El minotauro anda suelto

Protesta en Sol, 19 de mayo (O. R.)

España tiene casi 5 millones de parados, 17 millones de trabajadores mileuristas -con ingresos brutos mensuales inferiores a los 1.100 euros- y una tasa de paro juvenil del 43,5%, una cifra que triplica la media mundial.

Los jóvenes que sí tienen la fortuna de contar con un empleo cobran un 40% menos de media que los adultos.

El gobierno recorta el gasto público en 15.000 millones de euros, pero aprueba un aval de 9.000 millones de euros para el rescate de una caja de ahorros.

Los ciudadanos apenas tenemos posibilidades de disfrutar de desgravaciones fiscales. Las grandes empresas, sí:

Un informe de Hacienda señala que las grandes empresas tributaron en 2008 a un tipo fiscal medio del 14,5%. Se calcula que desde entonces el tipo fiscal ha bajado más.

La supresión del impuesto de patrimonio y la existencia de sociedades como las sicav privilegia a los que más tienen.

Las sicav -sociedades anónimas cuyo objeto es invertir en activos financieros- tributan al 1% en el impuesto de sociedades.

El pasado año, en plena crisis económica, los altos ejecutivos de las empresas del Ibex 35 cobraron un sueldo medio de 2,2 millones de euros.

250.000 familias han sido ya desahuciadas por no poder pagar su hipoteca. Los bancos no solo se llevan su casa, sino que no les perdonan la deuda restante. Pero para ellos sí hay rescate.

“Cobrar 600 euros es una forma de violencia”, reza una de las pancartas en Sol. Es cierto.

Los abusos y el crecimiento de las desigualdades no son inevitables, aunque aquellos que se están forrando a nuestra costa pergeñen grandes estrategias para que asumamos lo contrario.

Otro modelo es posible. Por eso jóvenes y no tan jóvenes se niegan a quedar relegados como meros espectadores pasivos de los desmanes de una elite política y económica.

El pensamiento dominante ignora la realidad de una gran mayoría a la que el poder pretende excluir, para que no exista más que una vez cada cuatro años.

Es probable que los que mueven los hilos, los que caminan sobre pedestales creyéndose admirados y grandes, no entiendan el movimiento Democracia Real Ya más que como un fenómeno molesto, un incordio protagonizado por una panda de ingenuos. Allá ellos con sus egos.

Puerta del Sol, Madrid, 19 de mayo (O. R.)

Es probable que insistan esas voces que aparecen estos días en cierta prensa diciendo que, como el mayo del 68, las acampadas son un desahogo inútil. Pero lo cierto es que el mayo del 68 cambió mentalidades, legitimó demandas.

Del mismo modo, lo que hasta esta semana era clandestino y subterráneo se ha hecho oficial: Los ciudadanos no tragan con todo, no quieren depositar un voto y darse la vuelta, para que, sin su consentimiento, el poder salve al pez grande mientras asfixia al chico.

Reclaman una representación real, derechos, dignidad, igualdad, que ningún voto valga más que otro.

Exigen una democracia tal y como la define el diccionario de la RAE:Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.”

Los integrantes de la Junta electoral que han decidido prohibir las manifestaciones no han comprendido nada. Como reza una pancarta en Sol, su veredicto ha sido: “Silencio, estamos en democracia”.

Sol, 19 de mayo (O.R.)



Cuenta la tradición que Galileo Galilei, tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo para salvar su vida, añadió una frase: Eppur si muove (y sin embargo, se mueve). En realidad es probable que el astrónomo italiano no dijera nada parecido ante el tribunal de la Santa Inquisición que le juzgaba y que decidió librarle de la muerte y de la cárcel. Pero sin duda esa frase resume la esencia de su pensamiento. Eppur si muove.

La uso como título para este primer texto porque me parece un buen modo de reivindicar la ciencia, el rigor y la exactitud en un momento en el que el relativismo posmoderno sigue pegando fuerte en nuestras sociedades y el concepto de democracia se estira y deforma hasta tal punto que se acepta la creencia de que puede haber tantas verdades como personas o tantas verdades como opiniones.

Estas visiones relativistas han calado hondo en el periodismo, un oficio en el que a menudo se aplica la equidistancia para describir el mundo en el que vivimos. De ese modo se llega a situar al mismo nivel a opresores y oprimidos, agresores y agredidos, ocupadores de tierras y ocupados; se presenta un conflicto como el enfrentamiento entre dos bandos cargados cada uno de sus propias verdades.

La verdad no tiene por qué ser absoluta, pero lo cierto es que tampoco está en todas partes, ni es ella y su contrario. Imaginemos una encuesta en la que un porcentaje elevado de la población admitiera pensar que la Tierra no se mueve. ¿Se convertiría esa creencia en realidad?

Podemos discutir durante años o siglos sobre los movimientos de la Tierra, pero lo cierto es que se mueve. De la misma manera la libertad, el Estado de derecho, la justicia, la razón, son valores indiscutiblemente necesarios para nuestras sociedades. Sin ellos se da rienda suelta al todo vale y a la banalización de la verdad. Sin ellos sería coherente absolver a un asesino, puesto que consideraríamos que sus acciones son tan válidas como las de un inocente o las de una víctima. O podríamos aceptar que la Tierra, inmóvil, es el centro del universo, tal y como defendía en el siglo II el astrónomo Ptolomeo, de quien algunos en nuestra época actual no están tan alejados… Al fin y al cabo aquellas personas o entidades que hoy en día acumulan la mayor parte del dinero y el poder creen ser el centro del universo, la medida de todas las cosas, acaparan la mayor parte de los espacios informativos e imponen las normas que más les benefician.

Esta sección nace con la intención de abordar la actualidad desde un enfoque no tolemaico. La llamada periferia -la del Primer Mundo y la de los otros mundos- estará situada en el centro. A fin de cuentas esa periferia conforma lo mayoritario en este planeta. Lo extraño, lo diferente, es esta burbuja de bienestar y riqueza en la que vive una minoría.