El minotauro anda suelto

Algunos de los casos mencionados en los papeles del Pentágono sobre Irak difundidos por Wikileaks ya se conocían, pero no por eso dejan de tener valor. Al contrario: en un mundo donde parece ser que solo la palabra del Pentágono es considerada de absoluta fiabilidad, era necesario que estos papeles salieran a la luz para probar que las denuncias continuadas de miles de víctimas eran ciertas.

Ataque estadounidense contra un mercado bagdadí, abril 2003. Murieron 15 iraquíes (Olga R.)

Con los testimonios de las víctimas iraquíes – y de miles de testigos- ha ocurrido algo nada infrecuente: Se ha sospechado de quienes se declaraban víctimas y pedían Justicia. Es la doble victimización de la víctima. En algunos países del Cono Sur se llama teoría del doble demonio a aquella que tiende a pensar que si alguien ha sido torturado o asesinado, algo habría hecho antes. Es decir, la que señala a la víctima como merecedora de serlo.

Ahora, cuando la información sale del Pentágono, responsable de crímenes de guerra y de violaciones de las leyes internacionales y los derechos humanos, nadie pone en duda la veracidad de la misma. “Pero si esto ya lo sabíamos“, me han dicho estos días varios amigos iraquíes, algo indignados.

Doy fe de que algunos lo sabían muy bien. Yaser Alí, a quien conocí en 2003 en Bagdad durante la fase de bombardeos, perdió a un cuñado en un ataque estadounidense y fue detenido sin cargos. También su hermano, que fue torturado en la cárcel de Abu Ghraib. Por esa misma prisión pasó Yamila Abbas, sin cargos y sin derecho a juicio. He contado estas y otras historias en el libro “El hombre mojado no teme la lluvia” y en varios trabajos periodísticos.

Se han escrito cientos de historias de iraquíes asesinados y heridos. Pero solo ahora parece llegar la confirmación de que todo aquello era absolutamente cierto, solo ahora se disipan las sospechas que aún podían gravitar en ciertos sectores. No nos bastaba con la palabra de las víctimas y de miles de testigos.

Sí nos basta sin embargo con los papeles del Pentágono, de los que no sospechamos que puedan estar maquillados, que puedan haber ocultado algunos datos o que no incluyan todos los muertos y heridos.

Niño muerto en un ataque estadounidense, Isahaqi, Irak, 2006 (Hamid Rashid/AP)

En esos papeles se habla de la muerte de 66.081 civiles y sin embargo varias organizaciones de prestigio como la británica Iraq Body Count han contabilizado unos 107.000 civiles iraquíes muertos, que, unidos a los 15.000 nuevos casos mencionados por los papeles del Pentágono -y desconocidos hasta la fecha por Iraq Body Count- hacen un total de 122.000.

El canal británico Channel 4 ha indicado que en esos papeles se incluye la muerte de un hombre y una mujer en Tal Afar en presencia de sus seis hijos y sin embargo no se menciona que uno de esos niños resultó herido y quedó parapléjico a causa de una de las balas estadounidenses disparadas contra el coche que el padre conducía. El caso quedó registrado en el momento a través de la cámara del fotógrafo Chris Hondros.

LOS DAÑOS COLATERALES

En las guerras hay reglas. No vale todo. Lo saben bien los militares, lo estudian en la carrera militar. Pero hay quien opina que es legítimo, inevitable, aceptable, que las guerras tengan daños colaterales, ese terrible eufemismo que oculta crímenes. Es posible que piensen así porque crean que en las guerras todo escenario es bélico. La realidad es bien diferente.

En las guerras los niños siguen jugando, porque son niños. A veces juegan en la calle. La gente, si puede, sigue yendo a trabajar, porque necesita comer; para ir a trabajar coge el coche o el autobús. Y de este modo puede ocurrir que en una ciudad la vida transcurra con cierta normalidad mientras que en la periferia de dicha ciudad haya un frente abierto con dos bandos enfrentados.

En un lado del  mapa los civiles esperan el bus, los niños van al cole, las mujeres compran en los mercados; y en el otro, los militares guerrean. Si uno de esos dos bandos ataca el mercado, la parada del bus o el colegio de los niños, está cometiendo sin lugar a dudas un crimen de guerra.

Hay quien puede argumentar, en una defensa enfermiza de este tipo de acciones, que el terrorismo y la existencia de bandas armadas irregulares desdibujan cada vez más esta línea que separa el escenario militar y bélico del escenario civil y que por eso hay que saltarse las leyes internacionales. ¿Realmente es posible que haya tantos niños, tantas mujeres, tantos hombres civiles dedicados a actividades armadas?

¿La mujer que está cocinando es una amenaza, y también la niña que está en el colegio, y el niño que juega en la calle, y el hombre que conduce su coche hacia su trabajo? ¿Son una amenaza porque es posible que cerca de ellos se esconda un tipo armado? ¿Es ese tipo armado una amenaza real en ese preciso momento en el que dispararle supondrá matar a inocentes? ¿Hasta qué cifra se considera sostenible matar a inocentes? ¿Mil, dos mil, diez mil?

EL HOTEL PALESTINE

El ataque al hotel Palestine que mató al cámara José Couso y al periodista Taras Protsyuk e hirió a varios más – y del que muchos fuimos testigos- no está incluido en los informes del Pentágono publicados por Wikileaks, porque este ataque ocurrió en 2003 y los papeles de Wikileaks abarcan los ataques y crímenes cometidos a partir de 2004. Tampoco están incluidos los ataques que en esa misma mañana el Ejército estadounidense lanzó contra la sede de la televisión Abu Dhabi y contra la sede de Al Jazeera, matando a otro periodista, Tareq Ayoub.

Pero leyendo estos informes es legítimo y lógico pensar que, del mismo modo que los soldados estadounidenses apretaron el gatillo para matar a mujeres, hombres y niños inocentes, también pudieron disparar contra el hotel – o contra las dos sedes de las televisiones árabes- sabiendo, como todo el planeta sabía, que era un lugar protegido por la ley internacional porque en él solo vivíamos periodistas y civiles y nada hacía pensar que desde ese edificio pudiera partir amenaza alguna para las tropas estadounidenses.

Por si alguien aún piensa que es imposible un comportamiento así por parte de las tropas estadounidenses, recomiendo la visión de -además de este vídeo ya mencionado en el anterior post- los nuevos vídeos difundidos la pasada semana por Wikileaks a través de Channel 4, en los que podemos comprobar de nuevo que antes de disparar todos los militares piden permiso, por lo tanto nunca se trata de un disparo producto de un error de un solo soldado, sino de un disparo analizado en el que participan varios.

Imagen de previsualización de YouTubeEn ellos se ve, entre otras cosas, cómo los militares estadounidenses bombardean un edificio a pesar de que ellos no están siendo atacados y a pesar de que en ese momento pasa un hombre caminando por la calle, que desaparece tras el ataque; se observa también cómo disparan desde un helicóptero a un hombre a pesar de que éste, al darse cuenta de que la aeronave le sigue, detiene el vehículo y baja de él con las manos en alto, en señal de rendición.

Sé de algunos periodistas que, empeñados en denunciar la pesadilla de Irak, han tenido que soportar que sus superiores les acusen de estar obsesionados con Irak, de no saber pasar página. Torpes editores aquellos que no comprendieron o no quisieron saber que el escenario iraquí ha sido uno de los tableros informativos principales de los últimos años, el paradigma de la crisis moral de Occidente, el ejemplo del doble rasero. No han sido pocos los mass media que han mirado hacia otro lado, convirtiéndose así en cómplices de los crímenes.

No son pocos los poderes que desean que todos nos comportemos como dóciles soldados capaces de creer que lo que hace quien lleva un determinado uniforme es útil, necesario y cargado de razones.

Deberíamos aprender que la muerte de civiles siempre exige la mayor de las atenciones. Reivindico un ejercicio: Imaginar. Imaginemos bien cómo es la muerte de una niña, las consecuencias del uso del fósforo blanco, las torturas en cárceles secretas, el ahogamiento simulado, las bombas arrojadas a distancia, la eterna tristeza de quienes pierden a sus padre o a sus hijos a causa de la violencia, el dolor irreparable.

Si alguien aún no se hace una idea concreta, que escriba en google “iraq children death“, elija el apartado de imágenes y eche un vistazo. Y tras ello, ¿se atrevería alguien a concluir que no merecen atención estas noticias referidas a la vida y a la muerte, a la justicia y la injusticia, a la cordura y la locura?