El minotauro anda suelto

En el prólogo de la reforma laboral se asegura que todo se hace por el bien común, por “fortalecer los pilares de nuestro estado de bienestar” y para generar más empleo.

Pero basta con seguir leyendo para concluir que el objetivo real de la reforma es facilitar y abaratar los despidos y seguir el juego a los que más riqueza acumulan sin que importe para ello suprimir derechos laborales fundamentales.

La estrella de la reforma es sin duda el despido preventivo. A partir de ahora, si una empresa considera que sus productos dejarán de ser competitivos puede despedir a sus trabajadores o a parte de ellos sin necesidad de probar esas futuras dificultades de forma concluyente. Su excusa para despedir puede basarse tan solo en meras conjeturas.

Basta con invocar que el despido servirá para evitar problemas económicos, organizativos o productivos futuros en la empresa, lo que en realidad en ningún negocio se puede descartar, porque siempre existe la posibilidad de que en el futuro puedan surgir problemas.

La indemnización por ese despido será de 20 días de salario por año trabajado, de los cuales ocho los subvencionará el Estado a través del Fondo de Garantía Salarial y los otros doce, la empresa.

Para el despido improcedente se establece una indemnización de 33 días por año frente a los 45 días que se contemplaban hasta ahora, con un tope de 24 meses frente a los 42 de ahora.

La reforma también permite a los empresarios suspender el régimen salarial previsto en los convenios colectivos con la excusa de que su situación económica pudiera verse dañada como consecuencia de la aplicación de dicho régimen; también disponen de vía libre para cambiar los horarios y su distribución, las funciones laborales y los salarios, así como para reducir jornadas.

Otra de las perlas de las nuevas medidas es la que contempla el refuerzo del papel de las agencias de colocación privadas sin ánimo de lucro, las ETTs, que podrán participar ya en todos los ámbitos, incluida la administración pública. Los desempleados deberán atender los requerimientos que les hagan estas empresas de trabajo temporal y así se avanza en la mercantilización de la intermediación laboral.

Leyendo la reforma y analizando la situación social actual quizá alguien recuerde el libro “Rebelión en la granja” de George Orwell, en el que los cerdos arrebatan el control de la granja a los humanos, y en el que uno de los personajes, el caballo Boxer, ante el reparto cada vez más desigual de alimentos y ante las falsas promesas de los cerdos gobernantes improductivos, lo único que sabe hacer es trabajar más duro y así se lo dice a sí mismo a diario: “Trabajaré más fuerte”.

Al final, tras toda una vida de esclavitud, el ingenuo Boxer es enviado al matadero por aquellos a los que sirvió.

El 1% de la población del planeta posee ya un 35% de la riqueza mundial, según la revista Forbes. La fortuna media de los multimillonarios es de 3.500 millones dólares, 500 millones más que en 2009.

Mientras podamos defender nuestros derechos laborales y civiles, hagámoslo. De lo contrario el mensaje desde la inmovilidad quedará claro: podéis hacer con nosotros lo que queráis.

¿De verdad no hay razones para la huelga?