El minotauro anda suelto

Egipto es una dictadura que no permite el derecho a la huelga ni deja espacio a la libertad de expresión. El actual presidente Hosni Mubarak mantiene la ley de emergencia decretada en 1981 a raíz del asesinato del presidente Anuar el Sadat por parte de un integrante de la Yihad Islámica (Sadat se ganó la enemistad de algunos sectores de la población al firmar la paz con Israel).

Desde entonces ese estado de emergencia continúa vigente: a través de ello el octogenario Hosni Mubarak reprime a todos aquellos que manifiestan su disconformidad con las políticas gubernamentales, a los que denuncian la corrupción, el hambre, la pobreza, la falta de libertad o a los que critican que Mubarak desee traspasar el poder a su hijo Gamal, como si se tratara de un sistema hereditario no monárquico al estilo de Siria, donde a la muerte del presidente Hafez al Assad heredó el poder su hijo Bashar al Assad, y para ello se modificó la Constitución, que impedía ser presidente a alguien menor de cuarenta años.

He contado en el libro “El hombre mojado no teme la lluvia” la historia de Kareem El Behirey, al que conocí en El Cairo en el año 2008, en vísperas de una huelga organizada por los trabajadores de la fábrica estatal de Mahalla.

Kareem el Behirey, obrero, sindicalista y bloguero egipcio, en El Cairo, 2008. (O.R)

Kareem, como tantos otros jóvenes egipcios, trata de esquivar la censura a través de Internet: tiene un blog, donde escribe noticias que no aparecen en los medios oficiales y donde denuncia casos de represión policial, de corrupción política, así como la existencia de movimientos sociales contrarios a la dictadura egipcia.

Poco después de conocerle y entrevistarle, Kareem fue arrestado por dar cobertura en su blog a la huelga de Mahalla. Lo último que escribió antes de desaparecer durante semanas fue:

Ahora son las siete de la manana y voy a irme a Mahalla a cubrir la huelga de la fábrica. Rezad por mí y espero que entre todos podamos mostrar los fallos del régimen. Firmado: Kareem el-Behirey, por un país libre, el de los egipcios revolucionarios.”

Kareem fue una de las cientos de personas arrestadas ese día, 6 de abril de 2008. Las Fuerzas Armadas reprimieron a los huelguistas usando rifles de asalto, gases lacrimógenos y pelotas de goma. Murieron un niño de nueve años y un joven de veinte. Otras noventa personas resultaron heridas.

Las autoridades acusaron a Kareem de haber incitado a la huelga a través de su blog. Le trasladaron a una cárcel, donde recibió golpes, maltratos, descargas eléctricas. Pasó 73 días en cautiverio. Desde que salió en libertad, y a pesar del castigo al que se expone, no ha abandonado su blog.

Hace un par de semanas un blogger como Kareem murió presuntamente a causa de la brutalidad policial. Se llamaba Khaled Said, tenía 28 años y pretendía difundir por internet un vídeo -pinchad aquí- que  presuntamente muestra cómo algunos oficiales de policía se reparten un alijo de droga incautada.

La policía propinó a Khaled una brutal paliza en un cibercafé, después lo sacó a la calle y siguió golpeándole hasta la muerte, según varios testigos. La versión oficial es que el chaval falleció asfixiado tras tomar drogas, pero lo cierto es que tanto el dueño del cibercafé como otros testigos han señalado a los agentes como responsables directos de la muerte del joven.

No solo eso: hay una fotografía, realizada en la morgue, que muestra a Khaled ya muerto, con claras señales de golpes en el rostro y con la mandíbula rota.

Protesta en Alejandría contra la represión policial en la que se muestra la foto del cadáver de Khaled Said (AP)

Tras conocerse la noticia, y a pesar de la ley de emergencia, ha estallado una oleada de protestas que han culminado con una manifestación en la que se congregaron unas cinco mil personas y en la que participó el egipcio Mohamed El Baradei, ex presidente del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Pero como la dictadura de Egipto es nuestra gran aliada, no ha habido condena por parte de los gobiernos occidentales. Nunca la hay. Como tampoco la hay hacia la dictadura fundamentalista de Arabia Saudí, nuestro otro gran aliado.

Occidente magnifica ciertos aspectos de sus enemigos para crear una imagen maléfica en torno a ellos; lo curioso es que sus grandes aliados apenas tienen rival en lo que a fundamentalismo, corrupción y represión se refiere. Pero como dijo Kissinger, esos no cuentan, porque son nuestros hijos de puta. *

Y de ese modo, quienes se sacrifican por la libertad en Egipto son, como mucho, un “breve” en algún que otro periódico occidental.

*Se atribuye al ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger esta frase, refiriéndose al dictador nicaragünse Anastasio Somoza: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” .