protestas que provocaron el derrocamiento de Mubarak, han hecho campaña por el no porque considera que este referéndum “es un intento de abortar la revolución”.

Apuestan por que se redacte una Constitución complemente nueva basada en la democracia, la libertad y la justicia social y en la que se refleje el contexto social, cultural y político generado por el proceso revolucionario que está teniendo lugar en Egipto.

Para ello proponen que sea una asamblea fundacional la que se encargue de elegir las bases de esa Carta Magna y, tras ello, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales.

No son los únicos. El ex director de la OIEA Mohamed El Baradei -y futuro candidato presidencial según él mismo ha anunciado- ha dicho que este referéndum es un insulto a la revolución egipcia y “que desembocará en un parlamento defectuoso”.

También lo rechazan los partidos de izquierdas Tagammu, el Frente Democrático y el partido nasserista, así como el liberal centrista Ghad  y los nacionalistas liberales del Wafd.

Incluso el secretario general de la Liga Árabe Amr Musa, nada sospechoso de ser un revolucionario, ha denunciado que “conservar la antigua Constitución daría al futuro presidente amplios poderes, a lo que el pueblo se opone en su búsqueda de democracia y libertad”.

Los cambios propuestos no suprimen el artículo que presenta el Islam como principal fuente de legislación

Algunas de las agrupaciones que optan por el NO también critican el artículo dos de la Constitución y exigen que sea suprimido de inmediato.

Este artículo indica que el Islam es la religión del Estado egipcio y que la jurisprudencia islámica es la principal fuente de legislación.

Celebración en la plaza de Tahrir, El Cairo (AP)

QUIÉNES APOYAN EL SÍ

Apoyan este “parcheo” provisional de la Constitución el partido de Mubarak -Partido Nacional Democrático- los Hermanos Musulmanes y el partido Wasat, una escisión de la hermandad musulmana.

Algunas agrupaciones que han participado en el proceso revolucionario consideran que este referéndum impulsa un proceso demasiado rápido hacia unas elecciones en las que los Hermanos Musulmanes podrían acaparar apoyos con más facilidad que otros partidos de reciente creación.

La Hermandad Musulmana, prohibida durante el régimen pero aún así estructurada y organizada, lleva ya años actuando como formación política a pesar de que sus candidatos, para no ser apartados del proceso electoral, tenían que presentarse como independientes.

Pintada en homenaje al 25 de enero, fecha de inicio de la revolución (AP)

¿Y SI GANA EL NO?

Si ganara el no, la Junta militar emitiría un decreto constitucional temporal hasta la celebración de las elecciones parlamentarias y presidenciales, que en vez de celebrarse en septiembre, se pospondrían hasta diciembre y principios de 2012.

Buena parte de las fuerzas de oposición a Mubarak apuestan por un gobierno de transición civil y no militar. Es decir, por el traspaso del poder de los militares a un consejo presidencial formado por tecnócratas y juristas, aunque algunos no descartan que pudieran permanecer en él algunos militares.

Lo que está en juego en este referéndum es parte de la esencia de la futura democracia del país.

Quienes participan del proceso revolucionario egipcio son conscientes de que si posponen demandas, puede que nunca llegue el momento de exigirlas; de que reformas que ahora se presentan como provisionales o transitorias podrían terminar siendo definitivas.

No están dispuestos a aceptar un simple cambio cosmético.

Quieren una transición que no dé la espalda al pasado, que juzgue a los torturadores, represores y corruptos, que despeje el camino a un futuro sin corrupción ni represión, con derechos laborales y salarios dignos para los trabajadores, y con un gobierno independiente de las políticas de Israel y de Estados Unidos.

Por todo ello siguen sucediéndose las manifestaciones, las protestas y las huelgas en todo el país. Y por eso son tantas las formaciones que piden el NO para el referéndum de este 19 de marzo.

Puede que la apuesta por la revolución les salga bien o mal, pero de lo que están convencidos es de que tienen que defenderla.


Quizá por casualidad, quizá no, la prensa occidental ha llamado desde el primer día mercenarios a los mercenarios negros que operan en Libia al servicio del gobierno de Gadaffi. Lo son, así que, ¿por qué llamarlos de otro modo?

Esta claridad de términos contrasta sin embargo con la ambigüedad empleada por cierta prensa europea y estadounidenses para referirse a las decenas de miles de mercenarios que han campado o campan a sus anchas en países como Afganistán o Irak.

Blackwater en Irak

A los mercenarios que trabajan en estos países se les llama contratistas o personal armado privado, quizá porque muchos son blancos, tienen uniformes sofisticados, gafas de sol último modelo, armamento muy cualificado y están contratados por empresas occidentales o por el propio ejército estadounidense, que cuenta con algunos departamentos ya cuasi privatizados.

En Afganistán 19.000 mercenarios trabajan al servicio del Ejército estadounidense. En Irak, son 7.000 los contratados directamente por Washington. En ambos países hay miles de mercenarios más contratados por empresas privadas occidentales.

En Irak llegaron a operar más de 170.000 mercenarios, un número que superaba a las tropas estadounidenses, que sumaban por entonces 160.000.

"Contratista" de Blackwater, Irak, 2004 (AP)

Algunas de las compañías que se dedican a proporcionar personal armado privado son: ArmorGroup, Blackwater (ahora llamada Xe), Control Risk, Erinys, DynCorp, Triple Canopy, o Aegis Defence Services. Han operado en países como Irak, Afganistán, Bosnia, Sudán, Bahrein, Kenia, Nigeria, Congo, Bolivia, Somalia, Angola, Haití, Colombia, Kosovo, Kuwait, Venezuela, Yemen, Ecuador o Israel.

Los contratistas han matado a civiles, han aterrorizado a poblaciones enteras. Pero se les llama contratistas.

Contratista, según la RAE, es la persona que por contrata ejecuta una obra material o está encargada de un servicio para el Gobierno, para una corporación o para un particular. Pocos eufemismos tan claros como éste.

Supervivientes de la matanza de 17 civiles llevada a cabo por Blackwater en Irak en 2007 (AP)

Han tenido que venir los mercenarios negros para que en nuestras sociedades nos animemos al fin, sin temor, sin rodeos, directos al grano, a llamar a los mercenarios lo que son. Mercenarios.

Confiemos en que ahora que estamos al fin familiarizados con el término, no lo vayamos a olvidar en algún inocente cajón del vocabulario cuando de nuevo alguno de nuestros gobiernos blancos echen mano de uno de estos ejércitos privados de hombres armados para sembrar el terror, asegurar la exportación de ciertas materias primas en determinados países, o proteger los intereses que tenemos diseminados por este planeta, en el que solo hay fronteras para los pobres.


Trabajadores de empresas estatales de gas y petróleo, en huelga. 13 febrero 2011. (Hossam El-Hamalawy)

Desde la caída de Mubarak el pasado viernes hasta hoy miles de empleados públicos -transportistas, empleados de compañías petroleras, de fábricas textiles y de armas, médicos, abogados, periodistas, artistas, profesores universitarios, ferroviarios, incluso policías- están secundando huelgas y protestas en diversos puntos de Egipto.

Piden mejoras laborales, una vida y salarios dignos y atacan la corrupción existente tanto en la dirección de las empresas como en los sindicatos oficiales.

El movimiento 25 de enero, impulsor de la revolución, integrado por grupos que llevan años organizando protestas prohibidas y al mismo tiempo por ciudadanos que por primera vez participaban de forma activa contra el régimen, ha redactado una serie de demandas para el consejo militar que ostenta el poder:

1.- La salida del poder de todos los elementos del régimen y sus símbolos

2.-La creación de una Asamblea Popular y de consejos locales

3.-La formación de un gobierno civil de transición hasta la celebración de elecciones, la creación de un comité  para el desarrollo de una Constitución que garantice las libertades políticas y sindicatos independientes en base a los principios de justicia social y desarrollo económico

4.- La cancelación de la Ley de Emergencia y del resto de leyes que restringen las libertades;

5.-La aprobación de partidos políticos y asociaciones sin restricciones

6.-El fin del estado policial y la puesta en libertad inmediata de todos los prisioneros políticos.

De momento los militares solo se han comprometido a cumplir una de estas peticiones: la creación de un comité para determinar en los próximos días las reformas constitucionales.

EL PRÓLOGO DE LA REVOLUCIÓN

La revolución egipcia no ha surgido por generación espontánea.

La reacción a la II Intifada primero y el no a la guerra contra Irak después marcaron un punto de partida y sirvieron para crear una red social movilizada en Egipto que se consolidó con la creación en 2004 del movimiento Kefaya y el inicio de las protestas y huelgas organizadas por los obreros del sector estatal.

Protesta de los trabajadores de Mahalla, 2008.

El epicentro de las movilizaciones fue la fábrica textil Misr Hilados y Tejidos de Mahalla, con 27.000 empleados. Allí los trabajadores -hombres y mujeres- protagonizaron importantes huelgas desde el año 2006. Muchos fueron arrestados y sufrieron torturas, pero no por ello abandonaron su lucha.

En 2008 el precio del pan en Egipto aumentó un 50%, a causa, entre razones, de la especulación financiera mundial. La gente tenía hambre, literalmente.

Mujeres protestando en Mahalla contra la subida del precio del pan. 2008

Estuve en aquella época trabajando en El Cairo: en cada calle, en cada barrio, se formaban largas colas de personas desesperadas por obtener una ración de pan subvencionado.

Las aglomeraciones y disputas provocaron 15 muertos en tan solo dos semanas y fueron titulares en la prensa internacional.

En medio de aquél clima de necesidad y tensión los obreros de algunas fábricas estatales y diversos movimientos sociales decidieron redoblar sus protestas.

Se registraron manifestaciones espontáneas en diversos puntos del país y se convocó una nueva huelga general para el 6 de abril, la fecha que iba a dar nombre al movimiento 6 de abril, fundado por líderes de Kefaya e impulsor de las protestas actuales.

Mahalla fue de nuevo protagonista aquél 6 de abril de 2008. La huelga tuvo un importante seguimiento. Cientos de activistas fueron encarcelados y algunos sufrieron torturas, como el periodista Kareem El-Beherey.

Kareem El-Beherey

La repercusión de la huelga fue tal, que la embajada estadounidense en Egipto redactó un informe -publicado hace unos días por wikileaks– titulado: “Revueltas en Mahalla, ¿incidente aislado o punta del iceberg?”

PUNTA DEL ICEBERG

En ese informe se lee:

Lo ocurrido en Mahalla es significativo (…) Ha irrumpido una nueva fuerza orgánica de oposición que desafía etiquetas políticas y aparentemente no está relacionada con los Hermanos Musulmanes. Esto puede forzar al Gobierno a cambiar su guión.”

Más adelante señala:

Otro resultado de Mahalla es que Mubarak podrá resistirse con más fuerza a las reformas económicas y políticas. (…) Estamos oyendo que el aumento de los precios ha fortalecido las posiciones del gabinete de ministros, que se resiste a privatizar y a realizar otros esfuerzos dirigidos a la liberalización económica.”

A tenor de estas palabras, se deduce que Washington conocía el mensaje de los trabajadores egipcios.

Aunque en público esgrimía la amenaza del islamismo para justificar su realpolitik, en privado era consciente de que el orden establecido que tanto defendía podía verse amenazado por los pobres, las víctimas de políticas capitalistas voraces y los jóvenes hartos de la injerencia extranjera y la corrupción.

El cable muestra cómo existía en la diplomacia estadounidense preocupación ante la posibilidad de que las protestas pusieran freno al modelo neoliberal que Washington -junto con el FMI y el Banco mundial- fomentaba en Egipto.

Mahalla fue la punta del iceberg. Lo que allí comenzó se extendió a otros sectores.

Estudiantes, médicos, abogados y obreros de otras fábricas protagonizaron manifestaciones y huelgas en contra de la corrupción, la impunidad policial, las privatizaciones de industrias estatales, las políticas económicas neoliberales de Mubarak y la complicidad de El Cairo con Tel Aviv.

Mujeres egipcias en la plaza Tahrir, febrero 2011. (AP/Emilio Morenatti)

Y así llegamos a la revolución actual.

Estados Unidos aporta anualmente 1.500 millones de dólares de ayuda a las Fuerzas Armadas egipcias.

Mientras este apoyo continúe, ¿estarán dispuestos los militares egipcios a dar la espalda al modelo económico ultracapitalista exigido por los organismos internacionales?

¿Se verán satisfechas las demandas de quienes han protagonizado la revolución egipcia? Son preguntas que muchos activistas se formulan a puerta cerrada estos días.

El consejo supremo militar está pidiendo a los egipcios que regresen a sus trabajos para “volver a la estabilidad” e impedir pérdidas económicas mayores.

Esta petición contrasta con la postura del Movimiento 25 de enero, que ha presentado sus demandas bajo el título: “La revolución continúa hasta que alcancemos nuestros objetivos”. Ya hay convocadas nuevas protestas para este viernes.

Puede que para algunos la revolución haya terminado, pero no ha hecho más que empezar para los trabajadores que llevan años reivindicando sueldos dignos y derechos laborales en un país en el que el 40% de la población vive con menos de un euro al día.


Entrevista al bloguero y activista egipcio Kareem El-Beherey.


Kareem El-Beherey, bloguero y activista egipcio, está en la plaza Tahrir desde el primer día de la revolución. Hablo por teléfono con él minutos después de que se haya anunciado la posibilidad de que el presidente Mubarak abandone el poder en las próximas horas. Vuelvo a hablar con él cuando Mubarak ya ha dado su discurso y ha mostrado que se aferra al poder.  Se siente, como cientos de miles de egipcios, decepcionado y cabreado.

De fondo se oyen los cánticos y gritos de miles de egipcios que exigen la salida del presidente. Las palabras de Mubarak primero y de Suleiman después han caído como un jarro de agua fría. Miles de manifestantes se trasladan a la sede de la televisión nacional para protestar ante ella. Algunos llegan a los alrededores del palacio presidencial.

No queremos un cambio para que nada cambie, queremos un cambio real que ceda el poder al pueblo egipcio”, me dice Kareem.

Kareem El-Beherey

Días antes de que estallara la revolución egipcia el pasado 25 de enero, Kareem aseguraba que esta vez sí sería la definitiva; que esta vez sí iba a llegar el cambio. Hablaba de “esta vez” porque ya antes habían surgido otros intentos. Él mismo participó en las huelgas de 2006 y 2007 en la fábrica estatal textil de Mahalla en la que ha trabajado años.

Lo conocí en El Cairo por aquellas fechas. Su blog era, junto con el de Hossam el Homalawy, uno de los más leído por los jóvenes hartos de la represión.

En 2008 fue encarcelado durante 73 días y torturado por manifestarse y escribir en contra del régimen de Mubarak.

El pasado 25 de enero se plantó en la plaza de Tahrir junto con otros compañeros blogueros y activistas y no se ha movido de allí desde entonces. Este viernes participará en un juicio civil y simbólico contra Mubarak, organizado por el movimiento Jóvenes de 25 de enero. Confían en que en el futuro se celebre un juicio real.

– ¿Cómo percibes las últimas noticias?

Estamos viviendo uno de los momentos más importantes de nuestras vidas. El ambiente aquí es emocionante. Pero tenemos que esperar a ver cómo evolucionan los acontecimientos. Desde luego el pueblo egipcio no quiere al vicepresidente Suleiman, si él toma el poder todo quedará igual y no lo aceptaremos.

Se habla también de que el Ejército tomará el poder y creará comités para organizar las futuras elecciones. Habrá que ver qué tipo de control ejercen los militares. El poder debe recaer en el pueblo y no en las Fuerzas Armadas.

No aceptaremos un golpe de Estado en el que los militares tomen las riendas. No aceptaremos a Suleiman

– ¿Cuáles son las causas de esta revolución?

Habíamos llegado a una situación límite. La corrupción gubernamental, el paro y la pobreza crecían imparables. La riqueza está concentrada en unos pocos, en los dirigentes del régimen. No hay libertad de expresión, los activistas y sindicalistas somos perseguidos, encarcelados, torturados.

También ha indignado la guerra sectaria impulsada con el atentado contra la iglesia cristiana de Alexandría. Se han publicado informes en la prensa extranjera indicando que el ex ministro del interior fomentó ese ataque con la intención de culpar a los islamistas y asegurarse así el incremento del apoyo occidental.

-Mubarak ha intentado resistir con el objetivo de provocar el cansancio de los manifestantes. ¿Habéis temido en algún momento que las protestas fueran cada vez menores y que finalmente la gente se fuera a sus casas?

No, todo lo contrario. El empeño de Mubarak de no escuchar al pueblo ha provocado que reaccionemos más aún. Por eso hemos ido añadiendo nuevas exigencias, como que Mubarak y los suyos sean juzgados y que devuelvan las riquezas que han robado al pueblo egipcio.

Desde el primer momento hemos tenido claro que esta revolución no es solo egipcia, sino internacional, contra todos los gobernantes corruptos del mundo.

Esta revolución busca que Oriente Medio sea libre y por lo tanto fuerte.

– ¿Has adoptado alguna medida para evitar ser arrestado?

No, ni yo ni el resto de los participantes en esta revolución. Sí tenemos patrullas organizadas que protegen todas las entradas a la plaza para evitar la entrada de armas. Pero es curioso, porque no hemos tenido miedo, nadie tiene miedo ya.

No me importa que me detengan o me apaleen, lo único que me importa es estar con mis compañeros para lograr que esta revolución triunfe. Y si muero por ello, moriré.

– ¿Algunos de tus compañeros han sido detenidos?

Todo egipcio que haya sido asesinado, torturado o arrestado es mi amigo. Todos somos compañeros. Esta revolución me ha enseñado que el pueblo egipcio tiene una gran humanidad en sus relaciones. Todos estamos unidos, es hermoso.

– ¿Quiénes son los participantes en las protestas?

Algunos somos activistas que llevamos tiempo manifestándonos en contra del régimen. Hay grupos de izquierdas, nacionalistas, liberales.

Pero lo maravilloso es que por primera vez han salido a la calle miles de egipcios que nunca antes lo habían hecho y que no militan en ningún movimiento político. Ellos son los protagonistas, porque ellos son el pueblo egipcio.

– ¿Qué papel tienen los Hermanos Musulmanes en las protestas?

A pesar de lo que dicen algunos medios de comunicación occidentales, los Hermanos Musulmanes no son los protagonistas de estas movilizaciones. De hecho, al igual que en protestas anteriores, en un primer momento no querían participar. Se unieron posteriormente.

Hay que elogiar que los Hermanos estén concediendo entrevistas a medios occidentales para decir que no son los líderes de esta revolución.

– ¿Crees posible que la revolución pueda llevar el poder a los islamistas?

Eso intentan hacer creer algunos medios occidentales, sobre todo estadounidenses e israelíes. Son sectores que no desean un gobierno egipcio fuerte e independiente capaz de rechazar la injerencia de EE.UU. o de Israel. Por eso hablan del fantasma del islamismo, para asustar a los egipcios y frustrar su revolución.

Pero esta revolución es del pueblo. Jamás permitiremos que Egipto se convierta en un Estado islámico.

Lo que queremos es un Estado libre y laico.

¿Qué opinas de la postura estadounidense ante esta revolución?

El futuro tiene que estar solo en nuestras manos. A EEUU le gustaría que el próximo presidente egipcio fuera alguien dispuesto a acatar las órdenes de Washington y de Israel. Pero un Egipto libre sería totalmente independiente.

Un Egipto libre y democrático no seguiría los dictados de nadie y eso amenazaría los intereses de EEUU y de Tel Aviv.

Un Egipto libre daría la espalda a las políticas sionistas, abrazaría al pueblo palestino contra los ocupantes. Seríamos libres para tomar nuestras propias decisiones y eso amenazaría los intereses de EE.UU y de Israel, hay que tener en cuenta que un 40% del gas que consume Israel procede actualmente de Egipto.

– ¿Qué pedís a la comunidad internacional?

Pedimos a la comunidad internacional que esté del lado del pueblo egipcio y congele la exportación de armas a El Cairo.

España ha sufrido un régimen dictatorial como el de Mubarak. Por eso deseamos que el pueblo español y el europeo se manifiesten a favor de la revolución egipcia, que protesten ante las embajadas de Egipto.

Gobiernos como el español han vendido armas al régimen de Mubarak. Debería congelar esas exportaciones, como lo han hecho ya Francia o Alemania. Pedimos a los dirigentes europeos que presionen y amenacen con cortar las relaciones con el ejecutivo egipcio si éste no acepta las reivindicaciones del pueblo.


SAFA

“Estoy muy envejecido”, me advirtió Safa Yasin, el guía iraquí de José Couso, cuando hablé con él por teléfono unos días antes de mi viaje a Irak.

Safa, en Bagdad el pasado viernes

“No será para tanto”, contesté al mismo tiempo que recordaba a tantos amigos iraquíes en cuyo rostro la dureza de la guerra ha dejado una huella indeleble.

Pude comprobar que Safa no exageraba el 28 de enero, cuando nos encontramos en la puerta del hotel Palestine de Bagdad.

Yo iba como testigo de la muerte de Couso, como integrante de la comisión judicial encabezada por el juez Santiago Pedraz, con la misión de participar en la primera inspección ocular realizada por una comisión judicial española en suelo extranjero.

Safa aguardaba nuestra llegada con un traje de chaqueta mal planchado, una sonrisa melancólica y unos ojos hundidos en un pozo de tristeza.

Nos abrazamos y rompió a llorar. “La vida aquí es durísima”, musitó mientras se enjuagaba las lágrimas con cierto pudor.

Desde la invasión de 2003 hasta ahora ha ido acumulando achaques en su salud: es diabético desde hace cuatro años, tiene la presión muy alta pero por más que lo intenta no logra dejar de fumar, sufre insomnio y está deprimido. Toma seis pastillas diarias. Al igual que tantos otros compatriotas, no tiene trabajo.

En 2006, cuando la guerra vivió su momento más crudo, recibió varias amenazas de muerte por parte de algunos grupos armados.

“Tuve la mala fortuna de vivir junto a una casa a la que todos los días llegaban hombres encapuchados con rehenes a los que disparaban en el jardín. Algunas víctimas no morían en el acto, pero no podíamos llamar a un médico porque nos tenían vigilados. Colocaban carteles en los que la advertencia era clara: si denunciábamos, moríamos.”

Imagen de previsualización de YouTubeFinalmente decidió huir a Siria, adonde llegaron exiliados dos millones y medio de iraquíes de los 26 millones que tenía el país. Otros dos millones y medio se desplazaron dentro de las fronteras de Irak huyendo de la violencia.

Fueron tiempos de absoluto desastre. Acnur lanzaba un S.O.S. diario en busca de ayuda para atender a uno de los grupos de refugiados más grande del planeta.

Pero en Siria, a pesar de ser el país más hospitalario con los iraquíes, no hay trabajo para tantos. Así que cuando las cosas se calmaron algo, Safa decidió volver a Bagdad para estar más cerca de sus hermanos.

Pasó el tiempo y siguió sin encontrar un empleo, a pesar de tener experiencia y buen dominio del inglés. Ahora su esposa ha tenido que instalarse en casa de sus padres para asegurarse la comida diaria.

Safa estaba con Couso en el momento del ataque en 2003. Como tantos otros, se libró por los pelos -un par de centímetros- de la muerte o de heridas graves. “Qué bueno sería que hoy José estuviera con nosotros, ¿verdad?. No le tocaba irse aún”, comentó conmovido en el Palestine.

Plaza Paraíso, aún con el pedestal de la estatua de Sadam Hussein, enero 2011

BAGDAD

La de Safa es solo una pequeña historia en esta Bagdad militarizada, trufada de chekpoints, muros, alambradas y con las mismas cicatrices que en 2003: en pocos edificios, plazas o avenidas se han reparado los daños provocados durante la invasión por las bombas, proyectiles o las balas estadounidenses.

Las cúpulas de varios palacios están aún agujereadas. Algunos ministerios son auténticos quesos gruyere; incluso en la plaza del Paraíso, situada frente al hotel Palestina, permanece aún el pedestal de la estatua de Sadam Hussein que en 2003 se derribó en directo para todas las televisiones del mundo.

El cielo es surcado a cada rato por helicópteros y aviones militares estadounidenses.

Y, a pesar de que la administración Obama quiso transmitir la idea de que Estados Unidos se retiraba del país a través de la Operación Amanecer, lo cierto es que hay al menos 50.000 soldados norteamericanos y 7.000 mercenarios contratados por el propio gobierno de Washington para garantizar la seguridad de su personal en Irak, a los que hay que sumar miles de mercenarios más contratados por empresas privadas estadounidenses con base en territorio iraquí y nuevo armamento -aviones F16 y tanques M1 Abrams- que Estados Unidos ha vendido a Irak.

La industria armamentística estadounidense ha encontrado en Irak un mercado-filón para dar salida a sus productos.

Todo esto se nota.

Carretera que une el aeropuerto con Bagdad.

No hay más que circular por la carretera que une el aeropuerto con Bagdad, frecuentada por camiones, strykers y otros vehículos militares estadounidenses.

O simplemente basta con visitar el aeropuerto, plagado de tiendas dirigidas a una clientela extranjera, occidental y armada: en ellas se venden ropa de combate, cartucheras, camisetas y pantalones de deporte con un bolsillo especial para armas cortas, etc. En cualquier terminal hay tipos rubio de dos metros, espaldas cuadradas, biceps trabajados, gafas de sol, que mascan chicle mejor que Clint Eastwood en Harry el sucio.

Ninguno de ellos entablará nunca relación con Safa ni con ningún iraquí de a pie. Son dos mundos paralelos: la población civil iraquí y los extranjeros que se han instalado en el país por razones políticas, militares, o para hacer negocios. Salvo excepciones, no se cruzan.

Unos, los civiles iraquíes, viven en el área no protegida; los otros, los extranjeros, habitan en la zona verde, en bases militares, en las embajadas -como la de Estados Unidos, con una extensión similar a 80 campos de fútbol – o en áreas próximas a las bases militares, como es el caso del aeropuerto de Bagdad, donde se encuentra la base Camp Liberty.

EL HOTEL-BARRACÓN

Allí fue donde nos alojamos los integrantes de la comisión judicial, en un pequeño hotel compuesto de barracones de plástico, techos bajos y precios de infarto -250 dólares la noche- en los que se supone que uno paga la seguridad que implica estar en una zona sin riesgos.

Azafatas españolas, llevan cinco meses en el hotel del aeropuerto de Bagdad

Algunos de sus clientes llevan meses viviendo allí. Son pilotos, azafatas o contratistas instalados en una especie de mundo irreal en el que “lo de fuera” es algo desconocido y peligroso. Matan el rato fumando narguile, jugando al ajedrez o conversando en la cafetería.

“Por dinero”, contestan todos cuando se les pregunta porqué están allí. “¿Por qué si no iba a estar alguien en Bagdad?”, añaden.

Hay dos azafatas españolas y un piloto español, amables, encantadores. Trabajan para una compañía aérea tayika que cubre la ruta Bagdad-La Meca, frecuentada por peregrinos musulmanes.

Basta cruzar unas palabras con ellos para concluir que, a pesar de los elevados sueldos, el sacrificio les merece la pena solo de manera temporal.

El día que llegamos a Bagdad los integrantes de la comisión judicial permanecimos en ese hotel-barracón por razones de seguridad. Solo el juez y la secretaria judicial se desplazaron al centro de la ciudad para reunirse con magistrados del Supremo iraquí.

Tan solo unas horas encerrada en aquél lugar fueron suficientes para comenzar a hacerme una idea terrorífica y distorsionada de “lo de fuera”.

Mujer iraquí cubierta completamente. Bagdad 2011

Supuse entonces la paranoia que puede instalarse en los militares estadounidenses, que salen solo a patrullar y a misiones puntuales, sin la posibilidad de conocer el Bagdad real, el de tantas mujeres y hombres hospitalarios que luchan por salir adelante, pero no encuentran cómo, en un país destrozado por la invasión y la militarización, en el que la pobreza extrema afecta ya al 23% de la población y en el que las mujeres han perdido buena parte de la libertad de la que gozaban antes de 2003.

EL MAGISTRADO

Es en esta Bagdad en la que el juez Santiago Pedraz se tuvo que abrir paso -después de haber sorteado en España los obstáculos colocados por la Fiscalía- para realizar la inspección ocular en el marco del caso Couso.

El magistrado Santiago Pedraz en el balcón de la 1403 del hotel Palestine

Tímido pero resolutivo, el juez español logró cumplir el objetivo de su viaje: visitó el hotel Palestine, vio la habitación 1403, en la que fue alcanzado José Couso y la 1503, en la que murió el periodista Taras Prosyuk. Acompañado por un juez iraquí, se trasladó hasta el puente desde el que en 2003 disparó el tanque estadounidense que mató a Couso.

Tomó fotografías y grabó imágenes de todo ello, con la ayuda de la secretaria judicial, que redactó a mano todos los detalles de la inspección. No se inmutó cuando tres helicópteros estadounidenses, quizá por casualidad, quizá no, permanecieron un par de minutos sobrevolando el lugar exacto en el que nos encontrábamos.

Tampoco se había inmutado una semana antes cuando el Ministerio de Exteriores español afirmó que no podía garantizar la seguridad de la comisión judicial y recomendó la cancelación del viaje. No expresó dudas o nerviosismo en la capital jordana, antes de llegar a Bagdad, en un momento en el que incluso los testigos de la muerte de Couso, a pesar de tener experiencia en países en conflicto, no podíamos evitar mostrarnos circunspectos ante el reencuentro con Irak.

Pedraz estuvo, simplemente, concentrado en hacer su trabajo. En seguir lo que indica la ley, aunque esto implicara acudir al corazón de Bagdad.

No ha hablado de las conclusiones que ha obtenido porque su condición de juez se lo impide, pero estoy segura de que esta inspección ha resultado positiva para el caso Couso.

El magistrado logró llevar a cabo la primera inspección ocular impulsada por una comisión española en el extranjero.

El hotel Palestine en la actualidad.

Y, sobre todo, demostró que la Justicia no retrocede ante las presiones, sino que sigue su propio curso: el que dictan las leyes.

Los papeles de wikileaks desvelaron que el embajador estadounidense en España escribió esto en 2007 en un informe: “claramente el juez Pedraz tiene la intención de seguir este caso de forma agresiva. Continuaremos con nuestros contactos de alto nivel con representantes del Gobierno español para presionar con el fin de lograr la retirada de los cargos…”.

La única agresividad en este caso fue la del proyectil que mató a Couso y a Taras Prosyuk; las únicas malas artes son las que han empleado la Fiscalía española y todos aquellos empeñados en obstaculizar el certero paso de la Justicia.


“El periodismo siempre es subversivo”, Philip Jones Griffiths, fotoperiodista.

(Viene de Otro periodismo es posible (I))

Los líderes del modelo imperante de información -habría que llamarlo desinformación- se resguardan de las críticas apelando a los deseos de la sociedad como factor determinante en la elección de los contenidos.

Parapetados en un argumento facilón y falaz, quieren creer que la ciudadanía se compone de tontos y tontas que necesitan cuanta más basura mejor para quedarse pegados a la pantalla, para animarse a comprar un periódico o para escuchar la radio. Tienen fe en la basura porque a corto plazo es lo más rentable, lo más barato, lo más fácil.

Optan por ignorar que en otros países europeos hay programas de información tratada en profundidad que acaparan importantes porcentajes de audiencia o que imprimen el sello de calidad e identidad que necesita un medio para ganar prestigio.

Aquí mismo se han producido fenómenos recientes como que un buen reportaje de Informe Semanal sea lo más visto de la semana en TVE solo superado por un partido de Rafa Nadal.

¿De verdad piensan que nos aburre lo que realmente ocurre en el mundo?

¿Solo vemos la tele si nos descafeínan las noticias? ¿El rigor es aburrido?

¿Tenemos tan poco interés en la actualidad que necesitamos que nos la cuenten en crónicas cada vez más cortas o en vídeos de 45 segundos, porque si no nos distraemos?

Puede que sí. Pero muchos periodistas creemos que no. Por otro lado, estas preguntas tienen trampa, porque, independientemente de la presunta voluntad de una mayoría, el deber del periodismo es contar la realidad de manera de manera detallada y rigurosa.

En general, los seres humanos, cuanto más informados estamos, más queremos saber. Cuanto más sabemos, más preguntas nos surgen. Por tanto, cuanto más tiempo dure la apuesta por el show disfrazado de periodismo, nos arriesgamos a que más ciudadanos dejen de tener interés por la actualidad.

Del mismo modo, si se apostara por multiplicar los espacios informativos y éstos se mantuvieran en el tiempo respaldados por una buena promoción, es muy probable que se fueran sumando como público-lectores más y más ciudadanos, que descubrirían así nuevos enfoques, perspectivas y realidades, así como una nueva afición: querer estar bien informado.

LA RESPONSABILIDAD

El periodismo tiene una responsabilidad: informar con ética, con fuentes contrastadas.

No rendir pleitesía al poder, dar un altavoz a quienes no lo tienen, intentar que los que rigen el mundo no sean los únicos que aparezcan en los medios.

Pero también los ciudadanos y ciudadanas tienen en sus manos una responsabilidad: exigir información de calidad, protestar contra la banalización de los espacios informativos y de las imágenes.

(Y esto es extensible al ámbito de la política: la sociedad debe exigir a los políticos un debate de altura).

NO ES INOFENSIVO

Hay un modelo de periodismo actual que eleva las anécdotas o la información de escaso interés general a la categoría de noticias. Así, nos encontramos con informativos-magazine, en los que se habla de un árbol de Navidad decorado con joyas, de un coche empotrándose contra un pajar solitario o de una carrera de pingüinos.

La inclusión de este tipo de reportajes seudoinformativos en un espacio que debería dedicar su atención exclusiva a los grandes temas de actualidad puede resultar a primera vista inocente e inofensiva. Pero no lo es.

No lo es porque cada vez que se da espacio a una seudoinformación se está enterrando una noticia. Y esa noticia a veces tiene que ver con los abusos por parte de ejércitos, de entidades financieras, de políticos corruptos; con grandes asuntos de los que dependen nuestros derechos y libertades.

Pero no se cuenta -o se cuenta mal, en 30 segundos o en media columna- porque hay que dedicar un gran espacio a una insípida cumbre de mandatarios o, peor aún, a esa crónica tan simpática sobre la nueva receta de un roscón de reyes.

OTRO PERIODISMO

Hay periodistas que creen en el periodismo que se ejerce en los grandes medios y trabajan en ellos con orgullo; están convencidos de que sólo ése es el periodismo real.

Otros permanecen en los mass media porque de vez en cuando tienen la fortuna de poder realizar desde ellos una buena labor periodística y de ese modo la frustración pasajera es recompensada temporalmente para dar paso a otra frustración y así sucesivamente, últimamente con predominio de las etapas de barbecho.

Los hay que se mantienen por una cuestión económica, necesitan pagar la hipoteca.

También están los que se cansan y se van. Renuncian a una nómina, a un contrato indefinido, incluso a un buen sueldo, con la esperanza de poder practicar un periodismo al margen de la agenda impuesta por los grandes poderes.

Unos escriben libros para plasmar en ellos el periodismo que no cabe en los mass media; otros realizan documentales autofinanciados que encuentran hueco en los circuitos de festivales extranjeros o en cadenas de prestigio internacional.

Hay quienes trabajan como free-lance y ofrecen sus crónicas a los mass media, que cada vez “compran” menos y pagan peor.

Algunos han llegado a ofrecer su trabajo gratis, hartos de que les pongan como excusa la falta de dinero para pagarles, y aún así, no han conseguido que sus reportajes, a veces de gran calidad, sean difundidos. No hablo solo de principiantes, sino de reporteros con mucha experiencia.

Entre esos periodistas que han abandonado grandes medios están los que buscan -y encuentran- en Internet el modo de poner en práctica la máxima de que otro periodismo es posible. La información en la Red no necesita del gran capital para ser difundida, no precisa de caros envíos por satélite ni de rotativas. Así han surgido importantes iniciativas como propublica.org en Estados Unidos o mediapart.fr en Francia.

En los países anglosajones, con una sociedad civil más participativa en este tipo de cuestiones, algunos de estos proyectos obtienen financiación a través de filántropos, de las donaciones mensuales y voluntarias de sus lectores o por ambas vías. Es el caso de la ya histórica democracynow.org.

Aquí en España iniciativas de calidad como periodismohumano.com han optado por este tipo de financiación sin duda valiente -basada en las donaciones de los lectores- en un país en el que nos quejamos mucho de la calidad de la información pero no nos damos cuenta de que tenemos algunas herramientas para conseguir que otra sea posible.

CUANDO LAS NOTICIAS “NO CABEN”

Hace unos días un reportero extranjero de prestigio, con varios premios periodísticos internacionales, me describía el hartazgo y la frustración que siente cada vez que algún medio rechaza publicar sus trabajos, en los que los protagonistas son víctimas de las grandes injusticias que azotan el mundo.

– “¿Con qué cara vamos a mirar a los moribundos, heridos o a los familiares de muertos con los que hablamos en Haití, Afganistán, Irak, Gaza, Congo, etc, que nos han abierto las puertas de su casa y de su corazón durante días o semanas para que contemos al mundo lo que les está pasando, si al final no logramos que se publique lo que les está ocurriendo?”, se preguntaba.

A los que nos hemos dedicado a viajar a zonas castigadas se nos ha descolocado el estómago a menudo al comprobar que el niño herido que tenemos a nuestro lado no merece -según los locos parámetros de los mass media- espacio en las páginas de información;

Que los cinco cadáveres que hay a nuestros pies no tienen cabida en el llamado periodismo porque han tenido la mala suerte de morir el mismo día en el que se realizaba el sorteo de la Lotería Nacional.

Que una mujer torturada en Abu Ghraib “no cabe” en el informativo; que una familia de haitianos que protesta contra la injerencia extranjera “no vende”.

Que la lucha admirable de una mujer guatemalteca por llevar a la justicia a criminales de guerra “no es televisiva” según el absurdo esquema de algún mediocre editor, o que las causas de la crisis económica no merecen espacio porque son un asunto complicado que pueden aburrir al espectador, bajar la audiencia o, quizá enfadar a los socios ricos del jefe del medio de comunicación.

Y así, un día nos levantamos por la mañana y gritamos que la ausencia en algunas páginas de actualidad de las grandes noticias del mundo es un delito; que este no-periodismo está engañando y adormeciendo a las sociedades; que las poblaciones que no están bien informadas pueden ser fácilmente manipulables; que la información de calidad, como servicio público, es la base de las sociedades libres y democráticas.

Que, como dijo Albert Camus, hay épocas en las que toda indiferencia es criminal.

Por ello, que no cuenten conmigo.


El porqué es lo que convierte al periodismo en un juego de adultos, y la única manera de explicar el porqué es mediante periodistas absoluta y enteramente  comprometidos con la cobertura de un asunto determinado o una institución.” David Simon, ex periodista y guionista de The Wire.

Decían los maestros periodistas que para ejercer este oficio se precisa empatía, capacidad de ponerse en la piel del otro, conocimiento de idiomas y culturas, viajar, especializarse y profundizar en los temas de actualidad, tener los ojos y oídos bien abiertos y estar en contacto con la calle, porque es en ella – y no en las redacciones- donde se producen las noticias y donde se puede palpar la realidad.

Pero en España parece que se ha optado por otro modelo de periodismo. Consiste en fichar a la entrada y la salida de las empresas y permanecer en ellas, en las redacciones – más que redacciones habría que llamarlas oficinas- nueve o diez horas seguidas con la mirada fija en el ordenador, viendo cómo caen, uno tras otro, los teletipos.

De ese modo los periodistas limitan su mirada: los que se encargan de la información internacional ven la actualidad a través de dos o tres grandes ojos, los de las dos o tres grandes agencias de noticias del mundo. Estas agencias suelen hacer un trabajo digno, pero su cobertura es insuficiente para narrar el mundo.

Es una situación un tanto orwelliana: los grandes medios de comunicación, conocidos como mass media, prescinden cada vez más de sus propios ojos y oídos, de su propia red de corresponsales o enviados especiales, y depositan toda la tarea periodística en las agencias de noticias.

Lo mismo ocurre con la información nacional: los periodistas suelen ver el país a través de las notas de prensa y comunicados de organismos oficiales -o de ruedas de prensa a veces sin derecho a preguntas- porque el modus operandi impuesto en las redacciones no les deja tiempo para indagar en otros temas.

Y así, la tarea de los periodistas de los mass media se ve reducida cada vez más al copy-paste: me llega el teletipo o el comunicado, lo copio, y poco más.

Sin duda alguna el medio de comunicación en el que más se produce este fenómeno es la televisión: un ciudadano enciende la tele, comienza a hacer zapping y comprueba que en todos los canales le cuentan las mismas noticias, con los mismos planos, las mismas imágenes, el mismo enfoque.

LAS REDACCIONES

Buena parte de las redacciones ya no son lugares de debate en los que la actualidad y la polémica hierven al vertiginoso ritmo de la curiosidad insaciable de los periodistas.

Ahora son espacios más bien silenciosos, en los que hay jefes que valoran cada vez menos la especialización y el conocimiento; en los que introducir gracietas en la narración de una noticia te da más puntos que tener una agenda cargada de contactos y de fuentes de información procedentes de todas las esferas políticas y sociales.

LOS JEFES

Muchos directivos de las empresas periodísticas no son periodistas, sino gerentes que buscan la obtención del máximo beneficio económico sin importarles en demasía la calidad de la información.

Tanto es así, que grandes empresas informativas se preocupan más que por informar, por aparentar que informan; procuran elaborar infoentretenimiento y huyen del periodismo que busca contestar a las grandes preguntas.

LAS CAUSAS

¿Por qué apuestan por pisotear el periodismo?

Recabar y elaborar información cuesta dinero, tiempo y esfuerzo; es mucho más barato limitarse a copiar lo que dicen las agencias de noticias, las instituciones políticas o económicas o los organismos oficiales.

Esta es la idea que prima en los grandes despachos de los medios de comunicación de masas, pero es más que cuestionable.

Cualquier empresario sabe que las apuestas por productos de calidad pueden generar beneficios a largo plazo; pero para eso se necesita paciencia y, en el caso de la información, cierto sentido de responsabilidad pública, algo de lo que carecen por completo estos gurús del no-periodismo.

EL PODER

Buena parte de los mass media centran la información en los poderosos para obtener influencia en las altas esferas: Abramos las páginas de un periódico y contemos cuántos representantes de la política e instituciones aparecen en las fotos. Serán la mayoría.

Y así los pobres, los desposeídos, los anónimos, la gente de la calle, contemplan a través de los medios cómo los integrantes del poder político, económico y financiero gozan de un altavoz diario del que ellos carecen.

Unos pueden permitirse diariamente moldear el lenguaje al servicio de sus intereses: tendrán espacio asegurado en los mass media, sus palabras serán repetidas una y otra vez en los medios audiovisuales.

Los otros no disponen casi nunca de un altavoz: al periodismo les resultan indiferentes.

Actualmente en este oficio se premia y se pone medallas al que frecuenta a los políticos, come con ellos, informa sobre lo que dicen, sobre si seguirán o no en la próxima legislatura, sobre si brillaron o no en su intervención en el Pleno del Congreso, sobre si mienten o no mienten, sobre sus promesas, sobre sus alianzas y rupturas.

Es una información sin duda necesaria, pero suele carecer de la profundidad requerida en los tiempos que corren.

El debate político actual es pobre y suele estar al servicio de los grandes poderes, no de los ciudadanos. Con frecuencia invisibiliza las realidades con la que cualquier buen historiador del futuro definiría la etapa de nuestro presente.

Por eso el espacio informativo que ocupan los representantes del poder político no suele dejar lugar para dar respuesta a las grandes preguntas que deberíamos estar contestando entre todos:

¿Quién está detrás del poder político?

¿Cómo es posible que en 2009, el año de mayor recesión económica en España, el sueldo medio de los consejeros ejecutivos y altos directivos de las empresas del Ibex 35 fuera de un millón de euros anuales?

¿Por qué los gobiernos han puesto tanto empeño en rescatar a las entidades financieras y no nos rescatan a los ciudadanos?

¿Qué ha ocurrido para que Europa se plantee mermar los derechos de los trabajadores e incluso retrasar la edad de jubilación, cuando solo hace diez años debatía reducir o no la jornada laboral a 35 horas semanales?

¿Por qué el hambre, la desnutrición o las desigualdades suelen ser consideradas tragedias naturales inevitables y nadie ha sido condenado por contribuir a su existencia?

¿Tendrán los gobernantes de los países desarrollados remordimientos nocturnos al recordar que con solo el uno por ciento del dinero destinado al rescate de las entidades bancarias en 2009 se habría podido garantizar el cumplimiento de los Objetivos del Milenio establecidos para erradicar la pobreza extrema en el mundo, tal y como ha denunciado la ONU?

¿El aumento de la desigualdad entre pobres y ricos es una tendencia al alza? Es decir, ¿se superará a peor el dato actual – ofrecido por Naciones Unidas- que indica que el 1% de la población mundial acapara el 35% de la riqueza del planeta, mientras que la mitad de la población mundial solo disfruta del 1% de la riqueza?

¿Cuáles son los nombres y apellidos de quienes ganan dinero especulando con el precio de los alimentos?

¿Cuánto dinero ganan nuestros gobiernos vendiendo armas a Estados que atacan población civil y ocupan ilegalmente territorios ajenos?

¿Por qué hay ejércitos de países desarrollados que matan a población civil en nombre de la lucha contra el terrorismo?

¿Para qué algunos países occidentales ocupan y atacan países en nombre de la democracia y la libertad?

¿Se mantendrá esta jerarquía que sitúa el dinero y el poder por encima de los seres humanos y de la Tierra?

¿Hasta dónde llegará este periodismo al servicio del poder o de los beneficios económicos, sumergido en un terrible síndrome de Estocolmo, secuestrado por sus peores enemigos?

La respuesta a esta última pregunta depende no solo de quienes llevan las riendas de los mass media, sino de todos los que ejercemos este oficio.

(Continuará…)