El minotauro anda suelto

Una joven de 18 años, nueva víctima de la violencia policial, tras participar en una protesta en memoria de Khaled Said

Human Rights Watch denuncia represión, arrestos arbitrarios y 5.600 juicios militares a civiles desde febrero

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El grito de “Todos somos Khaled Said” ha vuelto a resonar esta semana en El Cairo y Alejandría, durante las manifestaciones celebradas con motivo del primer aniversario del asesinato del joven a manos de las fuerzas de seguridad egipcias, un hecho que incrementó la indignación entre la población y aceleró el proceso hacia las revueltas.

La protesta en la capital tuvo lugar frente al ministerio del Interior, donde se concentraron miles de personas, entre ellas conocidos activistas de lo que se ha llamado la revolución egipcia.

“La dignidad del pueblo egipcio es nuestra línea roja”, corearon.

El artista y grafitero Hossam Shukralleh llevó una plantilla de papel recortado con los rasgos de Khaled Said que sirvió para dejar el rostro de la víctima impreso en las paredes del ministerio, ante los aplausos emocionados de los asistentes. (Ver vídeo)

UN NUEVO CASO DE REPRESIÓN

Una de las participantes en la protesta fue la joven Salma Al-Sawy, integrante del Movimiento 6 de abril, clave en el levantamiento popular del pasado enero, y ex integrante de los Hermanos Musulmanes.

Salma Al Sawy abandonó la manifestación al atardecer y emprendió rumbo a su casa.

Según ha denunciado, en el camino fue interceptada por un policía, que le vendó los ojos y la trasladó a un lugar donde fue interrogada.

Salma Al-Sawy

El policía le preguntó por varios activistas del movimiento 6 de abril, entre ellos, Asmaa Mahfouz, una joven que en enero colgó un vídeo en youtube en el que ella misma llamaba a participar en la protesta convocada para el 25 de enero, fecha del inicio de las revueltas.

“El policía me preguntó si Asmaa estaba en el extranjero recabando ayuda económica para financiar movimientos y partidos, para tumbar el Consejo militar que gobierna”, ha explicado Al-Sawy.

“Cuando negué semejante acusación, él me golpeó con un palo en mis manos, en las piernas, y después en la cabeza. Perdí el conocimiento”.

Salma permaneció 6 horas bajo arresto. Finalmente, un policía le dijo que la iba a poner en libertad porque no soportaba escuchar sus sollozos.

Al salir a la calle, comprobó que estaba en una de las sedes de las Fuerzas de Seguridad Nacionales.

Dos días después, la joven se reunió con el primer ministro Esaam Sharaf para denunciar lo sucedido. Sharaf se comprometió a trasladar su queja al ministro del Interior, pero éste ya se ha apresurado a negar las acusaciones.

“Las nuevas fuerzas de seguridad sirven al país sin interferir en las vidas de los ciudadanos y sin violar su derecho a la participación política”, ha indicado.

“Estas afirmaciones [del ministro] no son ciertas; el aparato de la seguridad estatal ha regresado con fuerza”, ha contestado Salma Al-Sawy, que ha recibido el apoyo de numerosos activistas.

El caso de Salma no es un hecho aislado.

En las últimas semanas se han registrado varios casos de detenciones e interrogatorios por parte de la policía militar a conocidos blogueros, artistas,grafiteros y activistas.

Jóvenes manifestantes protestan contra represión, arrestos y juicios militares. Tahrir, El Cairo,3 de junio 2011 (Olga Rodríguez)

DENUNCIA DE HUMAN RIGHTS WATCH

A pesar de que personalidades egipcias, como el prestigioso escritor Alaa Aswany, han depositado públicamente su confianza en el Consejo militar interino, lo cierto es que desde la caída de Mubarak hasta ahora se han registrado numerosos casos de abusos y represión por parte del Ejército.

Esta semana llegaba una nueva denuncia de la mano de la organización internacional Human Rights Watch (HRW).

Según datos de HRW, al menos 5.600 civiles han sido condenados en tribunales militares desde la caída del ex presidente Hosni Mubarak el pasado 11 de febrero.

Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW, ha indicado que no está claro el nivel de compromiso del ejecutivo egipcio para investigar y arrestar a todos los miembros de las fuerzas de seguridad implicados en torturas y abusos.

“Para cambiar realmente una institución es necesario ir a por los supervisores que ordenaban las torturas, no solo a por los torturadores; si no, la tortura asomará de nuevo su fea cabeza e infectará la nueva agencia”, ha indicado.

Roth entrevistó a un oficial del Consejo militar egipcio sobre los “tests de virginidad” efectuados a mujeres que se manifestaban en Tahrir el pasado 9 de marzo. Dicho oficial defendió ante Roth la práctica de esos tests (realizados en contra de la voluntad de las mujeres, por lo que sería más adecuado llamarlos abusos sexuales).

HRW ha denunciado estas prácticas que ha calificado de degradantes y humillantes.

También ha pedido al gobierno transitorio egipcio que ponga en libertad a los manifestantes arrestados y que derogue la ley de emergencia, en vigor desde 1981.

Manifestantes granjeros detenidos por la policía. el Cairo, 8 de junio (Nora Shalaby)

PROHIBEN HUELGAS Y PROTESTAS

Diversas agrupaciones impulsoras de las revueltas egipcias han denunciado un parón en el avance hacia la democracia, registrado a partir del 9 de abril, fecha en la que las Fuerzas Armadas desalojaron con violencia a unas 3.000 personas acampadas en Tahrir, entre las que había una veintena de militares que se habían unido a las protestas.

Tal y como esta periodista pudo presenciar aquella madrugada del 9 de abril en El Cairo, el Ejército disparó durante dos horas y media de manera ininterrumpida.

Las cifras oficiales admitieron la muerte de dos manifestantes. Otros 71 resultaron heridos y decenas más fueron detenidos, entre ellos los militares que habían participado en las protestas.

“Tuvieron miedo de que la presencia de militares se interpretara como una escisión en las Fuerzas Armadas y no dudaron en atacar con brutalidad. Esa fecha marca un antes y un después. Ahora las cosas se han estancado”, protestaba esta semana un portavoz del Comité de Jóvenes por la Revolución.

A pesar de las recomendaciones de HRW, la ley de emergencia sigue vigente. Y no solo eso.

Esta semana el gobierno interino ha confirmado la entrada en vigor de otra ley que prohíbe huelgas y manifestaciones “que entorpezcan la productividad”.

En los últimos días han sido disueltas varias protestas de estudiantes, trabajadores del sector automovilístico, granjeros, o empleados de la compañía Petrojet.

Varios manifestantes han sido arrestados, un hecho denunciado por diversos grupos en defensa de los derechos humanos.

También se ha aprobado una ley que eleva hasta 5.000 el número de integrantes necesarios para formar un partido político, algo que obstaculiza el trabajo de las agrupaciones de izquierdas, hasta ahora siempre en la clandestinidad.

Por ello son muchas las voces públicas que denuncian la existencia de una contrarrevolución, con represión intermitente en la calle y un escenario político complicado para las nuevas agrupaciones, protagonistas en la organización de las revueltas.


 

Uday Al Zaidi habla con los medios durante el juicio a su hermano Montazer, febrero 2009 (AP)

Uday Al Zaidi, de 32 años, es el hermano de Montazer al Zaidi, el periodista que arrojó un zapato a Bush y fue encarcelado por ello.

Pero Uday Al Zaidi es también presidente del Frente Popular para la Liberación de Irak y uno de los organizadores de las protestas contra la ocupación que tienen lugar desde hace varios meses en 16 de las 18 provincias iraquíes.

Periodismo Humano ha charlado con él en Madrid, a donde ha acudido invitado por la Campaña estatal contra la ocupación y por la soberanía de Irak.

Nada más recibirnos nos muestra decenas de fotografías de víctimas de la ocupación militar y de la guerra.

“Mira, matanzas de niños, violaciones de mujeres y hombres, cárceles secretas, humillaciones diarias, familias asesinadas por bombas estadounidenses. Una imagen vale más que mil palabras. Estas fotos muestran qué nos ha traído la ocupación”.

Se detiene para coger aire mientras su dedo sigue pulsando el ratón en busca de más fotografías.

“Desde 2003 hay un millón de muertos y cuatro millones de huérfanos. Y la gran paradoja es que Irak es un país rico, pero su pueblo, nosotros, tenemos que rebuscar en la basura para sobrevivir”.

La esposa y los tres hijos de Uday Al Zaidi viven desde hace dos años en Siria. Su hermano Montazer se encuentra en Líbano, a donde huyó tras ser puesto en libertad.

A mi hermano le han prohibido la entrada a Irak. Le han tachado con una cruz, a él y a todos nosotros. Yo trabajaba como funcionario en el Ministerio de Cultura, pero me despidieron cuando Montazer lanzó el zapato a Bush.

“A partir de ahí toda mi familia empezó a sufrir un acoso insoportable, registraban nuestra casa, nos vigilaban. Así que decidí enviar a mi familia a Siria, por cuestiones de seguridad. Nos vemos una vez al mes. Yo no quiero abandonar la lucha por la independencia de mi país”.

 

Protestas en la plaza Tahrir de Bagdad, 25 de febrero, durante el "Día de la Ira". (Karim Kadim/AP)

PH: ¿Cuándo y por qué comenzaron a organizarse manifestaciones en Irak?

UZ: Llevábamos manifestándonos un tiempo, pero las protestas tomaron fuerza tras el estallido de las revueltas en Túnez y Egipto. Si ellos son capaces de derrocar dictaduras de más de treinta años, nosotros podemos echar a los ocupantes.

Así que convocamos una manifestación el 25 de febrero y nos encontramos con una gran acogida en ciudades como Mosul, Basora, Bagdad o Diwaniya. Participaron suníes, chiíes, kurdos, turcomanos. No son protestas sectarias.

El sectarismo no existe en la población, sino en las mentes de los políticos iraquíes.

Yo, por ejemplo, soy chií, y me manifiesto junto con muchos suníes contra un gobierno dominado por chiíes.

PH ¿Cree posible mantener como hasta ahora la celebración manifestaciones todas las semanas en varias ciudades iraquíes?

Por supuesto, y no solo eso. Es posible que estas manifestaciones aumenten en número de participantes y que se propague un movimiento de desobediencia civil iniciado ya en Mosul, con coordinación y apoyo de colegios de profesionales de médicos, abogados e ingenieros.

PH ¿Se han dado algún plazo?

Sí. El 25 de febrero el primer ministro Al Maliki dijo que se daba un plazo de cien días para cumplir sus promesas y acabar con la corrupción. Ese plazo termina el 5 de junio.

Será el 5 de junio cuando, si nada cambia, daremos un impulso a las protestas y al llamamiento a la desobediencia civil.

PH ¿Cuál es la respuesta del gobierno y las Fuerzas Armadas ante estas protestas?

En algunas ciudades dispersan a los manifestantes con gases lacrimógenos, porras e incluso disparando balas de verdad que han causado al menos 50 muertos y centenares de heridos. Yo mismo fui agredido y arrestado el 25 de febrero.

Estuve cinco días en la cárcel, donde recibí descargas eléctricas, me rompieron la clavícula, me dislocaron una muñeca y me rompieron la pierna izquierda [Uday muestra su pierna, aún escayolada]

Las Fuerzas Armadas estadounidenses están prestando apoyo al Ejército iraquí en esta represión contra los manifestantes pacíficos. De hecho es frecuente que las protestas sean vigiladas por helicópteros estadounidenses que vuelan a baja altura, y desde los que han llegado a arrojarnos basura.

 

Manifestantes tratan de derribar el muro que separa Bagdad de la Zona Verde. Bagdad, 25 de febrero (Hadi Mizban/AP)

PH: ¿Todas sus demandas se centran en el fin de la ocupación militar?

No, aunque mientras haya ocupación es imposible que el resto de nuestras demandas se cumplan.

Reivindicamos que se acabe con el sistema de cuotas comunitarias y sectarias establecido tras la ocupación.

Ese sistema supone, entre otras cosas, que el primer ministro tiene que ser chií, el presidente del Parlamento suní y el presidente del país kurdo.

También exigimos la puesta en libertad de los detenidos inocentes, que son decenas de miles, hombres y mujeres que desconocen de qué se les acusa. Pero nuestra prioridad es vivir con dignidad, con libertad, con independencia. Solo entonces podremos pedir otras cosas, como trabajo, electricidad, el fin de la corrupción, mejoras en el nivel de vida.

 

Uday Al-Zaidi, en Madrid. Mayo 2011 (Olga R.)

PH: ¿Cuentan con algún tipo de apoyo exterior?

No, nuestro único apoyo es el de los miles de manifestantes. Hasta ahora hemos rechazado apoyo de países e incluso de partidos políticos, para que no se nos acuse de que trabajamos al servicio de ellos. Solo trabajamos al servicio del pueblo.

PH: ¿Mantienen contacto con la resistencia armada iraquí?

Sí, por supuesto. Compartimos con la resistencia armada un mismo objetivo: echar al ocupante, pero nosotros resistimos de manera pacífica, a través de protestas. La resistencia apoya esta alternativa pacífica.

Ese apoyo ha sido usado en nuestra contra por parte del gobierno iraquí, que nos acusa de tener vínculos con terroristas, cuando nosotros somos ciudadanos de a pie sin más armas que nuestra voz. Simplemente somos personas que no queremos quedarnos en casa de brazos cruzados.

PH ¿Qué papel está jugando el vecino Irán en territorio iraquí?

Tras la ocupación de Irak Irán logró hacerse con el control de una parte importante de nuestro país. Yo soy chií, confesión religiosa mayoritaria en Irán. Pero aún así mantengo que el papel que Irán juega en Irak es igual o peor que el de Estados Unidos. Los grupos pro iraníes ejercen una represión sistemática.

Las milicias iraníes han hecho mucho daño a este país y están infiltradas en el propio gobierno iraquí a través de los partidos pro iraníes, como el Consejo Superior para la Revolución Islámica, el partido Al Dawa al que pertenece el primer ministro Nuri Al Maliki o el Movimiento Sader, del clérigo Muqtada Al Sader, cuyo brazo armado es el Ejército del Mahdi. En todas las provincias hay milicias iraníes e incluso cárceles secretas controladas por esas milicias.

PH ¿Cuál es su opinión sobre el papel que han desempeñado las llamadas brigadas del Despertar, integradas por antiguos combatientes de la resistencia armada y financiadas y armadas por Estados Unidos?

Las brigadas del Despertar forman parte de la industria americana. Algunos de sus integrantes han pasado a formar parte de las Fuerzas Armadas iraquíes, pero buena parte de ellos han sido engañados y abandonados. El primer ministro Al Maliki no confía en ellos porque son suníes y no quiere una mayoría suní en el Ejército.

Así que algunos han vuelto a las filas de la resistencia, otros se han ido del país y otros han vuelto a sus casas decepcionados.

Estas brigadas son un ejemplo de la táctica estadounidense, consistente en el divide y vencerás.

La ocupación se aprovechó de la inocencia de la gente, fomentó el sectarismo, manipuló.

Pero desde 2007 los iraquíes son conscientes de esto. Ahora el sectarismo no existe entre la población, solo en la zona verde, donde está el primer ministro y el resto de los gobernantes.


Hossam El Hamalawy (Olga R.)

Hossam El-Hamalawy es uno de los blogueros más conocidos en Egipto y un respetado activista en la izquierda egipcia. Quienes le conocen mucho dicen de él que lleva años trabajando por y para la revolución.

Marxista declarado, especializado en económicas y ciencias políticas por la Universidad Americana de El Cairo, comenzó muy pronto a ejercer como periodista para diarios egipcios y para el propio Los Angeles Times porque la universidad le cerró las puertas como profesor a causa de sus ideas y su activismo.

En el año 2000 fue arrestado por participar en una protesta contra Israel en el marco de la II Intifada palestina. Tras ello, su nombre pasó a formar parte de las listas negras del régimen.

En 2003 trabajó activamente en la organización de manifestaciones contra la ocupación de Irak. Poco después dejó el periodismo para centrarse en la militancia. Creó arabawy.org, su blog, como una plataforma para dar voz a los egipcios que se jugaban el tipo protestando contra Mubarak y exigiendo sus derechos básicos laborales.

Cuando el pasado 25 de enero comenzaron las grandes protestas en la plaza Tahrir, El-Hamalawy, con su impecable inglés, se convirtió en uno de los rostros más internacionales de la revolución.

Ahora colabora en la creación de una nueva agrupación política, el Partido de los Trabajadores y sigue apoyando más que nunca a los obreros que todas las semanas protagonizan huelgas en las fábricas egipcias en demanda de derechos laborales básicos. Nos recibe en una cafetería de El Cairo.

El Hamalawy (chaqueta de cuero negra), actualizando su blog con el móvil y rodeado de obreros en huelga en Shebeen el Kom, Bajo Egipto. Abril 2011 (Olga Rodríguez)

Periodismohumano. ¿Egipto está viviendo realmente una revolución?

Hossam El-Halamawy. Es una revolución, es una revolución que acaba de empezar pero que por supuesto no ha terminado. Mubarak ha caído, pero las estructuras de su régimen permanecen casi intactas. Los generales de Mubarak están gobernando en el Consejo militar: el general Tantawi, el jefe del Estado mayor, Sami Anan, y otros generales que deberían ser investigados por corrupción, al igual que los jefes de otras instituciones, porque son ellos los que han sostenido durante estos años la dictadura.

Los militares controlan en torno al 35% de nuestra economía, muchas empresas son del Ejército. Si controlas tanto significa sin duda que eres parte de la máquina corrupta del sistema.

Las personas clave de la policía secreta [conocida como las SS por sus siglas en inglés: state security] todavía se mantienen y de hecho la creación de la Agencia de Seguridad Nacional es, al menos de momento, un simple lavado de cara.

El propio diario Al Ahram ha publicado que el 75% de los antiguos oficiales de las SS serán redistribuidos en otros departamentos de la policía.

Tenemos a torturadores, criminales, violadores y corruptos sirviendo en otros departamentos.

Y el 25% de los oficiales de las SS formarán parte de la nueva Agencia de Seguridad.

Muchos criminales que han estado involucrados en los asuntos más sucios y corruptos del régimen han sido destinados al Ministerio del Interior. El número 2 del último director de las SS, Hissam Abu Gheida, que formó parte de una operación para destruir documentos tras la caída de Mubarak y que estuvo personalmente involucrado en mi arresto y tortura en octubre de 2000 y en otras detenciones y torturas entre 2000 y 2003, acaba de ser nombrado asistente para la división de seguridad y guardia del ministerio del Interior.

Puedo seguir y seguir dándote nombres que forman parte de las instituciones. Los gobernadores, por ejemplo, siguen siendo los mismos. Y son los gobernadores de Mubarak, que reprimían a la población y atacaron a los manifestantes.

Y tienes las alcaldías, la auténtica máquina de corrupción, porque son las encargadas de otorgar licencias para el agua, para pavimentar las calles, para edificar. Por ejemplo, este barrio de El Cairo donde estamos ahora [Nasr City] tendría que ser una zona de casas bajas y villas, y mira a tu alrededor, solo hay torres.

Así que sí, es una revolución, pero que no está en absoluto terminada, solo acaba de empezar.

Si nos detenemos aquí, si hacemos caso a los que dicen: “paremos, volvamos a nuestra cotidianidad, confiemos en el Ejército”, estaremos perdidos, estaremos cavando nuestras propias tumbas.

Estampa habitual en El Cairo actual:Protesta espontánea frente a un edificio oficial, en este caso, el Ministerio del Interior. Abril 2011 (Olga R.)

P. El Frente Nacional por la Libertad y la Justicia, el Partido de los Trabajadores, la Alianza Popular Socialista,..Se están creando numerosas agrupaciones y partidos políticos de izquierda. ¿No son demasiados y demasiado pequeños?

H. E. H. Para mí son demasiados pocos. Necesitamos más. Egipto es un país de 85 millones de habitantes. Los partidos que teníamos antes eran lo que aquí llamamos partidos de papel:  existían, pero no tenían raíces, no estaban en la calle. Necesitamos también nuevas formas de asociación, no sólo partidos, también sindicatos, asociaciones estudiantiles, culturales, vecinales o musicales, lo que sea.

Yo trabajo en la creación del Partido de los Trabajadores para que tenga una agencia revolucionaria, pero no puedo monopolizar la escena y decir: “¡que no haya más partidos!”. Tenemos que dejar que estas iniciativas espontáneas de gente trabajando en la formación de partidos avance.

Si cinco se juntan y se asocian, eso ayudará a la revolución; si en vez de cinco son cincuenta, mejor. Es bueno que la gente cree herramientas contra la opresión.

P. Pero con tantos partidos de izquierdas, será más difícil obtener representación en las elecciones de septiembre.

H.E.H. Honestamente, no me preocupan demasiado las elecciones porque sé que pase lo que pase no van a favorecernos. Estamos en un proceso de transición. Si solo nos sentamos y esperamos, todo seguirá estando orquestado por los generales de Mubarak que tratarán de gobernar para sí mismos.

Si perdemos el tiempo pensando en las elecciones, perderemos la batalla en el terreno, que es lo importante ahora.

Hay que poner todos los esfuerzos en las iniciativas de la calle para intentar echar a los generales. Cuando nos deshagamos de ellos empecemos a hablar de las elecciones, de un nuevo parlamento, de nuevas instituciones.

Estudiantes manifestándose en la plaza Tahrir de El Cairo. Abril 2011. (Olga R.)

¿Cómo?

No digo que tengamos que enfrentarnos al Ejército, eso sería completamente absurdo, tonto, improductivo, estaríamos dando la excusa perfecta para que luchen contra nosotros. Pero hay otras formas que se están ya aplicando y dan resultado: protestas continuas en la calle, huelgas, creación de sindicatos independientes y la unión de los trabajadores, que en algunos casos están echando a sus jefes corruptos y nombrando otros nuevos.

Si estas iniciativas de unión frente a los corruptos ocurrieran en todo el país, tumbaríamos el sistema actual.

Además hay que tener en cuenta que hay cientos de oficiales del Ejército que no están contentos con la situación.

Tenemos dos ejércitos y necesitamos que esa división se materialice, necesitamos que esos oficiales y esos soldados que creen en un Egipto mejor limpien su institución.

Al igual que necesitamos que los estudiantes limpien la corrupción en las universidades, y los trabajadores en las fábricas. Y eso es en lo que yo me estoy centrando.

Obreros en huelga en una fábrica textil del Bajo Egipto. Abril 2011. (Olga R.)

Y ¿por qué estás tan seguro de que los partidos de izquierda real perderán las elecciones?

Las perderán no porque la gente no acepte ideas como las que se están proponiendo, como nacionalizar empresas privadas, modificar las relaciones con Israel, echar al embajador israelí, tener leyes que favorezcan una distribución de la riqueza más justa, etc. Claro que la gente apoyaría esto.

Pero lo que ocurre es que las fuerzas revolucionarias no están aún organizadas, porque no nos dejaban operar durante la dictadura, empezamos de cero y las elecciones se celebrarán muy pronto, en septiembre.

Y nuestros enemigos están cada vez más organizados: los miembros del antiguo partido de Mubarak, ciertos miembros del Ejército, los salafistas. Sí, puede que sea demasiado pesimista sobre el resultado, pero no importa, centrémonos en el esfuerzo de tumbar el sistema de corrupción actual.

P.¿Esos enemigos de la revolución operan juntos, tal y como indican algunos analistas egipcios?

H. E. H. Creo que inicialmente actuaban de manera espontánea. Estaban perdiendo sus privilegios y luchaban por mantenerlos. Pero cada día que pasa creo que ciertos sectores están más coordinados. Hay ya algunos síntomas: Uno, la antigua policía secreta está siendo reformada por el gobierno, que mantiene a buena parte de los antiguos miembros y oficiales.

Dos, hay una facción del partido que está intentado volver a la política a través de los otros partidos de papel que tenemos.

Y la represión no ha desaparecido. Recientemente los militares han dispersado a manifestantes a tiros, con brutalidad, hiriendo e incluso matando a gente desarmada.

Y siguen arrestando y juzgando a inocentes en tribunales militares.

Un hombre muestra casquillos bala tras el ataque militar contra manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo en la madrugada del pasado 9 de abril. Murieron dos personas y 71 resultaron heridas. (Olga R.)

P. ¿Agradeceríais algún tipo de ayuda del exterior?

H. E. H. Rechazo todo tipo de intervención por parte de los gobiernos extranjeros. No quiero nada de Obama, pero sí quiero mucho de los sindicatos estadounidenses y europeos o de los defensores de derechos humanos, con los que llevo en contacto muchos años.

P. ¿Cuál es el papel actual de Estados Unidos en la región tras la revolución?

H. E. H. Egipto es el principal cliente árabe para Estados Unidos; después de Israel, Mubarak es el que más ayuda recibía de Washington.

Si este sistema cae, si la revolución triunfa, todo Oriente Medio cae, porque Egipto es piedra angular en la región.

Israel entonces se vería amenazada, el continuo fluir de petróleo a Estados Unidos se vería amenazado, el paso de los barcos de guerra estadounidenses por el canal de Suez se vería amenazado.

Estados Unidos no puede intervenir militarmente, no puede invadir El Cairo, invadir la revolución. Pero sí puede involucrarse en la contrarrevolución.

Al fin y al cabo, es Estados Unidos el que financia al Ejército egipcio. Y ahora está invirtiendo mucho dinero en el sector civil de la sociedad a través de organizaciones civiles democráticas, para captar a gente de determinados círculos.

Tampoco a las dictaduras árabes que nos rodean les interesa que la revolución triunfe. Se han muerto de miedo al ver lo que aquí ha ocurrido. Y tampoco creo que estén muy contentos los países europeos, ni las multinacionales europeas que tienen intereses en Egipto, no están a gusto con lo que está pasando.

Banderas de libia, Túnez y Egipto ondeando en una manifestación en El Cairo. Abril 2011 (Olga R.)

P. Libia comparte frontera con Egipto, ¿de qué manera puede condicionar el curso de la revolución egipcia la intervención militar en Libia?

H. E. H. Desde mi punto de vista la intervención en Libia es una catástrofe, porque estas revoluciones árabes se están produciendo en parte contra la presencia militar occidental en la región. No podemos invitar a las mismas fuerzas que bombardean Afganistán, que colaboran en la ocupación de Irak, que son estrechas aliadas de Israel y de los países del Golfo a intervenir.

Cualquier gobierno que salga en Libia como consecuencia de una intervención militar occidental será un régimen pro occidental y eso perjudica a la revolución egipcia.

Imagina lo que supone tener tropas occidentales en nuestra frontera; ya hay informes de consejeros militares occidentales entrenando a los rebeldes en el este de Libia, de miembros de la CIA recogiendo información en territorio libio. Por otro lado, si están tan preocupados por los civiles que mueren, ¿por qué no establecen zona de exclusión aérea en Gaza, donde Israel mata a mujeres y niños, o en tantos otros lugares?.

P. ¿Qué papel juegan las mujeres en la izquierda egipcia?

H. E. H. Hay muchas mujeres importantes involucradas en política y en el activismo.

Pero Egipto, al igual que otros países de la región, y no solo países musulmanes, es un país sexista, machista, donde las mujeres son tratadas como ciudadanos de segunda o de tercera.

Hay movimientos feministas importantes, pero proceden de la clase media y son para la clase media, nunca se ocupan de la lucha de las trabajadoras de las fábricas, no van a visitarlas cuando protagonizan encierros. Y yo creo que eso es una pena. No se puede desligar la lucha por la igualdad de género de la lucha por la igualdad de clases.

En todas las protestas las mujeres de la clase obrera han tenido un papel muy importante, de liderazgo. Está el caso de las huelgas de Mahalla en 2006, iniciadas por las mujeres al grito de “Aquí estamos las mujeres, ¿dónde están los hombres?”. Eso fue el inicio de la revolución actual. Y las mujeres estuvieron al frente y lo han estado estos años, hasta Tahrir, donde participaron por igual, y muchas murieron en las batallas.

Lo que tenemos que conseguir es que ese protagonismo en la lucha se traslade y perdure en la vida cotidiana, en el campo laboral diario. Hay conservadurismo, sexismo, numerosos casos de acoso sexual o violencia sexual y tenemos pendientes hacer una revolución sexual. Pero para que esta situación cambie necesitamos una revolución que englobe lo demás.