El minotauro anda suelto

  • Lilian Wagdy (@lilianwagdy), 29 años, periodista egipcia.
  • Colabora en varios medios alternativos, como globalvoices.org.
  • Documenta la realidad política y social de su país a través de Internet.
  • Asistirá a la manifestación de este viernes 8 contra el Consejo militar Supremo.

Lilian Wagdy. El Cairo, junio 2011. (Olga Rodríguez)

Debido a su clara oposición a Mubarak, el siete de febrero de este año -4 días antes de la caída del dictador- Lilian fue despedida de la televisión en la que trabajaba.

“No me importó que me despidieran. Confieso que desde entonces no he buscado otro trabajo. No creo que mi vida vuelva a la normalidad mientras sepa que todavía hay mucho por hacer en la revolución”, afirma en conversación con Periodismo Humano en una cafetería céntrica de El Cairo.

Y añade:

“Lo que está pasando es irrepetible. Todos los días hay cambios, novedades, avances, abusos y retrocesos. Un impulso dentro de mí me obliga a seguirlos, a cubrirlos, a participar en ellos.

“No pienso detenidamente en lo que debo hacer o no. Me dejo llevar. Es algo superior a un razonamiento consciente. Es el intento por un cambio verdadero”.

Periodismo Humano:¿Cuáles son los principales obstáculos en esta etapa de transición en Egipto?

Lilian Wagdy: Son innumerables. Cada vez más gente se está desilusionando con el Ejército y el Consejo militar Supremo que tiene el mando de forma interina. La razón es que no se percibe un cambio real desde la caída de Mubarak. Activistas y blogueros son detenidos y juzgados por manifestarse o por criticar al Ejército.

Por eso la gente se va a manifestar de nuevo este 8 de julio. Miles de civiles han sido juzgado en tribunales militares mientras Mubarak está en Sharm el Sheikh en un resort de cinco estrellas.

Arrestado, sí, pero con todo tipo de facilidades y lujos para él.

Es más, la gente se da cuenta de que los militares son cómplices de la situación actual porque hacen la vista gorda ante los abusos que el Ministerio del Interior comete contra ciudadanos inocentes.

PH: También hay voces que alertan del aumento de poder de los fundamentalistas religiosos.

LW: Sí, es algo que a todos nos preocupa. Los salafistas están hablando alto, pero todo el mundo habla alto después de tantos años de censura. Ahora todo es confuso. Cuando todo se tranquilice empezaremos a ver la dimensión real del nuevo Egipto.

Lilian Wagdy denuncia ante una tv local los abusos por parte del Ejército, tras la citación judicial de la periodista Rasha Azab. Junio 2011 (Foto: Hossam El Hamalawy)

PH: Este viernes se va a celebrar una manifestación que muchos esperan sea multitudinaria. En ella se pedirá, entre otras cosas, la dimisión del general Tantawi, que preside el Consejo militar Supremo que preside de manera transitoria el país.

La situación es insostenible, los ciudadanos se están hartando. El Consejo Militar tiene que dejar el mando. Que vuelvan a lo suyo. Porque no entienden de política, la conciben de manera equivocada.

Necesitamos expertos políticos, gente que pueda liderar y no creo que los militares puedan hacerlo. Necesitamos un sistema diferente, y los militares no pueden llevarnos a ese sistema.

Los militares no están acostumbrados a ser flexibles, a que el pueblo les diga lo que tienen que hacer, no saben escuchar.

Creen que son la línea roja, pero deberían asumir que si cometen un error, nosotros tenemos derecho a exigir que se vayan. Sin embargo lo que hacen es pedir a los medios de comunicación que los encubran.

No diría que estén orquestando la contrarrevolución. Sin embargo, lo que hacen sirve y contribuye a esa contrarrevolución.

Foto tomada por Lilian el pasado viernes en Alejandría, donde iba a comenzar el juicio por el asesinato de Khaled Said, finalmente pospuesto hasta septiembre

PH: Si nada cambia, las elecciones parlamentarias se celebrarán en septiembre. Hay voces que piden el aplazamiento de la convocatoria. ¿Lo crees necesario?

Sí, desde la caída de Mubarak hasta las elecciones solo hay cinco meses. Es poco tiempo para que los partidos políticos nuevos puedan tener músculo.La clave es que la gente esté informada de verdad, para que pueda tomar su propia decisión.

No  interesa excluir a nadie del proceso político, ni a los Hermanos Musulmanes ni a nadie, porque eso se volvería en nuestra contra. Lo importante es educar e informar. Pero para ello se necesita tiempo. Y no lo tenemos.

PH: Arrestos arbitrarios, ataques a manifestantes, prohibición de huelgas y protestas… Ante estos retrocesos, ¿hay cabida para el optimismo en Egipto?

Yo soy muy optimista. No solo porque activistas y periodistas ciudadanos seguimos luchando para mostrar la verdad, sino porque miles de ciudadanos de a pie siguen luchando por sus derechos y siguen tomando las calles a pesar de todo.

Estamos en una etapa un poco marchita, pero la revolución no ha muerto. Estoy segura de que mejorará cuando más gente se dé cuenta de que el Consejo militar y el gobierno de transición no tienen entre sus objetivos los intereses de la revolución.

De izquierda a derecha: Hossam El Hamalawy (entrevistado en estas páginas), Mohannad, Lilian Wagdy, Gigi Ibrahim (entrevistada aquí también) y Sarahsworld. Activistas egipcios (Foto de Lilian Wagdy)

PH: ¿Por qué te defines como periodista ciudadana y no como activista?

Yo en realidad soy periodista, es lo que estudié y es en lo que trabajaba hasta que estalló la revolución. Ahora soy periodista ciudadana. No pienso demasiado en la política o el activismo como vías de cambio.

Creo que el cambio real viene de la comunicación. La comunicación y el arte pueden cambiar realmente las mentes.

De hecho ahora estoy estudiando cine. Esa es mi idea del cambio real, la que está fuera del escenario político y de la agenda activista. Me encantan los directores Tarkovski y Angelopoulus.

PH: Sin embargo tienes una clara postura política, has sido opositora al régimen.

Lo que ocurre es que la oposición política, la mayoría de los movimientos políticos en Egipto, no son lo suficientemente fiables y fuertes para mí. No me motivan.

PH: Pero tu actitud no es pasiva, has denunciado abusos e incluso has colaborado convocando protestas.

Es cierto. Recuerdo que el primer día de las revueltas, el 25 de enero, tenía una cita con amigos. Pero salí de trabajar a las dos de la tarde, como una sonámbula me dirigí a Tahrir, olvidé mi cita, olvidé todo, saqué mi cámara de fotos y empecé a fotografiar.

Había gas lacrimógeno, me lloraban los ojos, me ahogaba, pero solo pensaba en documentarlo todo y en vivirlo, en no perderme aquello.

Incluso ahora no he tomado aún una decisión consciente, no he dicho: “vale, voy a formar parte de esto”. Simplemente me he dejado llevar.

Recuerdo también por ejemplo la toma de las sedes de la policía secreta en marzo.

Yo misma pedí a través de la Red que todo el mundo enviara las direcciones de las oficinas de la policía secreta, y de ese modo logramos elaborar en tiempo récord un mapa de las sedes, con el propósito de tomarlas y evitar así la destrucción de documentos valiosos para futuros juicios a criminales, torturadores y abusadores.

Como yo, cualquier persona puede ser útil, competente, eficaz.

A través de Internet puedes participar en la revolución sin necesidad de militar en un grupo político determinado.

E insisto, eso es periodismo ciudadano. Simplemente escribes sobre lo que ves. No hay mayor denuncia que el relato de la realidad.

Date cuenta de que llevamos décadas de censura y desinformación en mi país.

El periodismo ciudadano puede no ser perfecto, pero rasga la censura en un país en el que aún buena parte de los medios están entregados a las fuerzas cercanas al régimen.

PH: Pero el papel de Internet en Egipto es limitado.

Es cierto. Por ejemplo, ante el referendum que se convocó en marzo para cambiar algunos artículos de la Constitución, yo diría que el 90% de los usuarios de Internet éramos partidarios de votar no.

Y sin embargo ganó el sí por abrumadora mayoría.

Tras aquello, los activistas se dieron cuenta de que había que llegar a las áreas remotas, al campo, para informar a la gente, para convencer a través de charlas.

Los Hermanos Musulmanes sí tienen gran influencia fuera de las grandes ciudades, en el campo, donde apenas se usa Internet.

Y no es sólo por una razón relacionada con la religión, las causas principales de su popularidad son otras.

Los Hermanos Musulmanes invierten económicamente en las zonas rurales, tienen sus propios centros médicos y comunitarios, ofrecen servicios, la gente confía en ellos.

Por eso, lamentablemente para nosotros, ganó el sí en el referéndum: porque ellos pidieron el sí.

Hay mucha gente que dice que dejemos de hablar entre nosotros en twitter y facebook, gente que propone que salgamos y seamos parte de la calle, que actuemos en el terreno.

Y de hecho muchos lo hacen, trabajando en proyectos, en comisiones sociales, de economía, artísticas, buscando la participación de todos los ciudadanos, para que todos tomen conciencia política.

PH: Antes del inicio de las revueltas había habido ya cientos de convocatorias de manifestaciones que sin embargo no fueron masivas ¿Por qué crees que la del 25 de enero funcionó?

El 25 de enero es algo que no entiendo bien aún. Quizá ningún egipcio lo entienda. Pero lo cierto es que este país está cambiando tras 30 años de opresión.

No queremos solo un cambio cosmético, buscamos un cambio real desde abajo para crear un Egipto nuevo.

Solo pienso en que podremos conseguir nuestros propósitos. Es algo muy confuso, hay cambios, hay retrocesos, de nuevo avances… Creo que habrá muchos egipcios traumatizados mucho tiempo porque no hay tiempo para asimilar y analizar todo.

PH: Dices que estás al margen de la política pero hablas en primera persona del plural. ¿Quiénes sois vosotros?

Nosotros, los egipcios. El pueblo. Estoy al margen de la política pero apoyo las actividades de la revolución, de hecho mi madre participa en esas actividades y yo intento estar involucrada en todo lo que ocurre.

Mi madre es cristiana y mi padre musulmán. Ella está retirada profesionalmente ya, así que tiene tiempo para tomar partido.

De todas formas los dos siempre han sido activos políticamente, mi padre especialmente. 

Mujeres y hombres en la hora del rezo. Mayo 2011 (Lilian Wagdy)

PH: Se han registrado varios episodios de violencia contra las mujeres. Tú luchas por ser una mujer libre, ¿cómo lo vives, con qué dificultades te encuentras?

Ante todo soy de nacionalidad egipcia, como el resto de mis compatriotas, sin distinción de género. No veo el mundo en términos de género, no quiero que la gente piense “oh, es una mujer, está en la calle sola, cubriendo un enfrentamiento, asume riesgos”.

En las revueltas, en las manifestaciones, éramos muchos. Sarah estaba allí, Hossam estaba allí, Mohamed estaba allí,  mujeres y hombres, todos egipcios, todos iguales.

Yo creo que lo que hago me define, no mi género. Podría estar diciendo lo mismo si fuera un hombre. Lo que hago me define.

PH: Pero hay discriminación contra las mujeres…

Sí, yo lo he denunciado, he participado en las campañas contra el acoso sexual, por ejemplo. Pero ni quiero ni necesito sentirme protegida por nadie, siempre he rechazado esa idea.

No quiero definir mi identidad a través del género. No quiero vivir condicionada por la discriminación. No me gusta la idea de que las mujeres son sumisas.

Es cierto que algunas mujeres que sufren abusos se callan, no denuncian porque no pueden hablar libremente. Pero también es cierto que muchas se levantan contra la desigualdad y los abusos, que no se callan, que no aceptan el papel de víctimas.

[Para ver otras voces egipcias: "Así hicimos la revolución" (Gigi Ibrahim), "Los abusos sexuales que todos llaman tests de virginidad", "La cara oculta del nuevo Egipto", Egipto envía su apoyo al 15m,"Las estructuras del régimen permanecen casi intactas" (Hossam El-Hamalawy)]


Mensajes de egipcios leídos en redes sociales en Internet:

-Votaré NO porque quiero una Constitución que promueva la igualdad

-Los cambios propuestos para cambiar la Constitución son demasiado pequeños, llegan demasiado pronto

-Deseando votar en el referéndum del sábado

-He convencido a mucha gente para que voten NO pero no consigo convencer a mi padre

-Cuando el Che dijo “hasta la victoria siempre”, realmente quería decir “hasta la victoria completa siempre”. Vota NO este sábado

Protestas en la plaza de Tahrir de El Cairo, febrero 2011 (AP)

Egipto vota este sábado en un referéndum clave para su transición política. Se trata de decir sí o no a una reforma constitucional que ha sido elaborada por una comisión de expertos elegidos por la propia Junta militar que gobierna de forma transitoria el país.

Esa reforma introduce once modificaciones en nueve artículos de la actual Carta Magna, a través de las cuales se facilita el acceso a la candidatura presidencial -hasta ahora muy limitado- y se impone un máximo de dos mandatos de cuatro años cada uno al futuro jefe de Estado.

Otros cambios establecen la supervisión de las próximas elecciones por jueces, para evitar manipulaciones y falsificaciones habituales durante el régimen de Mubarak.

Suena bien, pero tiene trampa. Buena parte de las agrupaciones políticas y de los movimientos sociales que apoyaron la revolución se han mostrado contrarios a esta reforma constitucional.

La consideran insuficiente; entre otras cosas, denuncian que con ella el futuro presidente podrá elegir prácticamente a dedo a los miembros de la comisión a cargo de elaborar la futura Constitución.

Los movimientos revolucionarios piden el NO

Campaña por el NO

La Coalición Revolución 25 de enero, el movimiento Kefaya y la agrupación 6 de abril, impulsores todo ellos de las protestas que provocaron el derrocamiento de Mubarak, han hecho campaña por el no porque considera que este referéndum “es un intento de abortar la revolución”.

Apuestan por que se redacte una Constitución complemente nueva basada en la democracia, la libertad y la justicia social y en la que se refleje el contexto social, cultural y político generado por el proceso revolucionario que está teniendo lugar en Egipto.

Para ello proponen que sea una asamblea fundacional la que se encargue de elegir las bases de esa Carta Magna y, tras ello, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales.

No son los únicos. El ex director de la OIEA Mohamed El Baradei -y futuro candidato presidencial según él mismo ha anunciado- ha dicho que este referéndum es un insulto a la revolución egipcia y “que desembocará en un parlamento defectuoso”.

También lo rechazan los partidos de izquierdas Tagammu, el Frente Democrático y el partido nasserista, así como el liberal centrista Ghad  y los nacionalistas liberales del Wafd.

Incluso el secretario general de la Liga Árabe Amr Musa, nada sospechoso de ser un revolucionario, ha denunciado que “conservar la antigua Constitución daría al futuro presidente amplios poderes, a lo que el pueblo se opone en su búsqueda de democracia y libertad”.

Los cambios propuestos no suprimen el artículo que presenta el Islam como principal fuente de legislación

Algunas de las agrupaciones que optan por el NO también critican el artículo dos de la Constitución y exigen que sea suprimido de inmediato.

Este artículo indica que el Islam es la religión del Estado egipcio y que la jurisprudencia islámica es la principal fuente de legislación.

Celebración en la plaza de Tahrir, El Cairo (AP)

QUIÉNES APOYAN EL SÍ

Apoyan este “parcheo” provisional de la Constitución el partido de Mubarak -Partido Nacional Democrático- los Hermanos Musulmanes y el partido Wasat, una escisión de la hermandad musulmana.

Algunas agrupaciones que han participado en el proceso revolucionario consideran que este referéndum impulsa un proceso demasiado rápido hacia unas elecciones en las que los Hermanos Musulmanes podrían acaparar apoyos con más facilidad que otros partidos de reciente creación.

La Hermandad Musulmana, prohibida durante el régimen pero aún así estructurada y organizada, lleva ya años actuando como formación política a pesar de que sus candidatos, para no ser apartados del proceso electoral, tenían que presentarse como independientes.

Pintada en homenaje al 25 de enero, fecha de inicio de la revolución (AP)

¿Y SI GANA EL NO?

Si ganara el no, la Junta militar emitiría un decreto constitucional temporal hasta la celebración de las elecciones parlamentarias y presidenciales, que en vez de celebrarse en septiembre, se pospondrían hasta diciembre y principios de 2012.

Buena parte de las fuerzas de oposición a Mubarak apuestan por un gobierno de transición civil y no militar. Es decir, por el traspaso del poder de los militares a un consejo presidencial formado por tecnócratas y juristas, aunque algunos no descartan que pudieran permanecer en él algunos militares.

Lo que está en juego en este referéndum es parte de la esencia de la futura democracia del país.

Quienes participan del proceso revolucionario egipcio son conscientes de que si posponen demandas, puede que nunca llegue el momento de exigirlas; de que reformas que ahora se presentan como provisionales o transitorias podrían terminar siendo definitivas.

No están dispuestos a aceptar un simple cambio cosmético.

Quieren una transición que no dé la espalda al pasado, que juzgue a los torturadores, represores y corruptos, que despeje el camino a un futuro sin corrupción ni represión, con derechos laborales y salarios dignos para los trabajadores, y con un gobierno independiente de las políticas de Israel y de Estados Unidos.

Por todo ello siguen sucediéndose las manifestaciones, las protestas y las huelgas en todo el país. Y por eso son tantas las formaciones que piden el NO para el referéndum de este 19 de marzo.

Puede que la apuesta por la revolución les salga bien o mal, pero de lo que están convencidos es de que tienen que defenderla.


Trabajadores de empresas estatales de gas y petróleo, en huelga. 13 febrero 2011. (Hossam El-Hamalawy)

Desde la caída de Mubarak el pasado viernes hasta hoy miles de empleados públicos -transportistas, empleados de compañías petroleras, de fábricas textiles y de armas, médicos, abogados, periodistas, artistas, profesores universitarios, ferroviarios, incluso policías- están secundando huelgas y protestas en diversos puntos de Egipto.

Piden mejoras laborales, una vida y salarios dignos y atacan la corrupción existente tanto en la dirección de las empresas como en los sindicatos oficiales.

El movimiento 25 de enero, impulsor de la revolución, integrado por grupos que llevan años organizando protestas prohibidas y al mismo tiempo por ciudadanos que por primera vez participaban de forma activa contra el régimen, ha redactado una serie de demandas para el consejo militar que ostenta el poder:

1.- La salida del poder de todos los elementos del régimen y sus símbolos

2.-La creación de una Asamblea Popular y de consejos locales

3.-La formación de un gobierno civil de transición hasta la celebración de elecciones, la creación de un comité  para el desarrollo de una Constitución que garantice las libertades políticas y sindicatos independientes en base a los principios de justicia social y desarrollo económico

4.- La cancelación de la Ley de Emergencia y del resto de leyes que restringen las libertades;

5.-La aprobación de partidos políticos y asociaciones sin restricciones

6.-El fin del estado policial y la puesta en libertad inmediata de todos los prisioneros políticos.

De momento los militares solo se han comprometido a cumplir una de estas peticiones: la creación de un comité para determinar en los próximos días las reformas constitucionales.

EL PRÓLOGO DE LA REVOLUCIÓN

La revolución egipcia no ha surgido por generación espontánea.

La reacción a la II Intifada primero y el no a la guerra contra Irak después marcaron un punto de partida y sirvieron para crear una red social movilizada en Egipto que se consolidó con la creación en 2004 del movimiento Kefaya y el inicio de las protestas y huelgas organizadas por los obreros del sector estatal.

Protesta de los trabajadores de Mahalla, 2008.

El epicentro de las movilizaciones fue la fábrica textil Misr Hilados y Tejidos de Mahalla, con 27.000 empleados. Allí los trabajadores -hombres y mujeres- protagonizaron importantes huelgas desde el año 2006. Muchos fueron arrestados y sufrieron torturas, pero no por ello abandonaron su lucha.

En 2008 el precio del pan en Egipto aumentó un 50%, a causa, entre razones, de la especulación financiera mundial. La gente tenía hambre, literalmente.

Mujeres protestando en Mahalla contra la subida del precio del pan. 2008

Estuve en aquella época trabajando en El Cairo: en cada calle, en cada barrio, se formaban largas colas de personas desesperadas por obtener una ración de pan subvencionado.

Las aglomeraciones y disputas provocaron 15 muertos en tan solo dos semanas y fueron titulares en la prensa internacional.

En medio de aquél clima de necesidad y tensión los obreros de algunas fábricas estatales y diversos movimientos sociales decidieron redoblar sus protestas.

Se registraron manifestaciones espontáneas en diversos puntos del país y se convocó una nueva huelga general para el 6 de abril, la fecha que iba a dar nombre al movimiento 6 de abril, fundado por líderes de Kefaya e impulsor de las protestas actuales.

Mahalla fue de nuevo protagonista aquél 6 de abril de 2008. La huelga tuvo un importante seguimiento. Cientos de activistas fueron encarcelados y algunos sufrieron torturas, como el periodista Kareem El-Beherey.

Kareem El-Beherey

La repercusión de la huelga fue tal, que la embajada estadounidense en Egipto redactó un informe -publicado hace unos días por wikileaks- titulado: “Revueltas en Mahalla, ¿incidente aislado o punta del iceberg?”

PUNTA DEL ICEBERG

En ese informe se lee:

Lo ocurrido en Mahalla es significativo (…) Ha irrumpido una nueva fuerza orgánica de oposición que desafía etiquetas políticas y aparentemente no está relacionada con los Hermanos Musulmanes. Esto puede forzar al Gobierno a cambiar su guión.”

Más adelante señala:

Otro resultado de Mahalla es que Mubarak podrá resistirse con más fuerza a las reformas económicas y políticas. (…) Estamos oyendo que el aumento de los precios ha fortalecido las posiciones del gabinete de ministros, que se resiste a privatizar y a realizar otros esfuerzos dirigidos a la liberalización económica.”

A tenor de estas palabras, se deduce que Washington conocía el mensaje de los trabajadores egipcios.

Aunque en público esgrimía la amenaza del islamismo para justificar su realpolitik, en privado era consciente de que el orden establecido que tanto defendía podía verse amenazado por los pobres, las víctimas de políticas capitalistas voraces y los jóvenes hartos de la injerencia extranjera y la corrupción.

El cable muestra cómo existía en la diplomacia estadounidense preocupación ante la posibilidad de que las protestas pusieran freno al modelo neoliberal que Washington -junto con el FMI y el Banco mundial- fomentaba en Egipto.

Mahalla fue la punta del iceberg. Lo que allí comenzó se extendió a otros sectores.

Estudiantes, médicos, abogados y obreros de otras fábricas protagonizaron manifestaciones y huelgas en contra de la corrupción, la impunidad policial, las privatizaciones de industrias estatales, las políticas económicas neoliberales de Mubarak y la complicidad de El Cairo con Tel Aviv.

Mujeres egipcias en la plaza Tahrir, febrero 2011. (AP/Emilio Morenatti)

Y así llegamos a la revolución actual.

Estados Unidos aporta anualmente 1.500 millones de dólares de ayuda a las Fuerzas Armadas egipcias.

Mientras este apoyo continúe, ¿estarán dispuestos los militares egipcios a dar la espalda al modelo económico ultracapitalista exigido por los organismos internacionales?

¿Se verán satisfechas las demandas de quienes han protagonizado la revolución egipcia? Son preguntas que muchos activistas se formulan a puerta cerrada estos días.

El consejo supremo militar está pidiendo a los egipcios que regresen a sus trabajos para “volver a la estabilidad” e impedir pérdidas económicas mayores.

Esta petición contrasta con la postura del Movimiento 25 de enero, que ha presentado sus demandas bajo el título: “La revolución continúa hasta que alcancemos nuestros objetivos”. Ya hay convocadas nuevas protestas para este viernes.

Puede que para algunos la revolución haya terminado, pero no ha hecho más que empezar para los trabajadores que llevan años reivindicando sueldos dignos y derechos laborales en un país en el que el 40% de la población vive con menos de un euro al día.