El minotauro anda suelto

Hotel Palestine (AP Photo)

Leo el auto del juez Santiago Pedraz -riguroso, profesional, contundente, eficaz- y no puedo evitar, como testigo directo del caso, rememorar lo ocurrido aquél 8 de abril de 2003 en Bagdad, cuando en el plazo de menos de tres horas el Ejército estadounidense atacó las tres sedes de la prensa independiente de Bagdad -el hotel Palestine, la sede de Abu Dhabi tv y la sede de Al Jazeera tv-, matando a 3 periodistas e hiriendo de gravedad a otros tres.

Una de las principales novedades del auto es que, además de los tres militares de EEUU ya procesados con anterioridad, ahora son imputados otros dos militares con cargos superiores y que, dada la cadena de mando, tuvieron que ordenar o al menos estar informados de lo que estaba ocurriendo.

El juez Pedraz durante su investigación en Bagdad (Olga Rodríguez)

Además el juez, basándose en las pruebas y hechos acaecidos, indica que “una de las misiones encomendadas a la citada División era evitar que los medios de comunicación internacionales informaran sobre las operaciones militares en curso en la toma de Bagdad”.

Y así fue. Consiguieron que no informáramos.

No hay imágenes de Bagdad en las horas siguientes a los ataques, porque estábamos atendiendo a nuestros heridos, llorando a nuestros muertos, barajando lugares en los que refugiarnos.

Como señala el juez, “no hubo, ante el miedo provocado, una sola cámara dispuesta a asomarse a las ventanas del hotel”.

Hay más novedades en el auto: la inclusión de las conclusiones efectuadas tras el viaje a Bagdad que el juez Pedraz realizó en enero de este año encabezando la comisión judicial en la que cuatro periodistas viajamos integrados como testigos directos de lo sucedido.

En ese desplazamiento a la capital iraquí Pedraz pudo certificar las localizaciones de las tres sedes periodísticas atacadas, así como del puente desde donde disparó el tanque que mató a Couso y al periodista de Reuters Taras Prosyuk.

También pudo comprobar que no hay ninguna construcción que obstaculice la visión entre el hotel Palestine y el puente Al Jumuriya, así como la gran cercanía entre el puente y las sedes atacadas de Abu Dhabi tv y Al Jazeera tv.

Así mismo, el juez constató que desde el puente se ve con claridad el rótulo identificativo del hotel Palestine.

Y, a través de las pruebas periciales, Pedraz confirmó que con los elementos de visión del tanque se podía ver perfectamente no sólo a las personas que estábamos en los balcones del hotel Palestine, sino incluso los objetos que portábamos.

El auto ofrece argumentos precisos y exhaustivos sobre los hechos acontecidos el 8 de abril de 2003, recuerda que el Pentágono sabía dónde nos alojábamos los periodistas, que el propio gobierno estadounidense se declaró públicamente conocedor de la ubicación del hotel Palestine como sede de la prensa internacional, y explica con detalle -basándose en los Convenios de Ginebra, Protocolos y Convenio de La Haya- cómo no cabe duda de que José Couso, como civil y como periodista, era persona protegida.

Es decir, alguien a quien ningún Ejército puede, por ley, atacar; en caso contrario, el agresor será, por ley, castigado.

Por último, el auto pide a los procesados una fianza de un millón de euros. “No verificándolo a las 24 horas siguientes embárgueseles bienes bastantes a cubrir la indicada suma, acreditándose legalmente, caso de no poseerlos, su insolvencia total o parcial”, señala.

No he podido evitar acordarme de aquellos que en 2003 decían que era inútil iniciar la vía judicial, que lo mejor era dejarlo estar.

Hay cierta tendencia a estigmatizar a los que exigen Justicia. “Olvídalo, hombre, estás obsesionado”, dicen.

O peor aún: “Algo habría ocurrido para que le mataran”. Es lo que en Argentina llaman la “teoría del doble demonio”: la victimización de la víctima.

Lo saben bien las madres y abuelas de plaza de Mayo, a las que algunos llamaron locas por manifestarse todos los jueves pidiendo Justicia, un concepto que, cuando ellas iniciaron su lucha, parecía casi inalcanzable. Y ahí están ahora, presenciando, las que aún viven, los juicios contra algunos de los criminales de la dictadura.

Argentina es criticable en muchas cosas, pero reconozcamos que en materia de derechos humanos llevan la delantera. Lo saben en Egipto, donde estos meses decenas de activistas que piden Justicia -contra Mubarak y todos los mini-Mubarak- han mencionado el caso argentino como ejemplo a seguir.

En fin.

Aquí la familia Couso ha estado muy acompañada en sus triunfos y quizá demasiado sola cuando el caso se estancaba. No se han amedrantado por ello.

Los tres militares acusados.

Javier, David, Maribel, Sabela, Bárbara y el resto de la familia saben bien que hay luchas que hay que emprender aunque parezcan abocadas al fracaso. Lamentablemente esto es algo difícil de entender en estas sociedades en las que el triunfo, incluso el más corrupto, es un valor al alza.

Puede que el caso vuelva a estancarse, puede que no; quizá los militares estadounidenses nunca sean juzgados o quizá sí, quién sabe las vueltas que dan las cosas en este siglo XXI en el que la Historia circula a más velocidad que nunca.

De lo que no cabe duda es de que esta batalla no merecía ni olvido, ni desprecio, ni oportunismo. Solo defensa.

La Justicia no es sinónimo de deseo de venganza. Es un pilar básico de las sociedades libres y democráticas. Tiene como objetivo ofrecer reparo a las víctimas y ejemplo a los verdugos. Sin ella la impunidad se perpetúa. Lo sabemos bien en este país, que tiene más de 100.000 cadáveres en cunetas y descampados. Quizá por ello pedir Justicia sea interpretado aún por algunos como un gesto políticamente incorrecto o incluso anti-sistema.

Con un sistema judicial dispuesto a hacer frente a los crímenes de guerra es posible que los ejércitos de todo el mundo se lo pensaran dos veces antes de incumplir la ley, de atacar a civiles, periodistas, inocentes.

El caso Couso no es el caso de un periodista, sin más.

José Couso

El caso Couso es la defensa de la Justicia universal, del cumplimiento de la ley y de la libertad de la información.

Es el caso de los millones de civiles que mueren en las guerras a manos de ejércitos impunes.

Por cierto, hoy José Couso habría cumplido 46 años.


 

Uday Al Zaidi habla con los medios durante el juicio a su hermano Montazer, febrero 2009 (AP)

Uday Al Zaidi, de 32 años, es el hermano de Montazer al Zaidi, el periodista que arrojó un zapato a Bush y fue encarcelado por ello.

Pero Uday Al Zaidi es también presidente del Frente Popular para la Liberación de Irak y uno de los organizadores de las protestas contra la ocupación que tienen lugar desde hace varios meses en 16 de las 18 provincias iraquíes.

Periodismo Humano ha charlado con él en Madrid, a donde ha acudido invitado por la Campaña estatal contra la ocupación y por la soberanía de Irak.

Nada más recibirnos nos muestra decenas de fotografías de víctimas de la ocupación militar y de la guerra.

“Mira, matanzas de niños, violaciones de mujeres y hombres, cárceles secretas, humillaciones diarias, familias asesinadas por bombas estadounidenses. Una imagen vale más que mil palabras. Estas fotos muestran qué nos ha traído la ocupación”.

Se detiene para coger aire mientras su dedo sigue pulsando el ratón en busca de más fotografías.

“Desde 2003 hay un millón de muertos y cuatro millones de huérfanos. Y la gran paradoja es que Irak es un país rico, pero su pueblo, nosotros, tenemos que rebuscar en la basura para sobrevivir”.

La esposa y los tres hijos de Uday Al Zaidi viven desde hace dos años en Siria. Su hermano Montazer se encuentra en Líbano, a donde huyó tras ser puesto en libertad.

A mi hermano le han prohibido la entrada a Irak. Le han tachado con una cruz, a él y a todos nosotros. Yo trabajaba como funcionario en el Ministerio de Cultura, pero me despidieron cuando Montazer lanzó el zapato a Bush.

“A partir de ahí toda mi familia empezó a sufrir un acoso insoportable, registraban nuestra casa, nos vigilaban. Así que decidí enviar a mi familia a Siria, por cuestiones de seguridad. Nos vemos una vez al mes. Yo no quiero abandonar la lucha por la independencia de mi país”.

 

Protestas en la plaza Tahrir de Bagdad, 25 de febrero, durante el "Día de la Ira". (Karim Kadim/AP)

PH: ¿Cuándo y por qué comenzaron a organizarse manifestaciones en Irak?

UZ: Llevábamos manifestándonos un tiempo, pero las protestas tomaron fuerza tras el estallido de las revueltas en Túnez y Egipto. Si ellos son capaces de derrocar dictaduras de más de treinta años, nosotros podemos echar a los ocupantes.

Así que convocamos una manifestación el 25 de febrero y nos encontramos con una gran acogida en ciudades como Mosul, Basora, Bagdad o Diwaniya. Participaron suníes, chiíes, kurdos, turcomanos. No son protestas sectarias.

El sectarismo no existe en la población, sino en las mentes de los políticos iraquíes.

Yo, por ejemplo, soy chií, y me manifiesto junto con muchos suníes contra un gobierno dominado por chiíes.

PH ¿Cree posible mantener como hasta ahora la celebración manifestaciones todas las semanas en varias ciudades iraquíes?

Por supuesto, y no solo eso. Es posible que estas manifestaciones aumenten en número de participantes y que se propague un movimiento de desobediencia civil iniciado ya en Mosul, con coordinación y apoyo de colegios de profesionales de médicos, abogados e ingenieros.

PH ¿Se han dado algún plazo?

Sí. El 25 de febrero el primer ministro Al Maliki dijo que se daba un plazo de cien días para cumplir sus promesas y acabar con la corrupción. Ese plazo termina el 5 de junio.

Será el 5 de junio cuando, si nada cambia, daremos un impulso a las protestas y al llamamiento a la desobediencia civil.

PH ¿Cuál es la respuesta del gobierno y las Fuerzas Armadas ante estas protestas?

En algunas ciudades dispersan a los manifestantes con gases lacrimógenos, porras e incluso disparando balas de verdad que han causado al menos 50 muertos y centenares de heridos. Yo mismo fui agredido y arrestado el 25 de febrero.

Estuve cinco días en la cárcel, donde recibí descargas eléctricas, me rompieron la clavícula, me dislocaron una muñeca y me rompieron la pierna izquierda [Uday muestra su pierna, aún escayolada]

Las Fuerzas Armadas estadounidenses están prestando apoyo al Ejército iraquí en esta represión contra los manifestantes pacíficos. De hecho es frecuente que las protestas sean vigiladas por helicópteros estadounidenses que vuelan a baja altura, y desde los que han llegado a arrojarnos basura.

 

Manifestantes tratan de derribar el muro que separa Bagdad de la Zona Verde. Bagdad, 25 de febrero (Hadi Mizban/AP)

PH: ¿Todas sus demandas se centran en el fin de la ocupación militar?

No, aunque mientras haya ocupación es imposible que el resto de nuestras demandas se cumplan.

Reivindicamos que se acabe con el sistema de cuotas comunitarias y sectarias establecido tras la ocupación.

Ese sistema supone, entre otras cosas, que el primer ministro tiene que ser chií, el presidente del Parlamento suní y el presidente del país kurdo.

También exigimos la puesta en libertad de los detenidos inocentes, que son decenas de miles, hombres y mujeres que desconocen de qué se les acusa. Pero nuestra prioridad es vivir con dignidad, con libertad, con independencia. Solo entonces podremos pedir otras cosas, como trabajo, electricidad, el fin de la corrupción, mejoras en el nivel de vida.

 

Uday Al-Zaidi, en Madrid. Mayo 2011 (Olga R.)

PH: ¿Cuentan con algún tipo de apoyo exterior?

No, nuestro único apoyo es el de los miles de manifestantes. Hasta ahora hemos rechazado apoyo de países e incluso de partidos políticos, para que no se nos acuse de que trabajamos al servicio de ellos. Solo trabajamos al servicio del pueblo.

PH: ¿Mantienen contacto con la resistencia armada iraquí?

Sí, por supuesto. Compartimos con la resistencia armada un mismo objetivo: echar al ocupante, pero nosotros resistimos de manera pacífica, a través de protestas. La resistencia apoya esta alternativa pacífica.

Ese apoyo ha sido usado en nuestra contra por parte del gobierno iraquí, que nos acusa de tener vínculos con terroristas, cuando nosotros somos ciudadanos de a pie sin más armas que nuestra voz. Simplemente somos personas que no queremos quedarnos en casa de brazos cruzados.

PH ¿Qué papel está jugando el vecino Irán en territorio iraquí?

Tras la ocupación de Irak Irán logró hacerse con el control de una parte importante de nuestro país. Yo soy chií, confesión religiosa mayoritaria en Irán. Pero aún así mantengo que el papel que Irán juega en Irak es igual o peor que el de Estados Unidos. Los grupos pro iraníes ejercen una represión sistemática.

Las milicias iraníes han hecho mucho daño a este país y están infiltradas en el propio gobierno iraquí a través de los partidos pro iraníes, como el Consejo Superior para la Revolución Islámica, el partido Al Dawa al que pertenece el primer ministro Nuri Al Maliki o el Movimiento Sader, del clérigo Muqtada Al Sader, cuyo brazo armado es el Ejército del Mahdi. En todas las provincias hay milicias iraníes e incluso cárceles secretas controladas por esas milicias.

PH ¿Cuál es su opinión sobre el papel que han desempeñado las llamadas brigadas del Despertar, integradas por antiguos combatientes de la resistencia armada y financiadas y armadas por Estados Unidos?

Las brigadas del Despertar forman parte de la industria americana. Algunos de sus integrantes han pasado a formar parte de las Fuerzas Armadas iraquíes, pero buena parte de ellos han sido engañados y abandonados. El primer ministro Al Maliki no confía en ellos porque son suníes y no quiere una mayoría suní en el Ejército.

Así que algunos han vuelto a las filas de la resistencia, otros se han ido del país y otros han vuelto a sus casas decepcionados.

Estas brigadas son un ejemplo de la táctica estadounidense, consistente en el divide y vencerás.

La ocupación se aprovechó de la inocencia de la gente, fomentó el sectarismo, manipuló.

Pero desde 2007 los iraquíes son conscientes de esto. Ahora el sectarismo no existe entre la población, solo en la zona verde, donde está el primer ministro y el resto de los gobernantes.


Quizá por casualidad, quizá no, la prensa occidental ha llamado desde el primer día mercenarios a los mercenarios negros que operan en Libia al servicio del gobierno de Gadaffi. Lo son, así que, ¿por qué llamarlos de otro modo?

Esta claridad de términos contrasta sin embargo con la ambigüedad empleada por cierta prensa europea y estadounidenses para referirse a las decenas de miles de mercenarios que han campado o campan a sus anchas en países como Afganistán o Irak.

Blackwater en Irak

A los mercenarios que trabajan en estos países se les llama contratistas o personal armado privado, quizá porque muchos son blancos, tienen uniformes sofisticados, gafas de sol último modelo, armamento muy cualificado y están contratados por empresas occidentales o por el propio ejército estadounidense, que cuenta con algunos departamentos ya cuasi privatizados.

En Afganistán 19.000 mercenarios trabajan al servicio del Ejército estadounidense. En Irak, son 7.000 los contratados directamente por Washington. En ambos países hay miles de mercenarios más contratados por empresas privadas occidentales.

En Irak llegaron a operar más de 170.000 mercenarios, un número que superaba a las tropas estadounidenses, que sumaban por entonces 160.000.

"Contratista" de Blackwater, Irak, 2004 (AP)

Algunas de las compañías que se dedican a proporcionar personal armado privado son: ArmorGroup, Blackwater (ahora llamada Xe), Control Risk, Erinys, DynCorp, Triple Canopy, o Aegis Defence Services. Han operado en países como Irak, Afganistán, Bosnia, Sudán, Bahrein, Kenia, Nigeria, Congo, Bolivia, Somalia, Angola, Haití, Colombia, Kosovo, Kuwait, Venezuela, Yemen, Ecuador o Israel.

Los contratistas han matado a civiles, han aterrorizado a poblaciones enteras. Pero se les llama contratistas.

Contratista, según la RAE, es la persona que por contrata ejecuta una obra material o está encargada de un servicio para el Gobierno, para una corporación o para un particular. Pocos eufemismos tan claros como éste.

Supervivientes de la matanza de 17 civiles llevada a cabo por Blackwater en Irak en 2007 (AP)

Han tenido que venir los mercenarios negros para que en nuestras sociedades nos animemos al fin, sin temor, sin rodeos, directos al grano, a llamar a los mercenarios lo que son. Mercenarios.

Confiemos en que ahora que estamos al fin familiarizados con el término, no lo vayamos a olvidar en algún inocente cajón del vocabulario cuando de nuevo alguno de nuestros gobiernos blancos echen mano de uno de estos ejércitos privados de hombres armados para sembrar el terror, asegurar la exportación de ciertas materias primas en determinados países, o proteger los intereses que tenemos diseminados por este planeta, en el que solo hay fronteras para los pobres.


SAFA

“Estoy muy envejecido”, me advirtió Safa Yasin, el guía iraquí de José Couso, cuando hablé con él por teléfono unos días antes de mi viaje a Irak.

Safa, en Bagdad el pasado viernes

“No será para tanto”, contesté al mismo tiempo que recordaba a tantos amigos iraquíes en cuyo rostro la dureza de la guerra ha dejado una huella indeleble.

Pude comprobar que Safa no exageraba el 28 de enero, cuando nos encontramos en la puerta del hotel Palestine de Bagdad.

Yo iba como testigo de la muerte de Couso, como integrante de la comisión judicial encabezada por el juez Santiago Pedraz, con la misión de participar en la primera inspección ocular realizada por una comisión judicial española en suelo extranjero.

Safa aguardaba nuestra llegada con un traje de chaqueta mal planchado, una sonrisa melancólica y unos ojos hundidos en un pozo de tristeza.

Nos abrazamos y rompió a llorar. “La vida aquí es durísima”, musitó mientras se enjuagaba las lágrimas con cierto pudor.

Desde la invasión de 2003 hasta ahora ha ido acumulando achaques en su salud: es diabético desde hace cuatro años, tiene la presión muy alta pero por más que lo intenta no logra dejar de fumar, sufre insomnio y está deprimido. Toma seis pastillas diarias. Al igual que tantos otros compatriotas, no tiene trabajo.

En 2006, cuando la guerra vivió su momento más crudo, recibió varias amenazas de muerte por parte de algunos grupos armados.

“Tuve la mala fortuna de vivir junto a una casa a la que todos los días llegaban hombres encapuchados con rehenes a los que disparaban en el jardín. Algunas víctimas no morían en el acto, pero no podíamos llamar a un médico porque nos tenían vigilados. Colocaban carteles en los que la advertencia era clara: si denunciábamos, moríamos.”

Imagen de previsualización de YouTubeFinalmente decidió huir a Siria, adonde llegaron exiliados dos millones y medio de iraquíes de los 26 millones que tenía el país. Otros dos millones y medio se desplazaron dentro de las fronteras de Irak huyendo de la violencia.

Fueron tiempos de absoluto desastre. Acnur lanzaba un S.O.S. diario en busca de ayuda para atender a uno de los grupos de refugiados más grande del planeta.

Pero en Siria, a pesar de ser el país más hospitalario con los iraquíes, no hay trabajo para tantos. Así que cuando las cosas se calmaron algo, Safa decidió volver a Bagdad para estar más cerca de sus hermanos.

Pasó el tiempo y siguió sin encontrar un empleo, a pesar de tener experiencia y buen dominio del inglés. Ahora su esposa ha tenido que instalarse en casa de sus padres para asegurarse la comida diaria.

Safa estaba con Couso en el momento del ataque en 2003. Como tantos otros, se libró por los pelos -un par de centímetros- de la muerte o de heridas graves. “Qué bueno sería que hoy José estuviera con nosotros, ¿verdad?. No le tocaba irse aún”, comentó conmovido en el Palestine.

Plaza Paraíso, aún con el pedestal de la estatua de Sadam Hussein, enero 2011

BAGDAD

La de Safa es solo una pequeña historia en esta Bagdad militarizada, trufada de chekpoints, muros, alambradas y con las mismas cicatrices que en 2003: en pocos edificios, plazas o avenidas se han reparado los daños provocados durante la invasión por las bombas, proyectiles o las balas estadounidenses.

Las cúpulas de varios palacios están aún agujereadas. Algunos ministerios son auténticos quesos gruyere; incluso en la plaza del Paraíso, situada frente al hotel Palestina, permanece aún el pedestal de la estatua de Sadam Hussein que en 2003 se derribó en directo para todas las televisiones del mundo.

El cielo es surcado a cada rato por helicópteros y aviones militares estadounidenses.

Y, a pesar de que la administración Obama quiso transmitir la idea de que Estados Unidos se retiraba del país a través de la Operación Amanecer, lo cierto es que hay al menos 50.000 soldados norteamericanos y 7.000 mercenarios contratados por el propio gobierno de Washington para garantizar la seguridad de su personal en Irak, a los que hay que sumar miles de mercenarios más contratados por empresas privadas estadounidenses con base en territorio iraquí y nuevo armamento -aviones F16 y tanques M1 Abrams- que Estados Unidos ha vendido a Irak.

La industria armamentística estadounidense ha encontrado en Irak un mercado-filón para dar salida a sus productos.

Todo esto se nota.

Carretera que une el aeropuerto con Bagdad.

No hay más que circular por la carretera que une el aeropuerto con Bagdad, frecuentada por camiones, strykers y otros vehículos militares estadounidenses.

O simplemente basta con visitar el aeropuerto, plagado de tiendas dirigidas a una clientela extranjera, occidental y armada: en ellas se venden ropa de combate, cartucheras, camisetas y pantalones de deporte con un bolsillo especial para armas cortas, etc. En cualquier terminal hay tipos rubio de dos metros, espaldas cuadradas, biceps trabajados, gafas de sol, que mascan chicle mejor que Clint Eastwood en Harry el sucio.

Ninguno de ellos entablará nunca relación con Safa ni con ningún iraquí de a pie. Son dos mundos paralelos: la población civil iraquí y los extranjeros que se han instalado en el país por razones políticas, militares, o para hacer negocios. Salvo excepciones, no se cruzan.

Unos, los civiles iraquíes, viven en el área no protegida; los otros, los extranjeros, habitan en la zona verde, en bases militares, en las embajadas -como la de Estados Unidos, con una extensión similar a 80 campos de fútbol – o en áreas próximas a las bases militares, como es el caso del aeropuerto de Bagdad, donde se encuentra la base Camp Liberty.

EL HOTEL-BARRACÓN

Allí fue donde nos alojamos los integrantes de la comisión judicial, en un pequeño hotel compuesto de barracones de plástico, techos bajos y precios de infarto -250 dólares la noche- en los que se supone que uno paga la seguridad que implica estar en una zona sin riesgos.

Azafatas españolas, llevan cinco meses en el hotel del aeropuerto de Bagdad

Algunos de sus clientes llevan meses viviendo allí. Son pilotos, azafatas o contratistas instalados en una especie de mundo irreal en el que “lo de fuera” es algo desconocido y peligroso. Matan el rato fumando narguile, jugando al ajedrez o conversando en la cafetería.

“Por dinero”, contestan todos cuando se les pregunta porqué están allí. “¿Por qué si no iba a estar alguien en Bagdad?”, añaden.

Hay dos azafatas españolas y un piloto español, amables, encantadores. Trabajan para una compañía aérea tayika que cubre la ruta Bagdad-La Meca, frecuentada por peregrinos musulmanes.

Basta cruzar unas palabras con ellos para concluir que, a pesar de los elevados sueldos, el sacrificio les merece la pena solo de manera temporal.

El día que llegamos a Bagdad los integrantes de la comisión judicial permanecimos en ese hotel-barracón por razones de seguridad. Solo el juez y la secretaria judicial se desplazaron al centro de la ciudad para reunirse con magistrados del Supremo iraquí.

Tan solo unas horas encerrada en aquél lugar fueron suficientes para comenzar a hacerme una idea terrorífica y distorsionada de “lo de fuera”.

Mujer iraquí cubierta completamente. Bagdad 2011

Supuse entonces la paranoia que puede instalarse en los militares estadounidenses, que salen solo a patrullar y a misiones puntuales, sin la posibilidad de conocer el Bagdad real, el de tantas mujeres y hombres hospitalarios que luchan por salir adelante, pero no encuentran cómo, en un país destrozado por la invasión y la militarización, en el que la pobreza extrema afecta ya al 23% de la población y en el que las mujeres han perdido buena parte de la libertad de la que gozaban antes de 2003.

EL MAGISTRADO

Es en esta Bagdad en la que el juez Santiago Pedraz se tuvo que abrir paso -después de haber sorteado en España los obstáculos colocados por la Fiscalía- para realizar la inspección ocular en el marco del caso Couso.

El magistrado Santiago Pedraz en el balcón de la 1403 del hotel Palestine

Tímido pero resolutivo, el juez español logró cumplir el objetivo de su viaje: visitó el hotel Palestine, vio la habitación 1403, en la que fue alcanzado José Couso y la 1503, en la que murió el periodista Taras Prosyuk. Acompañado por un juez iraquí, se trasladó hasta el puente desde el que en 2003 disparó el tanque estadounidense que mató a Couso.

Tomó fotografías y grabó imágenes de todo ello, con la ayuda de la secretaria judicial, que redactó a mano todos los detalles de la inspección. No se inmutó cuando tres helicópteros estadounidenses, quizá por casualidad, quizá no, permanecieron un par de minutos sobrevolando el lugar exacto en el que nos encontrábamos.

Tampoco se había inmutado una semana antes cuando el Ministerio de Exteriores español afirmó que no podía garantizar la seguridad de la comisión judicial y recomendó la cancelación del viaje. No expresó dudas o nerviosismo en la capital jordana, antes de llegar a Bagdad, en un momento en el que incluso los testigos de la muerte de Couso, a pesar de tener experiencia en países en conflicto, no podíamos evitar mostrarnos circunspectos ante el reencuentro con Irak.

Pedraz estuvo, simplemente, concentrado en hacer su trabajo. En seguir lo que indica la ley, aunque esto implicara acudir al corazón de Bagdad.

No ha hablado de las conclusiones que ha obtenido porque su condición de juez se lo impide, pero estoy segura de que esta inspección ha resultado positiva para el caso Couso.

El magistrado logró llevar a cabo la primera inspección ocular impulsada por una comisión española en el extranjero.

El hotel Palestine en la actualidad.

Y, sobre todo, demostró que la Justicia no retrocede ante las presiones, sino que sigue su propio curso: el que dictan las leyes.

Los papeles de wikileaks desvelaron que el embajador estadounidense en España escribió esto en 2007 en un informe: “claramente el juez Pedraz tiene la intención de seguir este caso de forma agresiva. Continuaremos con nuestros contactos de alto nivel con representantes del Gobierno español para presionar con el fin de lograr la retirada de los cargos…”.

La única agresividad en este caso fue la del proyectil que mató a Couso y a Taras Prosyuk; las únicas malas artes son las que han empleado la Fiscalía española y todos aquellos empeñados en obstaculizar el certero paso de la Justicia.


Algunos de los casos mencionados en los papeles del Pentágono sobre Irak difundidos por Wikileaks ya se conocían, pero no por eso dejan de tener valor. Al contrario: en un mundo donde parece ser que solo la palabra del Pentágono es considerada de absoluta fiabilidad, era necesario que estos papeles salieran a la luz para probar que las denuncias continuadas de miles de víctimas eran ciertas.

Ataque estadounidense contra un mercado bagdadí, abril 2003. Murieron 15 iraquíes (Olga R.)

Con los testimonios de las víctimas iraquíes – y de miles de testigos- ha ocurrido algo nada infrecuente: Se ha sospechado de quienes se declaraban víctimas y pedían Justicia. Es la doble victimización de la víctima. En algunos países del Cono Sur se llama teoría del doble demonio a aquella que tiende a pensar que si alguien ha sido torturado o asesinado, algo habría hecho antes. Es decir, la que señala a la víctima como merecedora de serlo.

Ahora, cuando la información sale del Pentágono, responsable de crímenes de guerra y de violaciones de las leyes internacionales y los derechos humanos, nadie pone en duda la veracidad de la misma. “Pero si esto ya lo sabíamos“, me han dicho estos días varios amigos iraquíes, algo indignados.

Doy fe de que algunos lo sabían muy bien. Yaser Alí, a quien conocí en 2003 en Bagdad durante la fase de bombardeos, perdió a un cuñado en un ataque estadounidense y fue detenido sin cargos. También su hermano, que fue torturado en la cárcel de Abu Ghraib. Por esa misma prisión pasó Yamila Abbas, sin cargos y sin derecho a juicio. He contado estas y otras historias en el libro “El hombre mojado no teme la lluvia” y en varios trabajos periodísticos.

Se han escrito cientos de historias de iraquíes asesinados y heridos. Pero solo ahora parece llegar la confirmación de que todo aquello era absolutamente cierto, solo ahora se disipan las sospechas que aún podían gravitar en ciertos sectores. No nos bastaba con la palabra de las víctimas y de miles de testigos.

Sí nos basta sin embargo con los papeles del Pentágono, de los que no sospechamos que puedan estar maquillados, que puedan haber ocultado algunos datos o que no incluyan todos los muertos y heridos.

Niño muerto en un ataque estadounidense, Isahaqi, Irak, 2006 (Hamid Rashid/AP)

En esos papeles se habla de la muerte de 66.081 civiles y sin embargo varias organizaciones de prestigio como la británica Iraq Body Count han contabilizado unos 107.000 civiles iraquíes muertos, que, unidos a los 15.000 nuevos casos mencionados por los papeles del Pentágono -y desconocidos hasta la fecha por Iraq Body Count- hacen un total de 122.000.

El canal británico Channel 4 ha indicado que en esos papeles se incluye la muerte de un hombre y una mujer en Tal Afar en presencia de sus seis hijos y sin embargo no se menciona que uno de esos niños resultó herido y quedó parapléjico a causa de una de las balas estadounidenses disparadas contra el coche que el padre conducía. El caso quedó registrado en el momento a través de la cámara del fotógrafo Chris Hondros.

LOS DAÑOS COLATERALES

En las guerras hay reglas. No vale todo. Lo saben bien los militares, lo estudian en la carrera militar. Pero hay quien opina que es legítimo, inevitable, aceptable, que las guerras tengan daños colaterales, ese terrible eufemismo que oculta crímenes. Es posible que piensen así porque crean que en las guerras todo escenario es bélico. La realidad es bien diferente.

En las guerras los niños siguen jugando, porque son niños. A veces juegan en la calle. La gente, si puede, sigue yendo a trabajar, porque necesita comer; para ir a trabajar coge el coche o el autobús. Y de este modo puede ocurrir que en una ciudad la vida transcurra con cierta normalidad mientras que en la periferia de dicha ciudad haya un frente abierto con dos bandos enfrentados.

En un lado del  mapa los civiles esperan el bus, los niños van al cole, las mujeres compran en los mercados; y en el otro, los militares guerrean. Si uno de esos dos bandos ataca el mercado, la parada del bus o el colegio de los niños, está cometiendo sin lugar a dudas un crimen de guerra.

Hay quien puede argumentar, en una defensa enfermiza de este tipo de acciones, que el terrorismo y la existencia de bandas armadas irregulares desdibujan cada vez más esta línea que separa el escenario militar y bélico del escenario civil y que por eso hay que saltarse las leyes internacionales. ¿Realmente es posible que haya tantos niños, tantas mujeres, tantos hombres civiles dedicados a actividades armadas?

¿La mujer que está cocinando es una amenaza, y también la niña que está en el colegio, y el niño que juega en la calle, y el hombre que conduce su coche hacia su trabajo? ¿Son una amenaza porque es posible que cerca de ellos se esconda un tipo armado? ¿Es ese tipo armado una amenaza real en ese preciso momento en el que dispararle supondrá matar a inocentes? ¿Hasta qué cifra se considera sostenible matar a inocentes? ¿Mil, dos mil, diez mil?

EL HOTEL PALESTINE

El ataque al hotel Palestine que mató al cámara José Couso y al periodista Taras Protsyuk e hirió a varios más – y del que muchos fuimos testigos- no está incluido en los informes del Pentágono publicados por Wikileaks, porque este ataque ocurrió en 2003 y los papeles de Wikileaks abarcan los ataques y crímenes cometidos a partir de 2004. Tampoco están incluidos los ataques que en esa misma mañana el Ejército estadounidense lanzó contra la sede de la televisión Abu Dhabi y contra la sede de Al Jazeera, matando a otro periodista, Tareq Ayoub.

Pero leyendo estos informes es legítimo y lógico pensar que, del mismo modo que los soldados estadounidenses apretaron el gatillo para matar a mujeres, hombres y niños inocentes, también pudieron disparar contra el hotel – o contra las dos sedes de las televisiones árabes- sabiendo, como todo el planeta sabía, que era un lugar protegido por la ley internacional porque en él solo vivíamos periodistas y civiles y nada hacía pensar que desde ese edificio pudiera partir amenaza alguna para las tropas estadounidenses.

Por si alguien aún piensa que es imposible un comportamiento así por parte de las tropas estadounidenses, recomiendo la visión de -además de este vídeo ya mencionado en el anterior post- los nuevos vídeos difundidos la pasada semana por Wikileaks a través de Channel 4, en los que podemos comprobar de nuevo que antes de disparar todos los militares piden permiso, por lo tanto nunca se trata de un disparo producto de un error de un solo soldado, sino de un disparo analizado en el que participan varios.

Imagen de previsualización de YouTubeEn ellos se ve, entre otras cosas, cómo los militares estadounidenses bombardean un edificio a pesar de que ellos no están siendo atacados y a pesar de que en ese momento pasa un hombre caminando por la calle, que desaparece tras el ataque; se observa también cómo disparan desde un helicóptero a un hombre a pesar de que éste, al darse cuenta de que la aeronave le sigue, detiene el vehículo y baja de él con las manos en alto, en señal de rendición.

Sé de algunos periodistas que, empeñados en denunciar la pesadilla de Irak, han tenido que soportar que sus superiores les acusen de estar obsesionados con Irak, de no saber pasar página. Torpes editores aquellos que no comprendieron o no quisieron saber que el escenario iraquí ha sido uno de los tableros informativos principales de los últimos años, el paradigma de la crisis moral de Occidente, el ejemplo del doble rasero. No han sido pocos los mass media que han mirado hacia otro lado, convirtiéndose así en cómplices de los crímenes.

No son pocos los poderes que desean que todos nos comportemos como dóciles soldados capaces de creer que lo que hace quien lleva un determinado uniforme es útil, necesario y cargado de razones.

Deberíamos aprender que la muerte de civiles siempre exige la mayor de las atenciones. Reivindico un ejercicio: Imaginar. Imaginemos bien cómo es la muerte de una niña, las consecuencias del uso del fósforo blanco, las torturas en cárceles secretas, el ahogamiento simulado, las bombas arrojadas a distancia, la eterna tristeza de quienes pierden a sus padre o a sus hijos a causa de la violencia, el dolor irreparable.

Si alguien aún no se hace una idea concreta, que escriba en google “iraq children death“, elija el apartado de imágenes y eche un vistazo. Y tras ello, ¿se atrevería alguien a concluir que no merecen atención estas noticias referidas a la vida y a la muerte, a la justicia y la injusticia, a la cordura y la locura?


El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo gubernamentales”. Julian Assange, fundador de Wikileaks

4niños muertos por fuego estadounidense, Faluya, Irak, 2004 (Bilal Hussein/AP)


Cada vez mueren más civiles en las guerras y menos militares. El contraste entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial es sobrecogedor: solamente el 5% de las víctimas de la Primera eran civiles; en la Segunda, el porcentaje se elevó hasta el 66%. Y en la actualidad la proporción de víctimas civiles de cualquier guerra se sitúa entre el 80 y 90% del total, según los datos  que el historiador británico Eric Hobsbawn ofrece en su libro “Guerra y paz en el siglo XXI”.

Irak es buen ejemplo de ello. Por si alguien tenía aún dudas, Wikileaks ha revelado el modus operandi de las tropas estadounidenses en Irak.

Con la salida a la luz de los documentos filtrados por Wikileaks sabemos que el Pentágono ocultó cifras de muertos civiles, que las tropas estadounidenses siguieron permitiendo torturas y abusos hasta 2009 o que mataron a 681 civiles solo en los controles de seguridad.

Es intolerable que las potencias actúen movidas por el principio del intercambio: unas cuantas muertes a causa de la victoria. Resulta infame y escalofriante esa operación de contabilidad que da la espalda a un principio moralmente real: que el dolor es absolutamente irreparable. Lo explica muy bien Rafael Sánchez Ferlosio en su libro “Sobre la guerra”. Nadie gana si la muerte vence. Y eso ocurre en las guerras. La muerte, la destrucción, el agotamiento moral y psicológico, arrasan a generaciones enteras.

La guerra, se haga en nombre de lo se haga, pisotea a los seres humanos y convierte a algunos en monstruos capaces de dar la vuelta a la realidad, como ha hecho el Pentágono, empeñado en demonizar y criminalizar a Wikileaks.

Tengo la firme convicción de que debemos condenar en los términos más claros posibles la difusión de cualquier información, por parte de individuos u organizaciones, que ponga en peligro la vida de los soldados o civiles de Estados Unidos y de sus aliados”, ha declarado la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

Lo absolutamente preocupante es que este mensaje cale en la sociedad y que sean muchos los ciudadanos que, como obedientes y fieles servidores de Washington, se preocupen más por el hipotético riesgo del que habla Clinton que por las decenas de miles de iraquíes civiles muertos o torturados en Irak.

Kholood, niña iraquí herida en un ataque estadounidense, Ramadi, 2004. (Anja Niedringhaus/AP)

El Pentágono califica de ilegítima la publicación de Wikileaks que prueba sus actuaciones criminales. Y sin embargo tiene la desfachatez de considerar legítimo ocultar la verdad al mundo, cuando esta verdad contiene crímenes. De este modo Washington pone en riesgo la base del periodismo: la de la información real como bien público por encima de intereses particulares, como pilar básico de las sociedades libres y democráticas.

Algo pasa en el planeta y en las redacciones de buena parte de los medios de comunicación, capaces de guiarse y de creer al Pentágono hasta el punto de repetir textualmente el contenido de sus notas de prensa.

Algo pasa cuando muchos no dudan de las afirmaciones del Ejército estadounidense pero sí de las del fundador de Wikileaks, Julian Assange, que no ha matado a nadie, y menos a nadie inocente.

Siguiendo esta dinámica no faltará mucho para que creamos que si matan a siete de los nuestros es por una razón de peso; que si asesinan a quince es porque algo habrían hecho mal; que si acaban con otros veinte es por nuestro propio bien.

El periodismo de investigación, ahora más que nunca, es necesario. Como decía Albert Camus, hay épocas en las que toda indiferencia es criminal.

Si a alguien le cabe alguna duda,  quizá pueda disiparla viendo, si es que aún no lo ha hecho, el vídeo que muestra la masacre de doce civiles iraquíes, entre ellos dos periodistas, por parte del Ejército estadounidense. En la misma operación dos niños resultaron heridos. Los propios militares estadounidenses que les dispararon se negaron a socorrerlos.

Tras la difusión pública de ese vídeo no se organizaron cumbres internacionales para pedir perdón, asumir responsabilidades, crear tribunales especiales, reprogramar las conductas de las potencias bélicas ni para tumbar a sus dirigentes en el diván de un psicoanalista.

Ahora, con la publicación de nuevos documentos sobre Irak, los líderes de los países involucrados tienen una oportunidad de entonar el mea culpa. Pero como es muy probable que eso no ocurra, será fundamental el papel que desempeñen las organizaciones no gubernamentales, instituciones, jueces y sociedad civil en general con el objetivo de que los crímenes cometidos en Irak no queden impunes. Porque solo la Justicia puede garantizar que la historia no se repita.


Soldados de EEUU abandonan Irak (AP)

Parte de la prensa nacional e internacional ha seguido estos días al pie de la letra la propaganda oficial difundida por Washington.

De ese modo, hemos leído titulares en los que se afirma que termina la guerra de Irak, que Estados Unidos se retira del país del Golfo e incluso que Irak es ya un país soberano e independiente, tal y como ha dicho el primer ministro en funciones iraquí y aliado de Washington Nuri Al Maliki.

Pero la realidad es que en Irak van a permanecer 50.000 soldados estadounidenses. Según Estados Unidos, no son de combate. Lo cierto es que cualquier persona armada, ya no digamos un soldado perteneciente a las Fuerzas Armadas de una nación extranjera, es susceptible de ser atacada o de atacar.Si los soldados no son de combate, ¿de qué son?

Oficialmente, esos 50.000 militares se quedan para entrenar a las Fuerzas Armadas iraquíes; lo que el gobierno estadounidense no especifica es que, entre otras cosas, tendrán que enseñarles a manejar las armas que Irak está comprando a Estados Unidos: Tanques M1 Abrams, aviones de combate F16.

La industria armamentística estadounidense ha encontrado en Irak un mercado estupendo para dar salida a sus productos.

No hay como invadir países y destrozarlos para hacer negocio. Y luego, ya controlados, las ventas no tienen fin. El bucle de la violencia es ilimitado.

Los 50.000 soldados no serán los únicos estadounidenses en el país. Habrá empresarios, diplomáticos y se aumentará a siete mil el número de mercenarios contratados por el propio ejecutivo de Washington para garantizar la seguridad de su personal en Irak (algún diario español los ha llamado civiles, en vez de mercenarios: ¿amor por los eufemismos?).

A esto hay que sumar miles de mercenarios más contratados por empresas privadas estadounidenses con base en territorio iraquí.

Durante años nadie dudó de que Líbano fuera un país bajo influencia siria porque, entre otras cosas, había 15.000 soldados en territorio libanés (la cifra fue más elevada en épocas anteriores).

Pero según Washington Irak ya será libre e independiente con 50.000 soldados estadounidenses en su territorio (una cifra, por cierto, que supera el número de militares de carrera y de complemento de las Fuerzas Armadas españolas) y 7.000 mercenarios a sueldo del gobierno estadounidense.

EL DISCURSO DE OBAMA

En su discurso pronunciado el pasado día 31 de agosto para anunciar la presunta salida de las tropas de combate estadounidenses de Irak, Obama dijo que “Irak es libre de trazar su propio rumbo”, una afirmación ante la que pueden surgir dudas :

¿No llevaban ya un tiempo diciéndonos que Irak y sus elecciones eran libres?

Ahora resulta que no, que es ahora cuando de verdad es libre.

El presidente Barack Obama en su discurso sobre Irak el pasado 31 de agosto (AP)

Aseguró además que Estados Unidos ha pagado un precio enorme con tal de depositar el futuro de Irak en manos de su pueblo”.

Así es que, según estas declaraciones, lo que Bush decía era cierto: Se invadió Irak primero por las armas de destrucción masivas, pero cuando quedó claro que no, en realidad se invadió Irak para depositar su destino en manos de sus habitantes. Para llevar democracia y libertad.

No para abrir mercado a las empresas de armamento estadounidenses, ni para obtener beneficios del petróleo del país; ni para controlar un punto más en un tablero estratégico de Oriente Medio, en un país que comparte frontera con Irán; ni para instalar enormes bases militares permanentes, la embajada estadounidense más grande del mundo (tiene el tamaño de 80 campos de fútbol) y otras construcciones que han dado trabajo a muchas empresas, además de negocios de todo tipo que llenan los bolsillos de algunos hombres de negocios extranjeros.

Obama también indicó que nadie puede poner en duda el apoyo del presidente Bush a nuestras tropas, o su amor a la patria y su compromiso con nuestra seguridad.”

Ante esta afirmación es posible que alguien se pregunte hasta dónde llega el poder en la sombra de los conservadores y neocon estadounidenses. La corriente de islamofobia que hay en Estados Unidos y la cercanía de las elecciones de medio término en Estados Unidos, están generando auténticos giros de contenido en los discursos de algunos integrantes del Partido Demócrata, temerosos de perder votos.

Y por último, otra frase gloriosa: “Hemos perseverado porque compartimos con el pueblo iraquí la creencia que de las cenizas de la guerra podía generarse un nuevo comienzo en esa cuna de la civilización”.

Si, no hay como hacer pedazos un país para generar un nuevo comienzo. Realmente si se destroza todo, lo que viene después de esa destrucción realmente es nuevo. Visto así, tiene sentido.

Quizá por eso Estados Unidos ha denominado a la presunta salida de sus tropas de Irak Operación Nuevo Amanecer.

OPERACIÓN AMANECER

En Irak, todos los días, amanecer amanece. Otra cosa es cómo.

Estatua de Sadam Hussein a punto de ser derribada el 9 de abril de 2003 (Olga Rodríguez)

En Irak amanece con ocupación militar; sin soberanía ni independencia; con un millón de muertos desde el inicio de la invasión; con la casi desaparición del tejido social del país; con inseguridad, violencia y sectarismo, favorecido por la política de los ocupantes; con el 23% de la población por debajo del umbral de la pobreza.

Con la experiencia cercana de cárceles secretas -centros de tortura- controladas por estadounidenses o por los aliados iraquíes de los estadounidenses; con cinco millones de exiliados y desplazados tras la invasión (el país tenía 26 millones de habitantes).

Sin agua potable en numerosos puntos del país; con cortes diarios en el suministro eléctrico. Con una ley del petróleo pendiente de aprobarse y todas las petroleras esperando a que se dé el pistoletazo de salida para hacerse con un trozo del pastel.

No hace falta tener mucha imaginación para entender cómo se siente una población si es bombardeada, torturada, amordazada, condenada al miedo, a la pérdida de algún ser querido, a la interrupción abrupta de sus estudios, de sus trabajos, de sus vidas. Lo que es, en definitiva, una ocupación militar que el gobierno de Washington sigue sin condenar.

El nuevo amanecer nos trae nuevos eufemismos, nuevos cinismos, y la supeditación del poder político al poder financiero y económico. Pero amanece, que no es poco.

Y además amanece bien, porque es un nuevo amanecer. Demos humildes gracias a los gobernantes de las potencias mundiales por ello.



Este texto será leído este jueves 8 de abril a las 20:00 de la tarde en la concentración que tendrá lugar frente a la embajada de Estados Unidos en Madrid

Esta semana ha salido a la luz pública un vídeo que muestra cómo el ejército estadounidense dispara contra dos periodistas desarmados, mata a uno en el acto y remata al otro cuando se arrastra herido por el suelo, dispara contra varios civiles más que llegan para socorrer al herido, entre ellos dos niños a los que altos mandos estadounidenses optan por entregar a la policía iraquí en vez de trasladarlos a un hospital militar norteamericano, demorando de este modo su atención médica y negándoles atención médica de primera calidad.

Al ver este vídeo es inevitable recordar  lo ocurrido el 8 de abril de 2003, cuando el ejército estadounidense mató al cámara español José Couso. Y es probable que sea más fácil entender por qué la familia Couso y los periodistas testigos del ataque seguimos teniendo dudas razonables sobre la versión de los hechos ofrecida por el Pentágono.

Aquél día, hace ya siete años, unos doscientos periodistas europeos y estadounidenses nos alojábamos en el hotel Palestine de Bagdad, una circunstancia que conocían perfectamente los altos mandos del ejército de Estados Unidos. Esa mañana del 8 de abril de 2003 estábamos en los balcones del hotel grabando las imágenes de los carros de combate norteamericanos que se encontraban en uno de los puentes sobre el río Tigris. Filmamos durante horas. Igual que nosotros vimos y registramos sus movimientos, los ocupantes de dichos carros de combate observaron durante horas cómo decenas de periodistas con sus cámaras trabajábamos en los balcones del hotel, algunos de nosotros con chalecos en los que se podía leer PRESS, prensa en inglés. Estábamos por tanto perfectamente identificados por los militares estadounidenses.

Sin embargo, uno de los tanques pidió permiso para disparar. No había combates en la zona, pero aún así giró su cañón hacia el hotel y esperó a que sus superiores le dieran el visto bueno. La respuesta tardó en llegar diez minutos. Durante esos diez minutos no hubo ninguna batalla, ni un solo disparo. Tras ello el soldado del tanque recibió el OK y disparó. Así lo ha reconocido el propio alto mando estadounidense. No fue por tanto un disparo motivado por el nerviosismo que puede causar el fragor de una batalla. Fue un disparo estudiado y meditado durante diez minutos.

El proyectil lanzado alcanzó los pisos catorce, quince y dieciséis del hotel. En el balcón del piso catorce estaba José Couso, que resultó gravemente herido y murió dos horas después. En el balcón del piso quince estaba el periodista de Reuters Taras Prosyuk , quien murió en el acto. Del balcón piso dieciséis, por pura casualidad, acabábamos de salir hacia la habitación un cámara mexicano y yo misma, salvando así nuestra vida o evitando graves heridas.

Poco antes de este ataque el ejército estadounidense había disparado contra la sede de Al Jazeera, donde murió un periodista, y contra las oficinas de la televisión de Abu Dhabi. De este modo en el plazo de menos de tres horas el ejército estadounidense atacó las tres sedes de la prensa independiente internacional que había en Bagdad, matando a tres periodistas e hiriendo a varios más. La consecuencia, buscada o no,  fue que ningún reportero pudo filmar la ocupación de Bagdad llevada a cabo esa misma mañana por el ejército norteamericano, ya que todos estábamos tratando de ponernos a salvo y de ayudar a nuestros heridos.

En un primer momento el Pentágono justificó el ataque al Palestine asegurando que había hombres armados en el hotel. Cuando todos los periodistas que estábamos allí -europeos y estadounidenses- aseguramos que en aquél lugar no había personas armadas ni amenaza alguna para las tropas norteamericanas, el Pentágono cambió su versión y afirmó que si el tanque disparó fue porque había un hombre con unos prismáticos -un ojeador, le llamaron- que podía estar transmitiendo información sobre las posiciones del ejército estadounidense. Es decir, según la versión de Washington, la única amenaza que justifica el ataque es que había un hombre con unos prismáticos.

La posición de las tropas estadounidenses era visible desde diversos puntos del centro de la ciudad. No hacía falta un hombre con prismáticos para localizar las coordinadas del ejército norteamericano. Todos veíamos los tanques a simple vista. Todos éramos ojeadores. Por tanto, siguiendo el razonamiento del Pentágono, habría sido legítimo disparar y matar a todos los habitantes de Bagdad que estuvieran viendo las posiciones de los militares estadounidenses, algo absolutamente condenable por la ley internacional.

Hay más puntos oscuros: Hace un par de años la ex sargento Adrianne Kinne explicó en un canal de televisión norteamericano que en 2003 ella trabajaba para el servicio de inteligencia militar estadounidense. Una de sus tareas consistía en escuchar todas las conversaciones telefónicas por satélite procedentes del hotel Palestine. De ese modo esta militar escuchó día tras día las palabras que los periodistas intercambiábamos por teléfono con nuestros jefes, con nuestros amigos o con nuestros padres. Un día la sargento recibió un listado de los posibles objetivos militares estadounidenses en Bagdad. Entre ellos estaba el hotel Palestine. Acudió a su superior para recordarle que en ese hotel solo había periodistas: así lo comprobaba ella día tras día escuchando nuestras conversaciones. El superior le ordenó que se ocupara solo de sus asuntos. Días después el hotel Palestine fue bombardeado.

Para licenciarse en la carrera militar, los futuros soldados estudian las reglas de la guerra, porque incluso en las guerras hay normas, y la más importante es evitar la muerte de civiles. Sin embargo, en los últimos años se ha disparado de manera escandalosa el número de inocentes que mueren en los conflictos. Lamentablemente algunos de ellos fallecen a causa de las acciones de ejércitos que representan a Estados presuntamente adalides de la libertad, la democracia y la justicia.

Han pasado siete años y la muerte de José Couso, como la de tantos otros, sigue sin ser investigada de manera adecuada. Las relaciones políticas y comerciales de España con Estados Unidos parecen pesar más que la defensa de los derechos de un ciudadano español como José Couso. Aún así el caso no está completamente cerrado y la lucha por la justicia continúa, no solo por José Couso, sino por la libertad de información, por la protección de los periodistas, por el respeto de las leyes internacionales y por la protección de todos los civiles víctimas de ataques injustificados, civiles cuyos familiares no tienen la suerte de poder escapar de la guerra sin más ni de disponer de un altavoz como éste.

Estados Unidos y sus aliados europeos deberían demostrar que quieren un mundo más justo. Mientras sus ejércitos tengan comportamientos condenables como éstos, estarán dando argumentos a sus enemigos.

Volvamos al vídeo del que hablaba en un principio: Si casos como el ataque al hotel Palestine hubieran sido juzgados quizá lo que este vídeo muestra nunca habría ocurrido. Es probable que los militares estadounidenses se lo hubieran pensado dos veces antes de solicitar disparar contra periodistas, civiles y niños. Es probable que sus superiores hubieran preguntado antes si los objetivos eran personas armadas o civiles. Quizá hubieran intentado comprobar si esas personas suponían realmente una amenaza. La justicia sienta precedentes. Exijámosla para evitar futuros crímenes y la impunidad de los mismos. Para que las leyes internacionales sean algo más que tinta sobre papel.