El minotauro anda suelto


Cuenta la tradición que Galileo Galilei, tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo para salvar su vida, añadió una frase: Eppur si muove (y sin embargo, se mueve). En realidad es probable que el astrónomo italiano no dijera nada parecido ante el tribunal de la Santa Inquisición que le juzgaba y que decidió librarle de la muerte y de la cárcel. Pero sin duda esa frase resume la esencia de su pensamiento. Eppur si muove.

La uso como título para este primer texto porque me parece un buen modo de reivindicar la ciencia, el rigor y la exactitud en un momento en el que el relativismo posmoderno sigue pegando fuerte en nuestras sociedades y el concepto de democracia se estira y deforma hasta tal punto que se acepta la creencia de que puede haber tantas verdades como personas o tantas verdades como opiniones.

Estas visiones relativistas han calado hondo en el periodismo, un oficio en el que a menudo se aplica la equidistancia para describir el mundo en el que vivimos. De ese modo se llega a situar al mismo nivel a opresores y oprimidos, agresores y agredidos, ocupadores de tierras y ocupados; se presenta un conflicto como el enfrentamiento entre dos bandos cargados cada uno de sus propias verdades.

La verdad no tiene por qué ser absoluta, pero lo cierto es que tampoco está en todas partes, ni es ella y su contrario. Imaginemos una encuesta en la que un porcentaje elevado de la población admitiera pensar que la Tierra no se mueve. ¿Se convertiría esa creencia en realidad?

Podemos discutir durante años o siglos sobre los movimientos de la Tierra, pero lo cierto es que se mueve. De la misma manera la libertad, el Estado de derecho, la justicia, la razón, son valores indiscutiblemente necesarios para nuestras sociedades. Sin ellos se da rienda suelta al todo vale y a la banalización de la verdad. Sin ellos sería coherente absolver a un asesino, puesto que consideraríamos que sus acciones son tan válidas como las de un inocente o las de una víctima. O podríamos aceptar que la Tierra, inmóvil, es el centro del universo, tal y como defendía en el siglo II el astrónomo Ptolomeo, de quien algunos en nuestra época actual no están tan alejados… Al fin y al cabo aquellas personas o entidades que hoy en día acumulan la mayor parte del dinero y el poder creen ser el centro del universo, la medida de todas las cosas, acaparan la mayor parte de los espacios informativos e imponen las normas que más les benefician.

Esta sección nace con la intención de abordar la actualidad desde un enfoque no tolemaico. La llamada periferia -la del Primer Mundo y la de los otros mundos- estará situada en el centro. A fin de cuentas esa periferia conforma lo mayoritario en este planeta. Lo extraño, lo diferente, es esta burbuja de bienestar y riqueza en la que vive una minoría.