El minotauro anda suelto

Una joven de 18 años, nueva víctima de la violencia policial, tras participar en una protesta en memoria de Khaled Said

Human Rights Watch denuncia represión, arrestos arbitrarios y 5.600 juicios militares a civiles desde febrero

Imagen de previsualización de YouTube

El grito de “Todos somos Khaled Said” ha vuelto a resonar esta semana en El Cairo y Alejandría, durante las manifestaciones celebradas con motivo del primer aniversario del asesinato del joven a manos de las fuerzas de seguridad egipcias, un hecho que incrementó la indignación entre la población y aceleró el proceso hacia las revueltas.

La protesta en la capital tuvo lugar frente al ministerio del Interior, donde se concentraron miles de personas, entre ellas conocidos activistas de lo que se ha llamado la revolución egipcia.

“La dignidad del pueblo egipcio es nuestra línea roja”, corearon.

El artista y grafitero Hossam Shukralleh llevó una plantilla de papel recortado con los rasgos de Khaled Said que sirvió para dejar el rostro de la víctima impreso en las paredes del ministerio, ante los aplausos emocionados de los asistentes. (Ver vídeo)

UN NUEVO CASO DE REPRESIÓN

Una de las participantes en la protesta fue la joven Salma Al-Sawy, integrante del Movimiento 6 de abril, clave en el levantamiento popular del pasado enero, y ex integrante de los Hermanos Musulmanes.

Salma Al Sawy abandonó la manifestación al atardecer y emprendió rumbo a su casa.

Según ha denunciado, en el camino fue interceptada por un policía, que le vendó los ojos y la trasladó a un lugar donde fue interrogada.

Salma Al-Sawy

El policía le preguntó por varios activistas del movimiento 6 de abril, entre ellos, Asmaa Mahfouz, una joven que en enero colgó un vídeo en youtube en el que ella misma llamaba a participar en la protesta convocada para el 25 de enero, fecha del inicio de las revueltas.

“El policía me preguntó si Asmaa estaba en el extranjero recabando ayuda económica para financiar movimientos y partidos, para tumbar el Consejo militar que gobierna”, ha explicado Al-Sawy.

“Cuando negué semejante acusación, él me golpeó con un palo en mis manos, en las piernas, y después en la cabeza. Perdí el conocimiento”.

Salma permaneció 6 horas bajo arresto. Finalmente, un policía le dijo que la iba a poner en libertad porque no soportaba escuchar sus sollozos.

Al salir a la calle, comprobó que estaba en una de las sedes de las Fuerzas de Seguridad Nacionales.

Dos días después, la joven se reunió con el primer ministro Esaam Sharaf para denunciar lo sucedido. Sharaf se comprometió a trasladar su queja al ministro del Interior, pero éste ya se ha apresurado a negar las acusaciones.

“Las nuevas fuerzas de seguridad sirven al país sin interferir en las vidas de los ciudadanos y sin violar su derecho a la participación política”, ha indicado.

“Estas afirmaciones [del ministro] no son ciertas; el aparato de la seguridad estatal ha regresado con fuerza”, ha contestado Salma Al-Sawy, que ha recibido el apoyo de numerosos activistas.

El caso de Salma no es un hecho aislado.

En las últimas semanas se han registrado varios casos de detenciones e interrogatorios por parte de la policía militar a conocidos blogueros, artistas,grafiteros y activistas.

Jóvenes manifestantes protestan contra represión, arrestos y juicios militares. Tahrir, El Cairo,3 de junio 2011 (Olga Rodríguez)

DENUNCIA DE HUMAN RIGHTS WATCH

A pesar de que personalidades egipcias, como el prestigioso escritor Alaa Aswany, han depositado públicamente su confianza en el Consejo militar interino, lo cierto es que desde la caída de Mubarak hasta ahora se han registrado numerosos casos de abusos y represión por parte del Ejército.

Esta semana llegaba una nueva denuncia de la mano de la organización internacional Human Rights Watch (HRW).

Según datos de HRW, al menos 5.600 civiles han sido condenados en tribunales militares desde la caída del ex presidente Hosni Mubarak el pasado 11 de febrero.

Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW, ha indicado que no está claro el nivel de compromiso del ejecutivo egipcio para investigar y arrestar a todos los miembros de las fuerzas de seguridad implicados en torturas y abusos.

“Para cambiar realmente una institución es necesario ir a por los supervisores que ordenaban las torturas, no solo a por los torturadores; si no, la tortura asomará de nuevo su fea cabeza e infectará la nueva agencia”, ha indicado.

Roth entrevistó a un oficial del Consejo militar egipcio sobre los “tests de virginidad” efectuados a mujeres que se manifestaban en Tahrir el pasado 9 de marzo. Dicho oficial defendió ante Roth la práctica de esos tests (realizados en contra de la voluntad de las mujeres, por lo que sería más adecuado llamarlos abusos sexuales).

HRW ha denunciado estas prácticas que ha calificado de degradantes y humillantes.

También ha pedido al gobierno transitorio egipcio que ponga en libertad a los manifestantes arrestados y que derogue la ley de emergencia, en vigor desde 1981.

Manifestantes granjeros detenidos por la policía. el Cairo, 8 de junio (Nora Shalaby)

PROHIBEN HUELGAS Y PROTESTAS

Diversas agrupaciones impulsoras de las revueltas egipcias han denunciado un parón en el avance hacia la democracia, registrado a partir del 9 de abril, fecha en la que las Fuerzas Armadas desalojaron con violencia a unas 3.000 personas acampadas en Tahrir, entre las que había una veintena de militares que se habían unido a las protestas.

Tal y como esta periodista pudo presenciar aquella madrugada del 9 de abril en El Cairo, el Ejército disparó durante dos horas y media de manera ininterrumpida.

Las cifras oficiales admitieron la muerte de dos manifestantes. Otros 71 resultaron heridos y decenas más fueron detenidos, entre ellos los militares que habían participado en las protestas.

“Tuvieron miedo de que la presencia de militares se interpretara como una escisión en las Fuerzas Armadas y no dudaron en atacar con brutalidad. Esa fecha marca un antes y un después. Ahora las cosas se han estancado”, protestaba esta semana un portavoz del Comité de Jóvenes por la Revolución.

A pesar de las recomendaciones de HRW, la ley de emergencia sigue vigente. Y no solo eso.

Esta semana el gobierno interino ha confirmado la entrada en vigor de otra ley que prohíbe huelgas y manifestaciones “que entorpezcan la productividad”.

En los últimos días han sido disueltas varias protestas de estudiantes, trabajadores del sector automovilístico, granjeros, o empleados de la compañía Petrojet.

Varios manifestantes han sido arrestados, un hecho denunciado por diversos grupos en defensa de los derechos humanos.

También se ha aprobado una ley que eleva hasta 5.000 el número de integrantes necesarios para formar un partido político, algo que obstaculiza el trabajo de las agrupaciones de izquierdas, hasta ahora siempre en la clandestinidad.

Por ello son muchas las voces públicas que denuncian la existencia de una contrarrevolución, con represión intermitente en la calle y un escenario político complicado para las nuevas agrupaciones, protagonistas en la organización de las revueltas.


Un alto mando militar confirma sin pudor que el Ejército egipcio realizó “exámenes de virginidad” a manifestantes en Tahrir, como contamos en abril en periodismohumano.

Las Fuerzas Armadas llaman a declarar a 3 jueces y 5 periodistas por criticar los abusos de los militares.

Mujeres manifestándose en la plaza de Tahrir de El Cairo (Khalil Hamsa/AP)

Lo denunciaron en su día las víctimas y un informe de Amnistía Internacional: Dieciocho mujeres fueron arrestadas el 9 de marzo en Tahrir , El Cairo, durante una manifestación con motivo de la celebración del Día de la Mujer. Las dieciocho sufrieron golpes, descargas eléctricas, humillaciones.

Fueron sometidas a registros exhaustivos, desnudas, mientras varios soldados las fotografiaban. Y, bajo amenaza de ser acusadas de prostitución, algunas fueron forzadas a someterse a exámenes de virginidad, una expresión eufemística que ya de por sí da que pensar.

Es la terminología que emplearon los militares ante sus víctimas para referirse a un abuso sexual, con la intención de infligir un castigo aleccionador vinculado a una moral represora de la sexualidad femenina.

En esos abusos sexuales un médico militar inspeccionó la vagina de las mujeres, en contra de su voluntad, para constatar que estuviera intacto su himen y con la presencia de varios militares más en la sala que fotografiaron a las mujeres desnudas.

El presidente Hosni Mubarak había abandonado el poder casi un mes antes, el 11 de febrero, pero seguían -y siguen- registrándose ataques contra manifestantes, torturas, detenciones y episodios de represión.

Ahora un general egipcio, alto mando del Ejército, ha confirmado -y defendido- la práctica de esos exámenes vaginales a las manifestantes arrestadas aquél 9 de marzo, a pesar de que hasta hoy las Fuerzas Armadas lo habían negado.

“Las chicas detenidas no eran como tu hija o la mía”, ha declarado el general egipcio.

“Estas eran chicas que estaban acampadas en tiendas con los hombres en la plaza de Tahrir, y nosotros encontramos en esas tiendas cócteles Molotov y drogas”, ha continuado en declaraciones exclusivas a la CNN. Su nombre, general Amr Iman, ha sido desvelado por la televisión estadounidense CBS.

“No queríamos que dijeran que habían sido violadas o maltratadas con abusos sexuales, así que quisimos probar antes que nada que no eran vírgenes. Y ninguna lo era”, ha añadido en una clara intención de estigmatizar a las víctimas, en una sociedad en la que aún se espera que las jóvenes mantengan su virginidad hasta el matrimonio y donde las mujeres pueden ser repudiadas o incluso, en algunas áreas, asesinadas por su propia familia si se descubre que han mantenido relaciones sexuales prematrimoniales.

Salwa Hosseini

“Querían darnos una lección, querían hacernos sentir que no tenemos dignidad”, ha explicado Salwa Hosseini, peluquera de 20 años y una de las víctimas de los abusos sexuales.

El general Amr Iman ha señalado que en total aquél 9 de marzo 149 personas fueron detenidas y juzgadas en tribunales militares -es decir, con restringido derecho de apelación-, con penas de un año de cárcel en la mayoría de los casos.

Días después las autoridades revocaron las sentencias “cuando descubrieron que algunos detenidos tenían licenciaturas universitarias, así que decidimos darles una segunda oportunidad”, ha indicado.

Ese mismo mes visitó Egipto el secretario de Defensa estadounidense Robert Gates, que no hizo mención alguna al ataque contra las mujeres, a pesar de que el informe de Amnistía Internacional ya había sido publicado. Gates se reunió con el máximo líder del consejo militar -el general Tantawi- para asegurarle el mantenimiento de la ayuda económica estadounidense a Egipto.

Amnistía Internacional exigió a las autoridades egipcias una investigación oficial de lo sucedido y manifestó que “obligar a las mujeres a someterse a “pruebas de virginidad” es una forma de tortura absolutamente inaceptable. Su finalidad es degradar a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Todos los miembros de la profesión médica deben negarse a participar en estas supuestas pruebas”.

INTIMIDACIONES A LA PRENSA

Precisamente este martes saltaban las alarmas entre los activistas y defensores de la libertad de expresión al conocerse que la popular presentadora de televisión Reem Maged y el periodista y bloguero Hossam El-Hamalawy, al que entrevistábamos recientemente en El Cairo, habían sido citados por el Ejército para ser interrogados.

¿La razón?:

El pasado jueves, en el programa “Baladna bel masry”, presentado por Reem Maged, El-Hamalawy afirmó que la policía militar debía ser investigada por los casos de las violaciones a manifestantes detenidas y que el general Hamdy Badin, al frente de la policía militar, era responsable de esas violaciones.

Los periodistas El-Hamalawy y Reem Maged, durante el programa de televisión en el que se habló de los abusos del Ejército egipcio

Varios organismos en defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos publicaron en tiempo récord manifiestos de apoyo a los dos periodistas y a otros seis jueces y periodistas también investigados por el Ejército.

“El Consejo Militar cree, equivocadamente, que tiene derecho a continuar con la supresión de todas las voces que lo critican”, indicó The Arabic Network for Human Rights Information, uno de los centros más importantes de la región en defensa de los derechos humanos.

“El Consejo militar sabe bien que algunas fuerzas militares han torturado a manifestantes, que muchas jóvenes han sido sometidas a exámenes de virginidad, que ha habido injustos juicios en cortes marciales contra miles de civiles.

¿Quiere que estas medidas no sean criticadas? Es imposible. Ninguna violación más de los derechos humanos será ignorada en Egipto tras la revolución del 25 de enero”, añadió el organismo.

Los dos periodistas permanecieron más de tres horas en las instalaciones judiciales militares en las que habían sido citados, acompañados de varios abogados activistas. A la salida fueron recibidos por cientos de personas que se habían congregado a las puertas para mostrarles su apoyo.

La presentadora de televisión Reem Maged, a la salida de su "citación" por autoridades judiciales militares. El Cairo, ayer (Gigi Ibrahim)

“Gracias amigos por todo el apoyo de hoy”, escribió más tarde El-Hamalawy en la red.

Y, a través de varios mensajes más en twitter, añadió:

Estoy seguro de que las protestas y la campaña pública surgida en nuestro apoyo son la única razón por la que hoy estoy fuera.

De nuevo quiero insistir en que los casos que estamos denunciando ya han sido denunciados antes, sin que se hiciera nada.

Para asegurarnos de que estudiarán esos casos, creo con firmeza que deberían ser destacados por los medios de comunicación.

Reem dejó claro que solo el hecho de citar judicialmente a un periodista es un acto de intimidación”.

Ya de noche, El Hamalawy y Reem Maged acudieron a un popular programa de televisión en ON TV, presentado por Yosri Fouda, para hablar de lo sucedido.

La entrevista no duró mucho tiempo y el modo en que fue conducida por Fouda llegó a indignar a algunos activistas, porque en ella apenas hubo referencias a las declaraciones del general egipcio a la CNN sobre los abusos sexuales contra mujeres detenidas en Tahrir el 9 de marzo.
Hossam عمو حسام3arabawy Hossam عمو حسام didn’t get much time at all to make a contribution. I wanted to hammer the army over the virginity test scandal

“No tuve mucho tiempo para hacer una contribución. Quería machacar al Ejército por el escándalo de los test de virginidad”, protestó El Hamalawy en la red al término del programa.
Gigi Ibrahim جييييجGsquare86 Gigi Ibrahim جييييج Why is no one in media addressing the army virginity checks practiced on March 9th?!!it’s part of their JOB to report on it @ontveg

“¿Por qué no hay nadie en los medios hablando de los exámenes de virginidad practicados por el Ejército el pasado 9 de marzo?!!!! Es parte de su TRABAJO informar de ello”, se quejaba anoche en la red la popular activista Gigi Ibrahim.

Activistas y blogueros han anunciado para hoy un día de protestas por Internet para manifestar su indignación ante los abusos y gestos de intimidación de las Fuerzas Armadas egipcias.

Esta jornada llega después de la manifestación del pasado viernes en Tahrir, en la que decenas de miles de personas convocadas por grupos de izquierdas corearon protestas contra el Consejo militar liderado por el general Tantawi.


Primer caso de nacionalización de una empresa en Egipto:

Esta semana la Corte Administrativa egipcia ha anulado el acuerdo de venta cerrado en 2006 por el que el 90% de la cadena de tiendas de ropa, muebles y complementos Omar Effendi, hasta entonces estatal, pasó a manos de la compañía saudí Anwal.

El tribunal ha considerado que dicha transacción se realizó de manera corrupta, con una tasación del precio inadecuada.

Es decir, la empresa fue vendida a un precio menor de su coste real en el mercado.

En concreto se vendió por 99 millones de dólares, cuando tan solo el valor del terreno en el que se asientan las 82 tiendas es de 670 millones de dólares, según han desvelado varios medios de comunicación egipcios citando fuentes judiciales.

Una tienda de Omar Effendi en Egipto

Desde entonces Omar Effendi solo ha registrado pérdidas y acumulado deudas.

No es un caso aislado.

Desde la caída del dictador Hosni Mubarak han llegado a los tribunales decenas de demandas de abogados y asociaciones que solicitan la nacionalización y recuperación de empresas y fábricas vendidas -y privatizadas- a multinacionales extranjeras por un precio mucho menor de su valor real.

Buena parte de ellas están siendo desmanteladas por sus nuevos dueños, a pesar de que en los contratos de venta se comprometían a invertir en ellas.

Por alguna de esas privatizaciones están acusadas importantes personalidades, como el ex primer ministro Atef Ebeid, el ex ministro de Sector Público Mokhtar Khattab -que supervisaba el programa de reformas económicas impulsado por el FMI, el Banco Mundial y la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional- y Mohamed el-Danaf, presidente de la Compañía Industrias Metalúrgicas.

Los tres están involucrados en la venta irregular de la Compañía estatal de Cementos Assiut -la más grande del país- vendida en 1999 a una empresa mexicana por solo 373 millones de dólares, un precio cuatro veces menor que su valor real, según los demandantes.

Este tipo de transacciones se realizaron en el marco de la reforma económica egipcia iniciada en la década de los años noventa y centrada en la privatización de fábricas y empresas estatales, con el asesoramiento de Washington, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Los demandantes han celebrado el veredicto de los tribunales en el caso Omar Effendi.

El director del Centro egipcio por los Derechos Sociales y Económicos, Khaled Ali, cree que esta sentencia sienta un importante precedente y abre la puerta a un posible proceso de nacionalización de empresas.

Boutros-Ghali, ex ministro de Finanzas en Egipto y presidente del Comité financiero del FMI hasta febrero de este año, junto al nº 1 del FMI, Strauss-Kahn y el nº 2, Lipsky. 2008 (AP)

INVESTIGACIONES PENALES

Hay otras investigaciones penales abiertas en relación con estos procesos de privatización corruptos.

Una de las principales acusaciones que de momento ha prosperado en los tribunales es la dirigida contra el ex ministro de Finanzas Youssef Boutros-Ghali, que supervisó el diseño y la puesta en práctica de los programas de reforma económica en Egipto.

Ghali presidió el Comité Financiero del Fondo Monetario Internacional desde octubre de 2008 hasta febrero de este año, cuando presentó su dimisión tras el estallido de las revueltas.

Ya al inicio de su carrera hace más de tres décadas Ghali había trabajado en el FMI; en los años ochenta regresó a Egipto donde negoció acuerdos con el FMI y el Club de París.

En la actualidad está acusado de defraudar al Estado egipcio por dar un trato preferente a empresarios próximos al régimen de Mubarak.

Se encuentra fuera de Egipto y por tanto fuera del alcance de los veredictos de la Justicia de su país.

El ex ministro de Inversiones egipcio, Mahmoud Mohieldin, Managing Director en el Banco Mundial. En la foto, en la Bolsa de Nueva York (AP)

Uno de los protegidos de Ghali es el ex ministro de Inversiones Mahmoud Mohieldin, a quien prominentes activistas egipcios involucran en la venta irregular de una cadena de hoteles y en la propia venta de Omar Effendi.

Desde octubre de 2010 Mohieldin ocupa una de las tres direcciones generales del Banco Mundial, con sede en Washington DC.

Como ministro de Inversiones impulsó una serie de reformas económicas que fueron objeto de elogio en varios informes del Banco Mundial, como el “Doing Business Report” de 2008, encargado de medir la facilidad para hacer negocios en los países.

En el año 2007 el Banco Mundial señaló a Egipto como el mayor reformista del mundo, algo que evidentemente podía beneficiar a los inversores extranjeros pero no al Estado ni a la sociedad egipcia, a la vista de datos como el último informe publicado por el propio gobierno de El Cairo, que indica un aumento de la pobreza y la desigualdad en los años 2009 y 2010.

A pesar de estos resultados, Mohiledin es, además de Managing Director del Banco Mundial, Director del Programa de Reducción de la Pobreza de dicha institución.


Manifestación en Tahrir, 1º de Mayo. Kamal Khalil, líder socialista del Partido de los Trabajadores (Hossam El-Hamalawy)

Decenas de miles de trabajadores egipcios se dieron cita este domingo en la plaza Tahrir de El Cairo para celebrar el 1º de Mayo, por primera vez en libertad y con sindicatos independientes.

Algunos de los cánticos más coreados fueron dirigidos contra las políticas del FMI o el Banco Mundial y a favor de la Justicia Social y de los derechos de los trabajadores.

También hubo críticas para la única federación de sindicatos existente durante el régimen, cuyo líder, Hussein Megawer, está siendo investigado por corrupción.

“Ha llegado la hora de los trabajadores egipcios. Es nuestro momento, tenemos que aprovecharlo para conseguir un país con justicia social”, indicó el líder socialista Kamel Khalil, quien anunció oficialmente la fundación del Partido de los Trabajadores.

Durante el acto se presentó un comunicado firmado por 29 agrupaciones, entre ellas la Comisión de los jóvenes revolucionarios, varias agrupaciones de la izquierda, sindicatos independientes y organizaciones defensoras de los derechos humanos.

En dicho comunicado se exige un sueldo mínimo mensual de 1.200 libras egipcias (150 euros) y jornadas laborales dignas.

Trabajadores en huelga en Egipto (Olga Rodríguez)

PETICIONES ANTE LOS TRIBUNALES DE NACIONALIZACIÓN DE EMPRESAS

La lucha obrera en Egipto ha sido clave para la revolución y sigue teniendo un protagonismo indiscutible.

Todas las semanas se convocan huelgas para exigir derechos laborales y salarios dignos en un país en el que el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, en el que no hay atención pública sanitaria y en el que los obreros cobran de media unos 70 dólares al mes por trabajar al menos ocho horas diarias seis días a la semana.

Uno de los procesos más interesantes en esta segunda fase de la revolución es el intento de recuperación de empresas privatizadas.

Ya hay decenas de demandas que los trabajadores han presentado en los tribunales exigiendo la nacionalización de fábricas y compañías antes públicas, vendidas años atrás a multinacionales extranjeras en el marco de la llamada reforma económica egipcia, auspiciada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Con dicha reforma cientos de empresas fueron vendidas a menudo a precios más bajos de su coste real. Sus nuevos dueños, en vez de invertir en ellas, las han usado a menudo para especular con la venta de sus terrenos.

Trabajadores egipcios en huelga en Shebeen el Kom (Olga R.)

EL CASO DE UNA HISTÓRICA CADENA DE ROPA

Uno de los casos que está dando mucho que hablar en la prensa egipcia es el de la histórica cadena de ropa Omar Effendi, en su día icono del sector de servicios egipcio (fue fundada en 1856).

Effendi fue vendida en 2006 a una compañía saudí y desde entonces la cadena solo ha registrado pérdidas y acumulado deudas.

El pasado mes de febrero el coordinador del movimiento “No vendamos Egipto”, Yahia Hussein Abdel-Hadi, presentó ante la fiscalía general una acusación contra el ex ministro de Inversiones y el director de la Compañía general de Holdings por hacer perder dinero al Estado de manera intencionada al vender Effendi a la compañía saudí Anwal ” por un venta 700 millones de libras egipcias por debajo del valor oficial estimado”.

Poco después el abogado Hamdi El Fakharani, representante de los trabajadores, presentó una demanda en la que sostiene que Effendi fue vendida por un cuarto de su valor real y por eso defiende que dicha transacción fue inválida. Está previsto que el 7 de mayo un tribunal dictamine si Omar Effendi vuelve a ser de propiedad pública.

Un trabajador de Shebeen El Kom en huelga muestra los nombres de los directivos de la fábrica, a los que acusa de corruptos. Abril 2011. (Olga R.)

LA FÁBRICA TEXTIL DE SHEBEEN EL KOM

Otro de los casos más sonados es el de la fábrica textil de Shebeen el Kom, situada a a unos 80 kms de El Cairo.

En 2007 el Estado la vendió por debajo de su coste real a una multinacional indonesia que trabaja para conocidas marcas como Nike o Adidas.

La plantilla pasó de tener 5.800 trabajadores a quedar reducida -paulatinamente- a 1.200 en plantilla y 600 más sin contrato anual.

El pasado 5 de febrero, tres días antes de la caída de Mubarak, buena parte de las fábricas del país pararon. Esas huelgas fueron determinantes para la salida del dictador.

Los empleados de Shebeen El Kom se sumaron al paro durante días. El 5 de marzo lo retomaron y desde entonces lo mantienen. Llevan un mes y medio en huelga.

“Pedimos que la empresa sea nacionalizada, ya hemos presentado la demanda ante los tribunales. También exigimos un sueldo mínimo de 1.200 libras”, explica a Periodismo Humano Mohamed El Nagar, uno de los trabajadores más veteranos que, a pesar de llevar 38 años como empleado, solo cobra 1.100 libras al mes, incluidas las dietas para el almuerzo.

Imagen de previsualización de YouTube

(En el vídeo: Obreros de Shebeen el Kom corean “el pueblo unido jamás será vencido” durante la visita de apoyo del líder del Partido de los Trabajadores Kamal Khalil, abril 2011)

“En cuanto la fábrica fue vendida empezaron a despedirnos. Se suponía que la compraban para sanear, para invertir, para arreglarla, pero sin embargo empezaron a desmantelarla. La compraron porque les hacía competencia”, se lamenta otro obrero, Mohamed Awad, de 33 años.

Echando un vistazo a las instalaciones se observa un notable abandono. Varias naves están ya vacías; en otras no hay más actividad que la de las arañas tejiendo sus telas sobre máquinas abandonadas.

En uno de los recintos se acumulan piezas de desguace. Un cartel a la entrada de un descampado, antiguo almacén de algodón, anuncia que éste ha sido alquilado a una empresa ajena al negocio. Varios empleados insistieron en mostrar a esta periodista el estado de los baños, destartalados y sin las mínimas condiciones de salubridad e higiene.

Estado de los aseos de la fábrica Shebeen El Kom (Olga R.)

“Desde que la empresa se vendió tampoco se mantienen las medidas de seguridad. No tenemos cascos para aliviar el ruido de las máquinas, ni gafas para protegernos del polvo de los tejidos, ni mascarillas, a pesar de que trabajamos con materiales que provocan daños en las vías respiratorias“, explica el veterano El Nagar.

Los trabajadores de Shebeen El Kom se han unido en un nuevo sindicato independiente y han recibido el apoyo de otras fábricas del país, como la ya histórica textil de Mahalla, donde en 2006 3.000 mujeres trabajadoras dieron el pistoletazo de salida a una oleada de huelgas que se han multiplicado desde entonces y que marcaron el prólogo de la revolución egipcia.

Mohamed El Nagar y Mohamed Awad, trabajadores de Shebeen el Kom en huelga, en el interior de la fábrica (Olga R.)

“Si los trabajadores estamos unidos, venceremos -afirma a Periodismo Humano Kamal El-Fayoumi, líder sindical de Mahalla:

Algunos contrarevolucionarios nos acusan de parar el país, de arruinarlo. No, se equivocan. Los trabajadores nunca paran un país; lo construyen”.

Varios movimientos impulsores de la revolución mantienen contactos con los obreros. Es el caso del Movimiento 6 de abril y de los Jóvenes por la Justicia y Libertad.

“Los trabajadores apoyaron a los jóvenes en la primera fase de la revolución y ahora los jóvenes de la revolución apoyamos a los trabajadores”, indica Naguib Kamel, miembro de este último.

Sheimaa Hamdi hablando a los trabajadores de Shebeen El Kom. A su lado, Kamal El-Fayoumi, de Mahalla (Olga R.)

Sheimaa Hamdi, de tan solo 23 años, es otra de los integrantes de este movimiento de jóvenes. Varias publicaciones en youtube  de sus intervenciones públicas la han dado a conocer en todo el país.

La fuerza de su oratoria le ha valido para obtener el sobrenombre en la Red de “la mujer más fuerte de Egipto”. “El caso de Shebeen el Kom representa la causa de todos los trabajadores de Egipto. Por eso estamos siguiéndolo y apoyándolo tan de cerca”, señala.

Obreros ante la gobernación de Shebeen El Kom (Olga R.)

El pasado 5 de abril cientos de obreros de Shebeen El Kom se manifestaron frente a la sede de la gobernación para exigir negociaciones directas con los propietarios.

Ante la presencia de varios medios locales y extranjeros las autoridades regionales se vieron obligadas a actuar como portavoces espontáneos de los trabajadores, con la ayuda de los ya experimentados sindicalistas de Mahalla.

Un alto mando en la gobernación de Shebeen El Kom habla por teléfono tras la llegada de los trabajadores en huelga (Olga R.)

Los directivos terminaron ofreciendo más dietas, contratos de mayor duración y la readmisión de la mitad de los expulsados sin indemnización. Los trabajadores lo celebraron pero consideraron que la oferta es insuficiente.

Mantener esa posición no es fácil. Llevan casi dos meses sin recibir un sueldo y empiezan a notarlo. La caja de resistencia no da mucho de sí. Pero salvo alguna excepción aislada, la entera plantilla de la fábrica lo tiene claro: Aguantar unidos.

Ahora esperan con interés el veredicto de los tribunales que este mes de mayo, si no se pospone la fecha, tendrán que pronunciarse sobre la petición de nacionalización de Shebeen El Kom.

Los niveles de desigualdad y pobreza han alcanzado cotas insoportables en Egipto a causa de las políticas neoliberales y corruptas del régimen.

El desprestigio del capitalismo crónico ejercido en los últimos años está muy presente no solo en la mente de los socialistas, sino también en sectores demócratas moderados hartos del imparable enriquecimiento de una élite corrupta y represora frente al empobrecimiento de una mayoría de la población.

La izquierda lo sabe y por eso se apresura a tejer redes sólidas y a impulsar iniciativas con un objetivo claro: lograr un sistema político y económico nuevo más justo, más igualitario, más equilibrado.


Hossam El Hamalawy (Olga R.)

Hossam El-Hamalawy es uno de los blogueros más conocidos en Egipto y un respetado activista en la izquierda egipcia. Quienes le conocen mucho dicen de él que lleva años trabajando por y para la revolución.

Marxista declarado, especializado en económicas y ciencias políticas por la Universidad Americana de El Cairo, comenzó muy pronto a ejercer como periodista para diarios egipcios y para el propio Los Angeles Times porque la universidad le cerró las puertas como profesor a causa de sus ideas y su activismo.

En el año 2000 fue arrestado por participar en una protesta contra Israel en el marco de la II Intifada palestina. Tras ello, su nombre pasó a formar parte de las listas negras del régimen.

En 2003 trabajó activamente en la organización de manifestaciones contra la ocupación de Irak. Poco después dejó el periodismo para centrarse en la militancia. Creó arabawy.org, su blog, como una plataforma para dar voz a los egipcios que se jugaban el tipo protestando contra Mubarak y exigiendo sus derechos básicos laborales.

Cuando el pasado 25 de enero comenzaron las grandes protestas en la plaza Tahrir, El-Hamalawy, con su impecable inglés, se convirtió en uno de los rostros más internacionales de la revolución.

Ahora colabora en la creación de una nueva agrupación política, el Partido de los Trabajadores y sigue apoyando más que nunca a los obreros que todas las semanas protagonizan huelgas en las fábricas egipcias en demanda de derechos laborales básicos. Nos recibe en una cafetería de El Cairo.

El Hamalawy (chaqueta de cuero negra), actualizando su blog con el móvil y rodeado de obreros en huelga en Shebeen el Kom, Bajo Egipto. Abril 2011 (Olga Rodríguez)

Periodismohumano. ¿Egipto está viviendo realmente una revolución?

Hossam El-Halamawy. Es una revolución, es una revolución que acaba de empezar pero que por supuesto no ha terminado. Mubarak ha caído, pero las estructuras de su régimen permanecen casi intactas. Los generales de Mubarak están gobernando en el Consejo militar: el general Tantawi, el jefe del Estado mayor, Sami Anan, y otros generales que deberían ser investigados por corrupción, al igual que los jefes de otras instituciones, porque son ellos los que han sostenido durante estos años la dictadura.

Los militares controlan en torno al 35% de nuestra economía, muchas empresas son del Ejército. Si controlas tanto significa sin duda que eres parte de la máquina corrupta del sistema.

Las personas clave de la policía secreta [conocida como las SS por sus siglas en inglés: state security] todavía se mantienen y de hecho la creación de la Agencia de Seguridad Nacional es, al menos de momento, un simple lavado de cara.

El propio diario Al Ahram ha publicado que el 75% de los antiguos oficiales de las SS serán redistribuidos en otros departamentos de la policía.

Tenemos a torturadores, criminales, violadores y corruptos sirviendo en otros departamentos.

Y el 25% de los oficiales de las SS formarán parte de la nueva Agencia de Seguridad.

Muchos criminales que han estado involucrados en los asuntos más sucios y corruptos del régimen han sido destinados al Ministerio del Interior. El número 2 del último director de las SS, Hissam Abu Gheida, que formó parte de una operación para destruir documentos tras la caída de Mubarak y que estuvo personalmente involucrado en mi arresto y tortura en octubre de 2000 y en otras detenciones y torturas entre 2000 y 2003, acaba de ser nombrado asistente para la división de seguridad y guardia del ministerio del Interior.

Puedo seguir y seguir dándote nombres que forman parte de las instituciones. Los gobernadores, por ejemplo, siguen siendo los mismos. Y son los gobernadores de Mubarak, que reprimían a la población y atacaron a los manifestantes.

Y tienes las alcaldías, la auténtica máquina de corrupción, porque son las encargadas de otorgar licencias para el agua, para pavimentar las calles, para edificar. Por ejemplo, este barrio de El Cairo donde estamos ahora [Nasr City] tendría que ser una zona de casas bajas y villas, y mira a tu alrededor, solo hay torres.

Así que sí, es una revolución, pero que no está en absoluto terminada, solo acaba de empezar.

Si nos detenemos aquí, si hacemos caso a los que dicen: “paremos, volvamos a nuestra cotidianidad, confiemos en el Ejército”, estaremos perdidos, estaremos cavando nuestras propias tumbas.

Estampa habitual en El Cairo actual:Protesta espontánea frente a un edificio oficial, en este caso, el Ministerio del Interior. Abril 2011 (Olga R.)

P. El Frente Nacional por la Libertad y la Justicia, el Partido de los Trabajadores, la Alianza Popular Socialista,..Se están creando numerosas agrupaciones y partidos políticos de izquierda. ¿No son demasiados y demasiado pequeños?

H. E. H. Para mí son demasiados pocos. Necesitamos más. Egipto es un país de 85 millones de habitantes. Los partidos que teníamos antes eran lo que aquí llamamos partidos de papel:  existían, pero no tenían raíces, no estaban en la calle. Necesitamos también nuevas formas de asociación, no sólo partidos, también sindicatos, asociaciones estudiantiles, culturales, vecinales o musicales, lo que sea.

Yo trabajo en la creación del Partido de los Trabajadores para que tenga una agencia revolucionaria, pero no puedo monopolizar la escena y decir: “¡que no haya más partidos!”. Tenemos que dejar que estas iniciativas espontáneas de gente trabajando en la formación de partidos avance.

Si cinco se juntan y se asocian, eso ayudará a la revolución; si en vez de cinco son cincuenta, mejor. Es bueno que la gente cree herramientas contra la opresión.

P. Pero con tantos partidos de izquierdas, será más difícil obtener representación en las elecciones de septiembre.

H.E.H. Honestamente, no me preocupan demasiado las elecciones porque sé que pase lo que pase no van a favorecernos. Estamos en un proceso de transición. Si solo nos sentamos y esperamos, todo seguirá estando orquestado por los generales de Mubarak que tratarán de gobernar para sí mismos.

Si perdemos el tiempo pensando en las elecciones, perderemos la batalla en el terreno, que es lo importante ahora.

Hay que poner todos los esfuerzos en las iniciativas de la calle para intentar echar a los generales. Cuando nos deshagamos de ellos empecemos a hablar de las elecciones, de un nuevo parlamento, de nuevas instituciones.

Estudiantes manifestándose en la plaza Tahrir de El Cairo. Abril 2011. (Olga R.)

¿Cómo?

No digo que tengamos que enfrentarnos al Ejército, eso sería completamente absurdo, tonto, improductivo, estaríamos dando la excusa perfecta para que luchen contra nosotros. Pero hay otras formas que se están ya aplicando y dan resultado: protestas continuas en la calle, huelgas, creación de sindicatos independientes y la unión de los trabajadores, que en algunos casos están echando a sus jefes corruptos y nombrando otros nuevos.

Si estas iniciativas de unión frente a los corruptos ocurrieran en todo el país, tumbaríamos el sistema actual.

Además hay que tener en cuenta que hay cientos de oficiales del Ejército que no están contentos con la situación.

Tenemos dos ejércitos y necesitamos que esa división se materialice, necesitamos que esos oficiales y esos soldados que creen en un Egipto mejor limpien su institución.

Al igual que necesitamos que los estudiantes limpien la corrupción en las universidades, y los trabajadores en las fábricas. Y eso es en lo que yo me estoy centrando.

Obreros en huelga en una fábrica textil del Bajo Egipto. Abril 2011. (Olga R.)

Y ¿por qué estás tan seguro de que los partidos de izquierda real perderán las elecciones?

Las perderán no porque la gente no acepte ideas como las que se están proponiendo, como nacionalizar empresas privadas, modificar las relaciones con Israel, echar al embajador israelí, tener leyes que favorezcan una distribución de la riqueza más justa, etc. Claro que la gente apoyaría esto.

Pero lo que ocurre es que las fuerzas revolucionarias no están aún organizadas, porque no nos dejaban operar durante la dictadura, empezamos de cero y las elecciones se celebrarán muy pronto, en septiembre.

Y nuestros enemigos están cada vez más organizados: los miembros del antiguo partido de Mubarak, ciertos miembros del Ejército, los salafistas. Sí, puede que sea demasiado pesimista sobre el resultado, pero no importa, centrémonos en el esfuerzo de tumbar el sistema de corrupción actual.

P.¿Esos enemigos de la revolución operan juntos, tal y como indican algunos analistas egipcios?

H. E. H. Creo que inicialmente actuaban de manera espontánea. Estaban perdiendo sus privilegios y luchaban por mantenerlos. Pero cada día que pasa creo que ciertos sectores están más coordinados. Hay ya algunos síntomas: Uno, la antigua policía secreta está siendo reformada por el gobierno, que mantiene a buena parte de los antiguos miembros y oficiales.

Dos, hay una facción del partido que está intentado volver a la política a través de los otros partidos de papel que tenemos.

Y la represión no ha desaparecido. Recientemente los militares han dispersado a manifestantes a tiros, con brutalidad, hiriendo e incluso matando a gente desarmada.

Y siguen arrestando y juzgando a inocentes en tribunales militares.

Un hombre muestra casquillos bala tras el ataque militar contra manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo en la madrugada del pasado 9 de abril. Murieron dos personas y 71 resultaron heridas. (Olga R.)

P. ¿Agradeceríais algún tipo de ayuda del exterior?

H. E. H. Rechazo todo tipo de intervención por parte de los gobiernos extranjeros. No quiero nada de Obama, pero sí quiero mucho de los sindicatos estadounidenses y europeos o de los defensores de derechos humanos, con los que llevo en contacto muchos años.

P. ¿Cuál es el papel actual de Estados Unidos en la región tras la revolución?

H. E. H. Egipto es el principal cliente árabe para Estados Unidos; después de Israel, Mubarak es el que más ayuda recibía de Washington.

Si este sistema cae, si la revolución triunfa, todo Oriente Medio cae, porque Egipto es piedra angular en la región.

Israel entonces se vería amenazada, el continuo fluir de petróleo a Estados Unidos se vería amenazado, el paso de los barcos de guerra estadounidenses por el canal de Suez se vería amenazado.

Estados Unidos no puede intervenir militarmente, no puede invadir El Cairo, invadir la revolución. Pero sí puede involucrarse en la contrarrevolución.

Al fin y al cabo, es Estados Unidos el que financia al Ejército egipcio. Y ahora está invirtiendo mucho dinero en el sector civil de la sociedad a través de organizaciones civiles democráticas, para captar a gente de determinados círculos.

Tampoco a las dictaduras árabes que nos rodean les interesa que la revolución triunfe. Se han muerto de miedo al ver lo que aquí ha ocurrido. Y tampoco creo que estén muy contentos los países europeos, ni las multinacionales europeas que tienen intereses en Egipto, no están a gusto con lo que está pasando.

Banderas de libia, Túnez y Egipto ondeando en una manifestación en El Cairo. Abril 2011 (Olga R.)

P. Libia comparte frontera con Egipto, ¿de qué manera puede condicionar el curso de la revolución egipcia la intervención militar en Libia?

H. E. H. Desde mi punto de vista la intervención en Libia es una catástrofe, porque estas revoluciones árabes se están produciendo en parte contra la presencia militar occidental en la región. No podemos invitar a las mismas fuerzas que bombardean Afganistán, que colaboran en la ocupación de Irak, que son estrechas aliadas de Israel y de los países del Golfo a intervenir.

Cualquier gobierno que salga en Libia como consecuencia de una intervención militar occidental será un régimen pro occidental y eso perjudica a la revolución egipcia.

Imagina lo que supone tener tropas occidentales en nuestra frontera; ya hay informes de consejeros militares occidentales entrenando a los rebeldes en el este de Libia, de miembros de la CIA recogiendo información en territorio libio. Por otro lado, si están tan preocupados por los civiles que mueren, ¿por qué no establecen zona de exclusión aérea en Gaza, donde Israel mata a mujeres y niños, o en tantos otros lugares?.

P. ¿Qué papel juegan las mujeres en la izquierda egipcia?

H. E. H. Hay muchas mujeres importantes involucradas en política y en el activismo.

Pero Egipto, al igual que otros países de la región, y no solo países musulmanes, es un país sexista, machista, donde las mujeres son tratadas como ciudadanos de segunda o de tercera.

Hay movimientos feministas importantes, pero proceden de la clase media y son para la clase media, nunca se ocupan de la lucha de las trabajadoras de las fábricas, no van a visitarlas cuando protagonizan encierros. Y yo creo que eso es una pena. No se puede desligar la lucha por la igualdad de género de la lucha por la igualdad de clases.

En todas las protestas las mujeres de la clase obrera han tenido un papel muy importante, de liderazgo. Está el caso de las huelgas de Mahalla en 2006, iniciadas por las mujeres al grito de “Aquí estamos las mujeres, ¿dónde están los hombres?”. Eso fue el inicio de la revolución actual. Y las mujeres estuvieron al frente y lo han estado estos años, hasta Tahrir, donde participaron por igual, y muchas murieron en las batallas.

Lo que tenemos que conseguir es que ese protagonismo en la lucha se traslade y perdure en la vida cotidiana, en el campo laboral diario. Hay conservadurismo, sexismo, numerosos casos de acoso sexual o violencia sexual y tenemos pendientes hacer una revolución sexual. Pero para que esta situación cambie necesitamos una revolución que englobe lo demás.


Mensajes de egipcios leídos en redes sociales en Internet:

-Votaré NO porque quiero una Constitución que promueva la igualdad

-Los cambios propuestos para cambiar la Constitución son demasiado pequeños, llegan demasiado pronto

-Deseando votar en el referéndum del sábado

-He convencido a mucha gente para que voten NO pero no consigo convencer a mi padre

-Cuando el Che dijo “hasta la victoria siempre”, realmente quería decir “hasta la victoria completa siempre”. Vota NO este sábado

Protestas en la plaza de Tahrir de El Cairo, febrero 2011 (AP)

Egipto vota este sábado en un referéndum clave para su transición política. Se trata de decir sí o no a una reforma constitucional que ha sido elaborada por una comisión de expertos elegidos por la propia Junta militar que gobierna de forma transitoria el país.

Esa reforma introduce once modificaciones en nueve artículos de la actual Carta Magna, a través de las cuales se facilita el acceso a la candidatura presidencial -hasta ahora muy limitado- y se impone un máximo de dos mandatos de cuatro años cada uno al futuro jefe de Estado.

Otros cambios establecen la supervisión de las próximas elecciones por jueces, para evitar manipulaciones y falsificaciones habituales durante el régimen de Mubarak.

Suena bien, pero tiene trampa. Buena parte de las agrupaciones políticas y de los movimientos sociales que apoyaron la revolución se han mostrado contrarios a esta reforma constitucional.

La consideran insuficiente; entre otras cosas, denuncian que con ella el futuro presidente podrá elegir prácticamente a dedo a los miembros de la comisión a cargo de elaborar la futura Constitución.

Los movimientos revolucionarios piden el NO

Campaña por el NO

La Coalición Revolución 25 de enero, el movimiento Kefaya y la agrupación 6 de abril, impulsores todo ellos de las protestas que provocaron el derrocamiento de Mubarak, han hecho campaña por el no porque considera que este referéndum “es un intento de abortar la revolución”.

Apuestan por que se redacte una Constitución complemente nueva basada en la democracia, la libertad y la justicia social y en la que se refleje el contexto social, cultural y político generado por el proceso revolucionario que está teniendo lugar en Egipto.

Para ello proponen que sea una asamblea fundacional la que se encargue de elegir las bases de esa Carta Magna y, tras ello, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales.

No son los únicos. El ex director de la OIEA Mohamed El Baradei -y futuro candidato presidencial según él mismo ha anunciado- ha dicho que este referéndum es un insulto a la revolución egipcia y “que desembocará en un parlamento defectuoso”.

También lo rechazan los partidos de izquierdas Tagammu, el Frente Democrático y el partido nasserista, así como el liberal centrista Ghad  y los nacionalistas liberales del Wafd.

Incluso el secretario general de la Liga Árabe Amr Musa, nada sospechoso de ser un revolucionario, ha denunciado que “conservar la antigua Constitución daría al futuro presidente amplios poderes, a lo que el pueblo se opone en su búsqueda de democracia y libertad”.

Los cambios propuestos no suprimen el artículo que presenta el Islam como principal fuente de legislación

Algunas de las agrupaciones que optan por el NO también critican el artículo dos de la Constitución y exigen que sea suprimido de inmediato.

Este artículo indica que el Islam es la religión del Estado egipcio y que la jurisprudencia islámica es la principal fuente de legislación.

Celebración en la plaza de Tahrir, El Cairo (AP)

QUIÉNES APOYAN EL SÍ

Apoyan este “parcheo” provisional de la Constitución el partido de Mubarak -Partido Nacional Democrático- los Hermanos Musulmanes y el partido Wasat, una escisión de la hermandad musulmana.

Algunas agrupaciones que han participado en el proceso revolucionario consideran que este referéndum impulsa un proceso demasiado rápido hacia unas elecciones en las que los Hermanos Musulmanes podrían acaparar apoyos con más facilidad que otros partidos de reciente creación.

La Hermandad Musulmana, prohibida durante el régimen pero aún así estructurada y organizada, lleva ya años actuando como formación política a pesar de que sus candidatos, para no ser apartados del proceso electoral, tenían que presentarse como independientes.

Pintada en homenaje al 25 de enero, fecha de inicio de la revolución (AP)

¿Y SI GANA EL NO?

Si ganara el no, la Junta militar emitiría un decreto constitucional temporal hasta la celebración de las elecciones parlamentarias y presidenciales, que en vez de celebrarse en septiembre, se pospondrían hasta diciembre y principios de 2012.

Buena parte de las fuerzas de oposición a Mubarak apuestan por un gobierno de transición civil y no militar. Es decir, por el traspaso del poder de los militares a un consejo presidencial formado por tecnócratas y juristas, aunque algunos no descartan que pudieran permanecer en él algunos militares.

Lo que está en juego en este referéndum es parte de la esencia de la futura democracia del país.

Quienes participan del proceso revolucionario egipcio son conscientes de que si posponen demandas, puede que nunca llegue el momento de exigirlas; de que reformas que ahora se presentan como provisionales o transitorias podrían terminar siendo definitivas.

No están dispuestos a aceptar un simple cambio cosmético.

Quieren una transición que no dé la espalda al pasado, que juzgue a los torturadores, represores y corruptos, que despeje el camino a un futuro sin corrupción ni represión, con derechos laborales y salarios dignos para los trabajadores, y con un gobierno independiente de las políticas de Israel y de Estados Unidos.

Por todo ello siguen sucediéndose las manifestaciones, las protestas y las huelgas en todo el país. Y por eso son tantas las formaciones que piden el NO para el referéndum de este 19 de marzo.

Puede que la apuesta por la revolución les salga bien o mal, pero de lo que están convencidos es de que tienen que defenderla.


Trabajadores de empresas estatales de gas y petróleo, en huelga. 13 febrero 2011. (Hossam El-Hamalawy)

Desde la caída de Mubarak el pasado viernes hasta hoy miles de empleados públicos -transportistas, empleados de compañías petroleras, de fábricas textiles y de armas, médicos, abogados, periodistas, artistas, profesores universitarios, ferroviarios, incluso policías- están secundando huelgas y protestas en diversos puntos de Egipto.

Piden mejoras laborales, una vida y salarios dignos y atacan la corrupción existente tanto en la dirección de las empresas como en los sindicatos oficiales.

El movimiento 25 de enero, impulsor de la revolución, integrado por grupos que llevan años organizando protestas prohibidas y al mismo tiempo por ciudadanos que por primera vez participaban de forma activa contra el régimen, ha redactado una serie de demandas para el consejo militar que ostenta el poder:

1.- La salida del poder de todos los elementos del régimen y sus símbolos

2.-La creación de una Asamblea Popular y de consejos locales

3.-La formación de un gobierno civil de transición hasta la celebración de elecciones, la creación de un comité  para el desarrollo de una Constitución que garantice las libertades políticas y sindicatos independientes en base a los principios de justicia social y desarrollo económico

4.- La cancelación de la Ley de Emergencia y del resto de leyes que restringen las libertades;

5.-La aprobación de partidos políticos y asociaciones sin restricciones

6.-El fin del estado policial y la puesta en libertad inmediata de todos los prisioneros políticos.

De momento los militares solo se han comprometido a cumplir una de estas peticiones: la creación de un comité para determinar en los próximos días las reformas constitucionales.

EL PRÓLOGO DE LA REVOLUCIÓN

La revolución egipcia no ha surgido por generación espontánea.

La reacción a la II Intifada primero y el no a la guerra contra Irak después marcaron un punto de partida y sirvieron para crear una red social movilizada en Egipto que se consolidó con la creación en 2004 del movimiento Kefaya y el inicio de las protestas y huelgas organizadas por los obreros del sector estatal.

Protesta de los trabajadores de Mahalla, 2008.

El epicentro de las movilizaciones fue la fábrica textil Misr Hilados y Tejidos de Mahalla, con 27.000 empleados. Allí los trabajadores -hombres y mujeres- protagonizaron importantes huelgas desde el año 2006. Muchos fueron arrestados y sufrieron torturas, pero no por ello abandonaron su lucha.

En 2008 el precio del pan en Egipto aumentó un 50%, a causa, entre razones, de la especulación financiera mundial. La gente tenía hambre, literalmente.

Mujeres protestando en Mahalla contra la subida del precio del pan. 2008

Estuve en aquella época trabajando en El Cairo: en cada calle, en cada barrio, se formaban largas colas de personas desesperadas por obtener una ración de pan subvencionado.

Las aglomeraciones y disputas provocaron 15 muertos en tan solo dos semanas y fueron titulares en la prensa internacional.

En medio de aquél clima de necesidad y tensión los obreros de algunas fábricas estatales y diversos movimientos sociales decidieron redoblar sus protestas.

Se registraron manifestaciones espontáneas en diversos puntos del país y se convocó una nueva huelga general para el 6 de abril, la fecha que iba a dar nombre al movimiento 6 de abril, fundado por líderes de Kefaya e impulsor de las protestas actuales.

Mahalla fue de nuevo protagonista aquél 6 de abril de 2008. La huelga tuvo un importante seguimiento. Cientos de activistas fueron encarcelados y algunos sufrieron torturas, como el periodista Kareem El-Beherey.

Kareem El-Beherey

La repercusión de la huelga fue tal, que la embajada estadounidense en Egipto redactó un informe -publicado hace unos días por wikileaks- titulado: “Revueltas en Mahalla, ¿incidente aislado o punta del iceberg?”

PUNTA DEL ICEBERG

En ese informe se lee:

Lo ocurrido en Mahalla es significativo (…) Ha irrumpido una nueva fuerza orgánica de oposición que desafía etiquetas políticas y aparentemente no está relacionada con los Hermanos Musulmanes. Esto puede forzar al Gobierno a cambiar su guión.”

Más adelante señala:

Otro resultado de Mahalla es que Mubarak podrá resistirse con más fuerza a las reformas económicas y políticas. (…) Estamos oyendo que el aumento de los precios ha fortalecido las posiciones del gabinete de ministros, que se resiste a privatizar y a realizar otros esfuerzos dirigidos a la liberalización económica.”

A tenor de estas palabras, se deduce que Washington conocía el mensaje de los trabajadores egipcios.

Aunque en público esgrimía la amenaza del islamismo para justificar su realpolitik, en privado era consciente de que el orden establecido que tanto defendía podía verse amenazado por los pobres, las víctimas de políticas capitalistas voraces y los jóvenes hartos de la injerencia extranjera y la corrupción.

El cable muestra cómo existía en la diplomacia estadounidense preocupación ante la posibilidad de que las protestas pusieran freno al modelo neoliberal que Washington -junto con el FMI y el Banco mundial- fomentaba en Egipto.

Mahalla fue la punta del iceberg. Lo que allí comenzó se extendió a otros sectores.

Estudiantes, médicos, abogados y obreros de otras fábricas protagonizaron manifestaciones y huelgas en contra de la corrupción, la impunidad policial, las privatizaciones de industrias estatales, las políticas económicas neoliberales de Mubarak y la complicidad de El Cairo con Tel Aviv.

Mujeres egipcias en la plaza Tahrir, febrero 2011. (AP/Emilio Morenatti)

Y así llegamos a la revolución actual.

Estados Unidos aporta anualmente 1.500 millones de dólares de ayuda a las Fuerzas Armadas egipcias.

Mientras este apoyo continúe, ¿estarán dispuestos los militares egipcios a dar la espalda al modelo económico ultracapitalista exigido por los organismos internacionales?

¿Se verán satisfechas las demandas de quienes han protagonizado la revolución egipcia? Son preguntas que muchos activistas se formulan a puerta cerrada estos días.

El consejo supremo militar está pidiendo a los egipcios que regresen a sus trabajos para “volver a la estabilidad” e impedir pérdidas económicas mayores.

Esta petición contrasta con la postura del Movimiento 25 de enero, que ha presentado sus demandas bajo el título: “La revolución continúa hasta que alcancemos nuestros objetivos”. Ya hay convocadas nuevas protestas para este viernes.

Puede que para algunos la revolución haya terminado, pero no ha hecho más que empezar para los trabajadores que llevan años reivindicando sueldos dignos y derechos laborales en un país en el que el 40% de la población vive con menos de un euro al día.


Egipto es una dictadura que no permite el derecho a la huelga ni deja espacio a la libertad de expresión. El actual presidente Hosni Mubarak mantiene la ley de emergencia decretada en 1981 a raíz del asesinato del presidente Anuar el Sadat por parte de un integrante de la Yihad Islámica (Sadat se ganó la enemistad de algunos sectores de la población al firmar la paz con Israel).

Desde entonces ese estado de emergencia continúa vigente: a través de ello el octogenario Hosni Mubarak reprime a todos aquellos que manifiestan su disconformidad con las políticas gubernamentales, a los que denuncian la corrupción, el hambre, la pobreza, la falta de libertad o a los que critican que Mubarak desee traspasar el poder a su hijo Gamal, como si se tratara de un sistema hereditario no monárquico al estilo de Siria, donde a la muerte del presidente Hafez al Assad heredó el poder su hijo Bashar al Assad, y para ello se modificó la Constitución, que impedía ser presidente a alguien menor de cuarenta años.

He contado en el libro “El hombre mojado no teme la lluvia” la historia de Kareem El Behirey, al que conocí en El Cairo en el año 2008, en vísperas de una huelga organizada por los trabajadores de la fábrica estatal de Mahalla.

Kareem el Behirey, obrero, sindicalista y bloguero egipcio, en El Cairo, 2008. (O.R)

Kareem, como tantos otros jóvenes egipcios, trata de esquivar la censura a través de Internet: tiene un blog, donde escribe noticias que no aparecen en los medios oficiales y donde denuncia casos de represión policial, de corrupción política, así como la existencia de movimientos sociales contrarios a la dictadura egipcia.

Poco después de conocerle y entrevistarle, Kareem fue arrestado por dar cobertura en su blog a la huelga de Mahalla. Lo último que escribió antes de desaparecer durante semanas fue:

Ahora son las siete de la manana y voy a irme a Mahalla a cubrir la huelga de la fábrica. Rezad por mí y espero que entre todos podamos mostrar los fallos del régimen. Firmado: Kareem el-Behirey, por un país libre, el de los egipcios revolucionarios.”

Kareem fue una de las cientos de personas arrestadas ese día, 6 de abril de 2008. Las Fuerzas Armadas reprimieron a los huelguistas usando rifles de asalto, gases lacrimógenos y pelotas de goma. Murieron un niño de nueve años y un joven de veinte. Otras noventa personas resultaron heridas.

Las autoridades acusaron a Kareem de haber incitado a la huelga a través de su blog. Le trasladaron a una cárcel, donde recibió golpes, maltratos, descargas eléctricas. Pasó 73 días en cautiverio. Desde que salió en libertad, y a pesar del castigo al que se expone, no ha abandonado su blog.

Hace un par de semanas un blogger como Kareem murió presuntamente a causa de la brutalidad policial. Se llamaba Khaled Said, tenía 28 años y pretendía difundir por internet un vídeo -pinchad aquí- que  presuntamente muestra cómo algunos oficiales de policía se reparten un alijo de droga incautada.

La policía propinó a Khaled una brutal paliza en un cibercafé, después lo sacó a la calle y siguió golpeándole hasta la muerte, según varios testigos. La versión oficial es que el chaval falleció asfixiado tras tomar drogas, pero lo cierto es que tanto el dueño del cibercafé como otros testigos han señalado a los agentes como responsables directos de la muerte del joven.

No solo eso: hay una fotografía, realizada en la morgue, que muestra a Khaled ya muerto, con claras señales de golpes en el rostro y con la mandíbula rota.

Protesta en Alejandría contra la represión policial en la que se muestra la foto del cadáver de Khaled Said (AP)

Tras conocerse la noticia, y a pesar de la ley de emergencia, ha estallado una oleada de protestas que han culminado con una manifestación en la que se congregaron unas cinco mil personas y en la que participó el egipcio Mohamed El Baradei, ex presidente del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Pero como la dictadura de Egipto es nuestra gran aliada, no ha habido condena por parte de los gobiernos occidentales. Nunca la hay. Como tampoco la hay hacia la dictadura fundamentalista de Arabia Saudí, nuestro otro gran aliado.

Occidente magnifica ciertos aspectos de sus enemigos para crear una imagen maléfica en torno a ellos; lo curioso es que sus grandes aliados apenas tienen rival en lo que a fundamentalismo, corrupción y represión se refiere. Pero como dijo Kissinger, esos no cuentan, porque son nuestros hijos de puta. *

Y de ese modo, quienes se sacrifican por la libertad en Egipto son, como mucho, un “breve” en algún que otro periódico occidental.

*Se atribuye al ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger esta frase, refiriéndose al dictador nicaragünse Anastasio Somoza: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” .